Estos días en que toda la prensa refleja la llamada "rebelión del campo", han vuelto a ganar notoriedad dos casos significativos que muestran el nivel de explotación que viven las y los asalariados que se ganan la vida trabajando en el campo.
Martes 25 de febrero de 2020
La situación del campo es un auténtico escenario de lucha de clases donde se viven situaciones de explotación de trabajadoras y trabajadores absolutamente terribles. Estos días conocíamos los casos de dos trabajadores temporeros migrantes que dan cuenta de ello.
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Hace pocas semanas, en Pozo Azcón, en la provincia de Jaén, un trabajador de 31 años sin contrato murió mientras recogía la aceituna, al parecer de un infarto. El patrón de la explotación agrícola trasladó el cuerpo sin vida a un centro de salud y se dio a la fuga. Después fue identificado y detenido, encontrándose en libertad con cargos.
En Orcera, también en la provincia de Jaén, otro trabajador temporero fue apuñalado por su patrón al negarse a recoger aceituna en una zona muy escarpada y sin contar con medidas de seguridad. El hecho sucedió en diciembre y el trabajador grabó un vídeo mientras era trasladado a un centro médico por el propio patrón que lo había apuñalado.
Casos absolutamente aberrantes que no son hechos aislados, sino el resultado de unas condiciones de explotación generalizadas en el campo que en muchos casos lindan la virtual esclavitud Hace un par de años ya vimos como temporeras de la fresa en Huelva denunciaron delitos de trata de personas y de lesa humanidad.
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Personas migrantes que tratan de ganarse la vida son objeto de abusos y explotación, en condiciones que nos recuerdan a propias de la esclavitud. Incluso viviendo en los propios terrenos agrícolas, en espacios que no están preparados para poder hacerlo con mínima dignidad. Su propia situación, muchas veces de irregularidad, les deja en una situación de indefensión y a merced de los explotadores cuyo trato llega, como podemos ver en el vídeo, a situaciones directamente de violencia.
El campo es un hervidero de conflictividad social, no un mero problema de costes debidos a la subida de 50 paupérrimos euros del SMI, como ciertos discursos simplistas nos querrían hacer ver. Hay una realidad profunda que debemos afrontar desde una perspectiva anticapitalista, frente a discursos populistas que trata de capitalizar la extrema derecha y a un Gobierno que en ningún momento va a cuestionar las lógicas que están detrás del gran negocio agroalimentario.
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