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Teatro. "Casa Miento", la parodia de un ritual convertido en institución.

Una obra que muestra las distancias entre el amor real y el contrato social, que desnuda las mezquindades de las relaciones humanas que tratan de ocultarse detrás de la celebración del matrimonio.

Natalia Rizzo

Natalia Rizzo @rizzotada

Sábado 13 de junio de 2015

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Fotografía: Fernando Lendoiro

Las actuaciones son excelentes y se destacan dando lugar a que los personajes vayan desarrollando a lo largo de la obra características muy específicas y propias de cada uno. Esto es acompañado por un guión con mucho ritmo, que nunca se hace pesado, sosteniendo un clima de tensión constante donde el recurso de la ironía deja notas de humor que hacen al público presente estallar de la risa.

La obra se sitúa alrededor de una trama sencilla y sin pretensiones extravagantes, sino extremadamente llena de contenido: el reencuentro de una ex pareja en el contexto de un casamiento del padre de ella y la madre de él. Los novios se conocieron gracias a ellos. Él llega con su novia nueva. Ella está con su amiga. Todo sucede en una sala que es de uso exclusivo para los familiares de los recién casados.

Lejos de ver una obra plagada de lugares comunes y situaciones típicas que ocurren en los casamientos tradicionales, si bien aparecen algunas reminiscencias de este estilo, se descubre una mirada profunda desde un texto simple, que desnuda los entramados más perversos de la institución familia, la institución matrimonio de pareja heterodoxa, los mandatos sociales, los problemas de género dentro de éstos entramados complejos.

Hay otra sala detrás de esa sala de reuniones familiares donde los personajes salen de escena, allí transcurre "la fiesta", el eje del acontecimiento social. Pero el rito, parece mostrarnos la obra, no solo está conformado por el supuesto "acto de amor" en la unión de dos personas y el acompañamiento de sus familiares, amigos, sino también se contraponen a él toda una serie de encuentros y desencuentros entre todos los personajes donde no es justamente el amor lo que prima. Se enfrentan constantemente los conceptos fiesta/batalla, orden/desorden, paz/guerra, amor/odio, belleza/bestialidad .

Los casamientos están llenos de situaciones patéticas o inesperadas y cada persona puede recordar varios ejemplos vividos de ello. Una celebración que se piensa como un recuerdo perfecto e intachable donde se gasta a veces hasta la plata que no se tiene para conseguir que sea "un momento especial". Una noche que cristaliza, eterniza y pone de manifiesto además una serie de relaciones intrafamiliares o íntimas que siempre se pretenden ocultar, al menos mientras dure el festejo.

El matrimonio es una institución en sí misma creada por otras instituciones. Ni la iglesia ni el estado deberían inmiscuirse en las relaciones consentidas entre las personas. Muchas veces la violencia machista emerge luego de los matrimonios o la convivencia, donde mantener esa unión sagrada o civil justifica cualquier cosa. Aunque los paradigmas fueron cambiando en las últimas décadas, el contrato matrimonial, y la idea de "unidos para siempre", de "prometerse fidelidad", de "responsabilizarse por la salud", etc, en la amplia mayoría de los casos implica como una especie de propiedad sobre los cuerpos. Y en ese sentimiento de propiedad, dadas las circunstancias del mundo patriarcal en el que vivimos, los hombres que cometen abusos sistemáticos de poder por sobre "sus mujeres", "sus esposas", "sus hijos o hijas" pueden encontrar un aval en el contrato matrimonial. Allí es cuando los gobiernos de turno desaparecen, allí es cuando no dan respuestas ni tienen políticas claras para las mujeres y niños que sufren este tipo de violencia.

En el momento de atajar el ramo que arroja la novia, cada vez hay más mujeres que se hacen a un lado.

Casa Miento , deja entrever que el matrimonio no es necesariamente sinónimo de amor, de armonía, y que este tipo de eventos nos pueden pintar la sociedad toda en el transcurrir de cada instante.

Lo cierto es que hay un mejor futuro para el amor que no es necesariamente convertirlo en una institución opresiva.

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Dramaturgia y Dirección: Laura Loredo Rubio
actúan: Clara Bullrich, Ana María Santiago, Jorge Estevez, Gerardo Gil, Cumelén Sanz, Marilú Telleria
escenografía: Christian Rodriguez
Vestuario: Luana Vianna
Iluminación: Raúl Antonio fernández
Diseño de arte: Ana Carolina Tracchia
fotografía: contraluz
asistencia de dirección: Ayelén Tenenbaun
Producción: Zoilo Garcés
maquillaje: Luciana Hempelman
Peinados: Carlos Cersócimo

Sábados 23 hs, Teatro Defensores de Bravard, Bravard 1178, CABA
reservas: [email protected]


     

Natalia Rizzo

Artista Visual, nacida en 1980, oriunda de Villa Luro. Es profesora Nacional de Bellas Artes y realizó la Maestría en Artes Electrónicas de la UNTREF. Miembro de Contraimagen y del equipo de diseño e ilustración de Ideas de Izquierda.

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