Recientemente, el gobierno mexicano anunció que adquirió 10 millones de vacunas contra el Covid-19 de la farmacéutica china Sinovac, las que se suman a los 10 millones previamente compradas. El primer lote llegará entre marzo y mayo y el segundo entre mayo y julio.
Jueves 11 de marzo de 2021
En días recientes, el gobierno mexicano anunció la adquisición de 10 millones de vacunas contra el Covid-19 de la farmacéutica china Sinovac. Esta cifra se suma a los 10 millones previamente compradas. Según indican, el primer lote llegará entre marzo y mayo de este año y el segundo entre mayo y julio.
Por su parte, otra de las empresas farmacéuticas chinas, la Sinopharm presentará su solicitud ante la Cofepris para la aprobación de su medicamento y, en caso de obtenerla, podrá venderle al gobierno de la 4T otras 12 millones de dosis.
Estas compras permitirán acelerar el ritmo de vacunación de la población mexicana, que, según declaraciones del propio gobierno, va retrasado por el incumplimiento de parte de las grandes transnacionales. Así se comprueba que los gobiernos, muy a pesar de sus promesas, están condicionados a las decisiones de los grandes magnates farmacéuticos, revelando el mito de la soberanía nacional del cual se quiere revestir el gobierno de la 4T.
Por otra parte, el tablero de la geopolítica se mueve. Como sabemos, desde antes de la pandemia, China y sus empresarios, intentaron por múltiples vías, asentarse en el mercado mexicano, pero, hasta el 2020, los resultados habían sido moderados, pues grandes las inversiones a las que aspiraban como el tren México-Querétaro, el complejo Dragon Mart y la hidroeléctrica de Chicoasén en Chiapas, fueron canceladas.
Sin embargo, el gobierno chino no se da por vencido, pues ve en México un mercado importante y, al mismo tiempo, un punto importante a favor, para sumar a la disputa por la hegemonía comercial con Estados Unidos.
Esto es así porque, en primera instancia, el nivel de explotación de los trabajadores mexicanos es muy alto. Es decir, el costo de la mano de obra de los obreros en México es inferior al de los obreros chinos y esta condición es una enorme ventaja para cualquier sector empresario, porque garantiza mayor ganancia para los capitalistas que decidan invertir en nuestro país.
Por otra parte, México es la puerta de entrada para el mercado más grande del mundo: los Estados Unidos. Se entiende fácilmente, no es lo mismo transportar mercancías desde Shanghái a Los Ángeles que desde la frontera norte mexicana, ya que los costos de abaratan enormemente.
Pero, sumado a esto, esta compra anunciada por el gobierno de México a China se da en el contexto de la feroz guerra comercial de las vacunas entre las grandes empresas internacionales respaldadas por sus gobiernos. El gigante asiático no pierde oportunidad y trata de ganar influencia en lo que, tradicionalmente, fue considerado por los EEUU como su “patio trasero”, nos referimos a América Latina, y muy específicamente a México.
Pero la cosa no acaba ahí. Si bien México está ligado estructuralmente a su vecino del norte, no quita que el propio gobierno de AMLO trata de ganar, aunque sea de forma mínima, mejores condiciones para negociar a futuro. En este sentido, la eficacia de la vacuna rusa (Sputnik V) como algunas chinas, representó un cierto alivio para los países dependientes o coloniales, pues se abrían puertas diferentes al de las empresas europeas o estadounidense que se negaron abiertamente a enviar vacunas a países pobres en beneficio de las potencias.
Ahora, la actitud servil de todos los gobiernos mexicanos a Washington es tradicional. La cuestión que, en la administración Trump, como en los primeros meses de la administración de Joe Biden, le dieron la espalda en el tema de las vacunas al gobierno de Morena, negando cualquier tipo de colaboración, lo que obligó a López Obrador a buscar otros proveedores, y, por tanto, acercamientos diplomáticos y económicos con gobiernos con que, normalmente, no lo venía pensando. Así es que México está comprando más vacunas chinas y rusas de las que tenía previsto.
En el marco nacional, no podemos dejar de mencionar que la derecha usó también políticamente la situación crítica de la pandemia para golpear al gobierno de AMLO, al acusarlo de inoperante aprovechando las deficiencias de esta administración frente al Covid19. Pero si bien es cierto, como ya mencionamos, que México como muchos otros países está a merced de las transnacionales y sus ansias de ganancias, no es posible ignorar que, el actual gobierno, al igual que los del PRI y el PAN que lo precedieron, abandonaron la política de financiamiento público a la ciencia y la investigación, y que, por esta razón, México hoy depende completamente de la producción extranjera de vacunas, cuando fue autosuficiente en este tema hasta la década de 1980.
Ante este panorama desolador para la inmensa mayoría de la población, se requiere de forma urgente exigir que todas las patentes de medicamentos y vacunas contra el Covid sean liberadas. No es posible que, en plena tragedia humana por la muerte de millones de personas, lo que estén pensando los grandes empresarios son en las enormes ganancias que les espera al vender el biológico. Asimismo, debemos recordar que la mayoría de la investigación contra el Covid ha sido financiada con recursos públicos que luego los privados se apropian.
Al liberar las patentes, se podría producir la vacuna en cualquier parte del mundo sin el peligro de enfrentar una demanda multimillonaria.
De la misma forma, es fundamental que la industria farmacéutica sea nacionalizada y se le invierta todos los recursos necesarios, tanto para producir las vacunas necesarias como para prevenir futuras pandemias.
Esto sólo es posible si se invierte todo el dinero disponible en pos de la salud y la vida de nuestra población, dejando de pagar la ilegítima e ilegal deuda externa, que año con año exprime miles de millones de pesos a los mexicanos que van a parar a las arcas de los grandes especuladores financieros mientras la clase trabajadora y el pueblo pobre acumulan los muertos.