En fiesta de gran despliegue, primó un discurso con mensajes de "paz", "cuidado del planeta" y armonía. Contraste con situación social y represión para imponer un show a la medida del imperialismo.

Augusto Dorado @AugustoDorado
Sábado 6 de agosto de 2016
Foto: Maxi Failla
Ayer se inauguraron oficialmente los Juegos Olímpicos de Río 2016: se desarrolló la ceremonia inaugural en la que -tras un show de luces, fuegos artificiales, música y coreografías- desfilaron representantes de todas las delegaciones participantes, incluyendo una (de las más aplaudidas de la noche) de atletas refugiados, deportistas provenientes de diferentes naciones obligados a huir de sus hogares por motivos de guerras, conflictos nacionales o persecución.
Uno de los ejes temáticos de la ceremonia fue destacar algunos “valores” para homenajear el espíritu olímpico: una serie de generalidades vacuas sobre “la Paz en la Tierra, el fin de las guerras” y principios abstractos. Un fuerte contraste con otros “valores” que se aplicaron en concreto para llegar a estos Juegos de Río 2016: represión a la protesta social, desalojo o destrucción de favelas enteras para ocultar una de las caras de Río de Janeiro e imponer un clima de “fiesta”. Shows y discursos por la “Paz en la Tierra” intentan sepultar el descontento de parte de la población con la situación social. La paz de los cementerios. O “Pax romana”, para retomar un concepto en un evento que rememora la Edad Antigua.
Todo el desarrollo de los Juegos estuvo signado –como nunca antes se vio en un evento de este tipo- por el descontento social en un Brasil convulsionado, tras fuertes alzas del costo de vida, la inflación, los tarifazos y protestas populares incluso contra el gobierno de Dilma Roussef; pero que luego se profundizó y agravó con un golpe institucional que colocó en el gobierno al derechista Michel Temer.
Fue por eso que, ante la posibilidad de visibilidad de la protesta que ofrecía por ejemplo el recorrido de la antorcha olímpica, las protestas afloraron, quedaron expuestas a los ojos del mundo e incluso alteraron la organización y el recorrido de la antorcha olímpica. Como expresión más interesante y audaz, un estibador que había sido designado como representante de los trabajadores para portar el símbolo máximo del espíritu olímpico - Tarcisio Carlos Rodrigues- se quitó la ropa para exhibir la leyenda “Fora Temer” (por el presidente impuesto por el golpe judicial) pintada en su cuerpo.
Ayer mismo, durante la ceremonia inaugural, los silbidos a Michel Temer fueron una de las notas de la noche. En Buenos Aires, inmigrantes brasileros residentes en Argentina (como los del colectivo Passarinho) también aprovecharon la exposición del evento para manifestarse en el Obelisco.
Anti-#Olympics and 'Temer out' #ForaTemer, in #BuenosAires, #Argentina. Video Coletivo Passarinho pic.twitter.com/Wh8Zy56KOT
— Nas lutas (@PersonalEscrito) 6 de agosto de 2016
En este contexto general, lo más escandaloso fue la designación de la asesina y represora Policía Militar para izar la bandera de Brasil durante los primeros instantes de la ceremonia. Las palabras por la “Paz” se transformaron en hipocresía pura.
Luego, el show artístico incluyó distintas manifestaciones culturales y rasgos de la naturaleza de Brasil. Cabe destacar dos. Entre música, bailes y vestuario, se representó al Capoeira (arte marcial creada por los esclavos) que paradójicamente no es considerado una disciplina olímpica ¿Por qué? Tal vez nos da una pista la composición del Comité Olímpico Internacional (COI) mayoritariamente integrado por países imperialistas que deciden a qué deportes darles status olímpico y a cuáles no. Criterios arbitrarios, indudablemente.
También representaciones de la selva amazónica, la deforestación y el calentamiento global como consecuencia de esa situación. Una realidad que presenta un futuro sombrío para el planeta: se proyectaron infografías que mostraban el crecimiento de mares y ríos que harían desaparecer regiones enteras. ¿Qué sentido tiene mostrar eso sin señalar las causas profundas y los responsables de esa situación? Tal vez generar una “conciencia” de que “todos somos responsables del cuidado del planeta” y que con acciones individuales como plantar más árboles se puede contrarrestar la destrucción que genera la sed de ganancias del capitalismo imperialista. Más hipocresía.
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Pero si bien la población brasilera aprovechó que los ojos del mundo se posaron sobre Río para expresarse políticamente o impulsar la protesta social para repudiar incluso la fastuosa y costosa organización de unos Juegos Olímpicos que llegan en un momento de desfinanciamiento y derrumbe de la educación y la salud públicas, los Juegos Olímpicos ya están en marcha.
Atletas y deportistas no tienen responsabilidad en nada de esta situación ni son los que transmiten mensajes hipócritas para esconder culpas. Serán sí los protagonistas de lo que verdaderamente representa un “espíritu olímpico”: la belleza del deporte y todo lo que humanamente representa.