Como docente, quiero expresar en esta carta pública mi total apoyo a mis compañeros y compañeras que en Cataluña están siendo perseguidos por lo que expresaron libremente en sus clases.

Jorge Calderón Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza
Miércoles 30 de mayo de 2018
Dicen que estamos en un Estado de Derecho, democrático, en el que se respeta la libertad de expresión. Un país en el que uno puede expresar libremente su opinión, sea en el ámbito que sea, sin tener que sufrir la censura como en los tiempos pasados de la dictadura franquista. Sin embargo vemos como este maravilloso “cuento de hadas” que nos quieren vender necesita muy poco para mostrar su verdadera cara.
Hoy en el Estado español nos encontramos con raperos, activistas, políticos, sindicalistas y estudiantes organizados juzgados y encarcelados por las letras de sus canciones o por sus acciones de protesta. A esta lista se suman libros y obras de arte “secuestradas” y actores juzgados por sus actuaciones. Esto ha llevado a que organizaciones como Amnistía Internacional denuncien en su último den cuenta de cuánto la libertad de expresión y de reunión se han restringido notablemente en el país.
Persecución a los docentes en Cataluña
Ahora esta represión constante ha llegado al ámbito educativo. En las últimas semanas hemos visto como varios docentes catalanes han sido acusados por sus actuaciones en los días posteriores al referéndum del 1 de octubre. Se les acusa de un presunto delito de odio, por presuntamente ir preguntado a sus alumnos y alumnas en clase quien era hijo de Guardia Civil o Policía Nacional y recriminarle por ello.
Esta versión ya ha sido totalmente desmentida por los propios acusados así como por la mayoría de la comunicad educativa de estos centros. De hecho, la práctica totalidad de las denuncias presentadas por las familias de estos niños han sido archivadas por falta de pruebas.
Parece que lo único que pasó en esas aulas, el día posterior al 1O, es que estos compañeros y compañeras denunciaron y criticaron la violenta actuación de la policía nacional y la guardia civil. Algo claro, evidente y lógico como ponen de manifiesto las numerosas imágenes y testimonios de ese día.
Alguien puede imaginarse que al día siguiente de tan aberrante atropello a los derechos básicos de las personas, ellos y ellas hubieran dado clase cono “tal cosa”, como si no hubiera pasado nada. Yo desde luego, como compañero de profesión, no lo concibo.
Miedo a lo que se dice en las aulas como en tiempos de la dictadura
Todo esto por desgracia, como decíamos al principio, no se trata de un caso aislado. Este régimen no quiere ninguna crítica al mismo, ya sea en una canción, una obra de teatro, un medio digital de izquierdas (el caso de nuestra compañera Verónica) e incluso en el interior y la intimidad de un aula.
Con esta dura política represiva quiere que volvamos, poco a poco, a la sociedad de terror, de control constante, de tener miedo a hablar tanto en público como en privado, de los tiempos de la dictadura franquista.
Quiere imponernos lo que decimos en las aulas y quitarnos nuestro derecho a expresarnos libremente en nuestras clases. Su idea es que tengamos miedo a lo que digamos en el ejerció de nuestra docencia. Que ocurra, como durante la dictadura, cuando tenías que tener mucho cuidado de lo que dijeras en el aula.
Cuidado motivado porque podías tener como alumno o alumna a un confidente de la temible Brigada Político y Social, o directamente a un miembro de la misma. Este apuntaba o grababa lo que decías y rápidamente este se convertía en una denuncia.
Denuncia que podía acabar en detención y esta llevarte a lugares tan terribles como los sótanos de la Dirección General de Seguridad (DGS) de la Puerta del Sol en Madrid.
Aquí, como les ocurrió a muchos compañeros y compañeras, podías ser salvajemente torturado por personajes tan siniestros como el sádico Billy “el niño”.
“Yo luchando, también te estoy enseñando”
Este es un grito muy repetido en las manifestaciones educativas con el que me identifico completamente. Yo soy docente, pero ante todo soy un trotskista, que lucha por hacer la revolución socialista y acabar con este sistema capitalista que solo conduce a la miseria y a la destrucción. Por ello, revindico mi pleno derecho y el de todos mis compañeros y compañeras de profesión a ejercer libremente nuestro derecho de crítica al sistema y de las injusticias que genera el mismo también en nuestras clases.
La educación, como yo la veo, no debe basarse simplemente en una recopilación y enseñanza de datos e informaciones varias. Debe basarse, sobre todo, en la creación en nuestros alumnos y alumnas de un espíritu y conciencia críticos, que ponga en cuestión todo lo que les rodea. Que aprendan a luchar contra las injusticias del sistema, por defender lo que consideren justo e igualitario, ya sea a través de huelgas, debates en el aula o movilizaciones. Para mí, es mucho más importante que adquieran estas ideas críticas y de lucha, que aprender de memoria geografía, arte o historia, que es lo que yo imparto.
Por ello, mi completo apoyo y solidaridad a mis compañeros y compañeras catalanes que han sido denunciados simplemente por ejercer su libertad de expresión, para criticar la salvaje actuación policial del 1O. Nos podrán juzgar, detener, pegar o encarcelar, pero nunca nos podrán callar e impedir que ejerzamos una docencia libre, critica, revolucionaria y al servicio de la clase trabajadora.