Sin duda alguna se trata de una de las crisis más grandes que Carabineros ha presentado en su historia. Lo que comenzó con el pacogate no vino a ser más que un prólogo para toda la crónica de escándalos, entre los que destacan los capítulos Operación Huracán y recientemente el Caso Catrillanca, uno de los más brutales desde el retorno a la democracia. Dichos casos han marcado un descenso no sólo en la institución sino que también hacia el gobierno.
Sábado 22 de diciembre de 2018
Movimientos en Carabineros: Un drenaje para descomprimir el descontento
Con 10 generales de renombre, junto con la renuncia forzosa de Hermes Soto por parte del gobierno y la Contraloría General de la República, sumado al reciente proceso de investigación hacia Bruno Villalobos al ser acusado de ser “cómplice de tortura”, el gobierno llama a la cancha a Mario Rozas para hacerse del cargo General Director de la institución fundada en la dictadura de Carlos Ibañez del Campo.
Sin embargo este movimiento no viene de la nada. No bajo cualquier situación se llama al retiro a 10 altos cargos y personajes históricos de la institución, dejando sin liderazgos fuertes a una institución debilitada y con profundas tendencias a la fragmentación. Es sin duda una jugada costosa que el gobierno ha asumido para drenar una llaga que comienza a llenarse de pus: por un lado una crisis dentro de Carabineros expresada en el fraccionamiento entre “Villalobistas” y “Sotistas”, sumado a la rebeldía de Hermes Soto ante la solicitud de renuncia por parte del gobierno, y por otro lado, el caso Catrillanca que ha demostrado cómo actúa la policía, a través de montajes, mentiras, ocultamiento de información, brutalidad, entre otros.
Es así que buscan “quemar fusibles” para descomprimir el descontento y depurar a Carabineros para salvarla de sumirse en una crisis sin retorno.
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Entra un principista: Mario Rozas
“El general Rozas es hijo de un suboficial mayor y está casado con la teniente coronel Carola Ajenjo y tiene dos hijos. Y por lo tanto no sólo tiene una historia familiar, sino que también un compromiso personal con Carabineros de Chile, lo que lo ayudará a guiar a la institución por el camino de la modernización, de las grandes reformas que Carabineros necesita para enfrentar los problemas que hoy lo aqueja pero, por sobre todo, los desafíos que tendrá en el futuro”. Esta fue la tarjeta de presentación que confeccionó Piñera para Mario Rozas, quien figuró como su edecán durante su primer gobierno.
Se trata a primera vista de un principista, un oficial sacado de un lugar totalmente alejado a la larguísima lista de “casos aislados” de la misma historia de Carabineros, un supuesto “outsider” de la corrupción que el gobierno trajo a escena para marcar un nuevo rostro de la institución. Sin embargo, todo pareciera indicar a que la crisis está lejos de cerrarse.
Mario Rozas es el nuevo rostro de la represión: A aunar fuerzas contra la brutalidad policial y la represión del gobierno
Es en este sentido que el caso Catrillanca se reabre con más fuerza luego de la filtración del brutal video en donde se observa la tortura de Carabineros, tomando así el descontento un segundo aliento a nivel nacional. A esto se suma la lucha portuaria en Valparaíso, la cual ha sido rodeada de solidaridad por parte de sindicatos, sectores obreros y estudiantiles, sobre todo después de la brutal represión policial que dejó a un estudiante sin un ojo, a tres personas atropelladas, a 16 trabajadores portuarios detenidos y torturados en las dependencias de Carabineros y a decenas de manifestantes lesionados, sin mencionar los destrozos realizados por los uniformados en la sede sindical portuaria.
Es por esto que debemos ser enfáticos en denunciar: Mario Rozas es el nuevo rostro de la represión que el gobierno ha puesto para limpiar su imagen y salvaguardar a una institución que históricamente ha velado por el interés de los poderosos. Estudiantes, trabajadores, mapuche, mujeres y migrantes debemos unificar nuestras luchas para responder a un gobierno en crisis que quiere revitalizarse para el próximo año dar golpes más duros. Y esto justamente pasa por la coordinación de base, la unificación de las luchas en las calles, bajo los métodos históricos de la lucha de clases: la movilización, la unidad en la acción, barricadas y autodefensa frente a los ataques de la policía y los grupos de la derecha y sectores empresariales como se ha visto en Valparaíso.
Frente a esta situación los llamados al diálogo, como han afirmado desde Movimiento Autonomista con Jorge Sharp desde la alcaldía y con Gabriel Boric desde el congreso no puede ser más que infértil mientras estudiantes y trabajadores son atropellados, golpeados. Debemos hacer de Valparaíso París, Francia, y extender la lucha de los portuarios a nivel nacional, para así cerrarle el paso a la derecha que quiere abrirse al drenar una institución asesina como lo es Carabineros.
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