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Red Internacional
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Elecciones EE.UU.. Carrier cierra en EE.UU. para irse a México y Trump lo vuelve discurso de campaña

El anuncio de la fábrica de electrodomésticos Carrier en Indianápolis de que trasladará su planta a México para abaratar costos, se volvió tema nacional en el discurso de Donald Trump.

Jimena Vergara

Jimena Vergara @JimenaVeO

Jueves 5 de mayo de 2016

El apoyo que ha ganado el magnate estadounidense Donald Trump entre los trabajadores blancos de Estados Unidos se basa en el temor a la desocupación. El discurso proteccionista y aislacionista de Trump, que abiertamente se opone al libre comercio, cala hondo en aquellos sectores de asalariados que han padecido desde el 2008 el cierre de fábricas en todo el país que han sido trasladadas a tierra azteca.

La semana pasada, la fábrica de electrodomésticos Carrier en Indianápolis, ubicada en la zona industrial de la capital del estado de Indiana, anunció su traslado a México para abaratar costos de producción hacia el 2019. En un comunicado oficial, fundamenta su decisión en el hecho de que sus competidores también se han trasladado a México y eso impacta directamente en su competitividad en el mercado.

El temor a la desocupación en el gigante del norte

Según datos aproximados, los trabajadores de Carrier en Estados Unidos, que cuentan con prestaciones y sindicato es de 22 dólares por hora, mientras en México el promedio salarial por hora es de 3 dólares. No sólo son los bajos salarios lo que atrae a los inversionistas, sino la mano de obra calificada, la infraestructura y la capacidad instalada en México a partir de que se ha convertido en plataforma de exportación de la industria estadounidense.

El candidato por el Partido Republicano a contender en las presidenciales, Donald Trump, ha vuelto el caso de Carrier en lema de campaña e incluso se ha comprometido a penalizar a la empresa con aranceles de hasta el 35% por producto. Es que para él y muchos de sus posibles votantes, el “muro” entre Estados Unidos con México no sólo debe ser de concreto sino arancelario. Y se ha pronunciado abiertamente en contra del Tratado de Libre Comercio (TLC) que opera entre Estados Unidos, México y Canadá desde 1994.

La utilización del caso Carrier tiene importancia electoral en lo inmediato ya que este martes las primarias llegaron a Indiana, uno de los estados con un desempleo de alrededor del 5% cuyo problema central, más que la desocupación, es la proliferación del trabajo precario. Mientras en las décadas previas el trabajo industrial en Indianápolis generaba estabilidad y relativamente buenas condiciones de vida y muchos pobladores de la capital eran trabajadores de la General Motors (que también desplazó gran parte de su producción a México) o de Carrier, hoy lo que prima es el trabajo precario en restaurantes de comida rápida y pequeñas empresas.

Trump ha logrado instalar la idea entre sectores del proletariado blanco de Estados Unidos de que la responsabilidad de la baja en sus condiciones de vida, la pérdida de empleos o el cierre de fábricas es responsabilidad por un lado, de la migración de mexicanos en primer lugar a suelo estadounidense y del desplazamiento de la industria a tierra azteca por otro. Esto ha alimentado la división entre trabajadores blancos y latinos y el odio xenófobo hacia los asalariados mexicanos, desdibujando el problema de que ambos, que pertenecen a una misma clase, son explotados por los Trump y compañía de ambos lados de la frontera.

Cruzando el Río Bravo hacia el sur

Los bajos salarios de los trabajadores mexicanos, tanto en Estado Unidos como en tierra azteca, presionan a la baja los salarios y la estabilidad laboral del conjunto de los asalariados de Norte América.

La relocalización industrial acaecida en los últimos años que ha convertido a México en una verdadera plataforma de exportación manufacturera para la industria estadounidense ha modificado las relaciones laborales en ambos lados de la frontera. Mientras en Estados Unidos, los trabajadores blancos que gozan de un empleo y sindicato ganan casi 200 dólares la jornada laboral, en México los trabajadores industriales ganan 400 dólares al mes.

Muchos jóvenes de familias obreras en Estados Unidos ya no contarán –ni cuentan– con un empleo en la industria que les garantice seguro de salud, un salario digno o estabilidad en el empleo. La mayor parte nutrirá las filas del trabajo precario en los restaurantes de comida rápida, los call center o los servicios donde los salarios no llegan ni a 15 dólares la hora, como denunció el movimiento por los 15 dólares que emergió en varias latitudes del gigante del norte durante el 2014.

En México, la mayor parte del trabajo industrial es trabajo precario. No por nada varios medios de prensa y analistas lo llaman la “China Occidental” porque ocupa un lugar privilegiado como catalizador de capitales por el abaratamiento extremos de su mano de obra. De los 40 millones de asalariados que hay en México, un 70% son precarios: es decir, carecen de contrato colectivo, sindicato o prestaciones.

La burguesía imperialista y la subordinada burguesía mexicana han logrado dividir al enorme proletariado binacional que se ha configurado en las últimas décadas desde Canadá, pasando por la Costa Este de Estados Unidos hasta el centro mexicano. Esta división es funcional a seguir reproduciendo las ganancias capitalistas, en particular de las grandes trasnacionales que sacrifican la vida de miles o cientos de miles para seguir reproduciendo su riqueza.

Este proletariado binacional es una fuerza descomunal donde ha cundido la xenofobia perpetrada por los Trump para evitar que la misma, desde abajo, se ponga en movimiento contra sus enemigos comunes.

Es fundamental que esta enorme clase obrera, multinacional, multiétnica y multilingüe extirpe de su seno la ideología xenófoba y se reconozca como una sola y luche de manera solidaria por los derechos de los trabajadores latinos, negros y blancos. Hay que luchar porque toda fábrica que cierre o despida en Estados Unidos sea expropiada y puesta a producir bajo control de sus trabajadores para garantizar el empleo y al mismo tiempo, porque los trabajadores mexicanos tengan todos los derechos en Estados Unidos, aumento salarial en las fábricas trasnacionales mexicanas, prestaciones y sindicatos.


Jimena Vergara

Escribe en Left Voice, vive y trabaja en New York. Es una de las compiladoras del libro México en llamas.

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