El Congreso aprobó de conjunto la acusación constitucional contra el ex Ministro Andrés Chadwick el miércoles. Sin embargo, hoy se cayó la acusación contra Sebastián Piñera. ¿Moneda de cambio?

Akemi Matsubara Egresada Derecho Universidad de Antofagasta
Viernes 13 de diciembre de 2019
El miércoles con 23 votos a favor y 18 votos en contra, fue aprobada la acusación contra el ex Ministro del Interior y de Seguridad Pública Andrés Chadwick, por “omitir medidas eficaces para evitar la violación de DDHH” y por “haber infringido la constitución al declarar el estado de emergencia”.
La responsabilidad política de Chadwick es innegable, de partida porque es Ministro del Interior de un Gobierno que a través de las Fuerzas Especiales y militares ha violado, torturado, reprimido y asesinado a miles de personas. Sin embargo, el “castigo” pareciera una burla: 5 años sin ejercer cargos públicos. Es decir, queda en la total impunidad uno de los principales responsables de las violaciones sistemáticas a los derechos humanos desde el 18 de octubre.
Quien nos declaró la guerra está libre de polvo y paja. ¿Cuál fue el rol de la ex Concertación?
¿Por qué no cayó Piñera? No es sólo debido a los “honorables” diputados del votaron a favor de la “cuestión previa” que propuso la misma derecha, sino que la oposición también jugó un rol de oxigenar a un gobierno que está prácticamente en el suelo. No sólo un sector de la ex Concertación votó a favor de la cuestión previa, salvando a Piñera de la acusación constitucional, sino que también depositaron todas sus fuerzas en una acusación que algunos sectores de la oposición ya le habían quitado el piso.
La política del Partido Comunista y el Frente Amplio, le dio oxígeno a un Gobierno del 4%. No sólo en el caso del Frente Amplio que votaron a favor de la ley antiprotesta y el Partido Comunista que se abstuvo, fomentando la criminalización de la protesta y fortaleciendo el punitivismo contra quienes se movilizan y organizan. Sino que también, ya habíamos visto como algunos de estos sectores se sentaron en medio de la movilización social a pactar con un Gobierno asesino, un “Acuerdo por la paz” y una constituyente a espaldas del pueblo, y que al día siguiente el acuerdo demostró ser una farsa cuando en plena Plaza de la Dignidad moría otro luchador a manos de Fuerzas Especiales.
Un rol protagónico en el salvataje de Piñera jugó la ex Concertación, quienes votaron a favor del Presidente, principalmente la Democracia Cristiana, el PPD y el PR. Pero esto no sorprende a nadie, si el 9 de diciembre el panorama ya estaba claro, Iván Flores (DC) ese mismo día declaraba: “descabezarlo (al Gobierno) sería muy complejo para salir de la crisis", y Matías Walker, también DC, anunciaba: "es un principio democrático básico que un presidente termine su periodo". Y en frases más polémicas, el diputado del Partido Radical, Fernando Mesa, comparó la acusación contra Piñera con "lo que otros hicieron con Allende" ¡El sinvergüenza de Mesa debería pedirle disculpas a las y los familiares de las víctimas del golpe y la dictadura!
Y para que hablar del democratacristiano Jorge Burgos, ex Ministro de Bachelet, quien fue uno de los asesores de la defensa de Piñera para enfrentar esta acusación.
Esa es la "oposición" de la ex Concertación que le salva el pellejo a un gobierno por el suelo y responsable de violaciones a los Derechos Humanos. Queda más que claro que no podemos pactar ni aliarnos con todos esos partidos que sostuvieron durante décadas la herencia de Pinochet.
La política criminal de la “oposición”
El Frente Amplio y el Partido Comunista, quienes dirigen sectores como el Colegio de Profesores, la CUT, Mesa de Unidad Social, entre otros, buscaron negociar migajas con el Gobierno, y de hecho instalaron una tregua con Sebastián Piñera: no han convocado a sectores estratégicos de la clase obrera, ni llamado a un plan de movilización ascendente, con paros contundentes para poder enfrentar seriamente la agenda represiva de la derecha. Sino que por el contrario, convocaron a pequeñas acciones sin perspectiva, sin preparación ni organización, que lo único que hacen es desgastar nuestras fuerzas.
Porque ya vimos que a cada segundo que le entregamos al gobierno, este lo aprovecha para aplastar las movilizaciones. Ha quedado patente como los acuerdos entre cuatro paredes sólo han servido para desvíos de la movilización sin que se solucionen los problemas de fondo.
Y ya vimos como ayer como quedó en la total impunidad el principal responsable político de las violaciones a los Derechos Humanos desde el principio del estallido social.
¿Entonces qué?
Las movilizaciones que venimos protagonizando durante más de 50 días ha hecho tambalear al Gobierno. Sin embargo, para que caiga el Gobierno del 4% es insuficiente. Para esto, necesitamos acciones contundentes que golpeen a los dueños del país donde más les duele. La clase trabajadora, que es la gran mayoría del país y es la clase que hace funcionar el transporte, las minas, los puertos, los hospitales, los colegios, universidades, la industria y el comercio, debe paralizar, pues sin ella los empresarios son nada. Y si esta fuerza la juntamos junto a la combatividad de la juventud trabajadora y estudiantil, junto al pueblo mapuche, los pobladores y las mujeres, podemos ser imparables.
Esta perspectiva tenemos desde el Partido de Trabajadores Revolucionario, porque ya vemos que no podemos confiar en el régimen, solo en nuestras propias fuerzas. Por eso peleamos por un nuevo partido, un partido revolucionario de la clase trabajadora, que no tenga ningún compromiso con los empresarios y sus políticos - como ya lo vimos hoy con la acusación a Piñera-. Un partido que se proponga no reformar este sistema, sino acabarlo de raíz.
Te podría interesar: ¿Por qué necesitamos un partido para vencer?
Te podría interesar: ¿Por qué necesitamos un partido para vencer?