El oficialismo busca “culpables” e inventa sabotajes de hackers con tal de relativizar el costo político del ajuste que lleva adelante.
Martes 14 de junio de 2016
Las teorías conspirativas son tan viejas como la peperina. Y el gobierno de Cambiemos empieza a hacer uso de las mismas en pos de intentar capear el creciente descontento social que se expresa ante el ajuste. La búsqueda de “saboteadores” y “manos negras” por todos lados empieza a hacerse una costumbre que se repite en medios de comunicación y otros escenarios.
El sábado pasado fue la gobernadora María Eugenia Vidal cuando presidió una reunión de gabinete abierto en el Centro de convenciones Presidente Arturo Frondizi, en Vicente López, donde el anfitrión fue Jorge Macri.
Allí la mujer que llama constantemente a la “tranquilidad” afirmó que “los que quieren la Provincia de la violencia y de la utilización de la pobreza, les vamos a responder con firmeza y límites democráticos”.
La referencia elíptica y sin destinatarios concretos es casi obligada. La crisis que azota a la provincia no para de profundizarse con la gestión de Cambiemos. Los tarifazos que generan amplio rechazo, la crisis de la salud pública, la resistencia de trabajadores estatales y otros sectores a las políticas de ajuste. Todo eso configura un panorama complejo para el gobierno de Vidal. En la provincia con mayor población del país, sin embargo, está lejos de tocarse los intereses de los grandes empresarios. Como a nivel nacional, el ajuste empieza por abajo.
El “electrón loco”
Elisa Carrió, como no podía ser de otra manera, es la principal vocera de esos discursos. Hace pocas horas volvió a poner en el centro de la escena las teorías de la desestabilización.
A la diputada de la Coalición Cívica no le molesta caer en el ridículo o en los absurdos, así que salió a intentar convencer que los tarifazos no existen. Lo que hay son “hackers” que funcionan para desestabilizar al gobierno nacional, poniendo más ceros en las boletas de los que deberían venir. En esto no le va en zaga al kirchnerismo, que veía movimientos “destituyentes” por todos lados.
El sistema informático lo maneja el gobierno,
pero no maneja al operador informatico.
Puede haber inflitrados en el sistema.— Elisa Lilita Carrió (@elisacarrio) 13 de junio de 2016
Pero esa no fue la única acusación. Además tiró munición gruesa contra parte de los intendentes de Buenos Aires. Entre ellos recibió parte de la descarga Jorge Macri, primo del presidente e intendente de Vicente López. Carrió lo acusó de ser parte de quienes encubren al narcotráfico en la provincia, junto a Sergio Massa, el ex comisario Juan José Ribelli y otras figuras no menos turbias.
La mirada de Carrió está puesta en las elecciones de la provincia de Buenos Aires del año próximo, donde ya está lanzada como candidata. Pero los golpes de su campaña van también hacia el oficialismo. Hace un par de semanas fueron críticas abiertas hacia la vicepresidenta Gabriela Michetti por haber permitido el nombramiento de Ricardo Etchegaray al frente de la Auditoría General de la Nación. Ahora los dardos fueron contra Jorge Macri, quien había recibido al gabinete provincial del sábado pasado. Como se dice a veces, es como un tiro en el propio pie.
Cambiemos sigue buscando la fórmula para capear una crisis que está, en gran parte, producida por su propia gestión al servicio del gran empresariado. En ese trance empieza a buscar chivos expiatorios por todos lados.