El colapso del Estado chubutense se ha puesto en evidencia en los últimos tres años. La crisis de deuda provincial no ha hecho más que profundizarse con la caída del precio internacional del petróleo, revelando la dependencia de la matriz fósil, que se acentuará de la mano de un nuevo proyecto extractivista.
Martes 8 de diciembre de 2020 10:51
La megaminería, impulsada por el gobierno nacional de Alberto Fernández, es un salvavidas de plomo que –según plantean desde el gobierno y medios oficialistas como El Chubut– generaría los dólares necesarios para pagar la deuda.
Obviamente el saqueo es matizado con un discurso neodesarrollista según el cual los dólares obtenidos de las regalías mineras serían para “desarrollar al país”, “incrementar las cadenas de valor agregado” y “generar empleo”, tres mentiras ilustradas en el atraso y la miseria de provincias mineras como Catamarca o San Juan (para dar una idea, tras décadas de saqueo minero, según la propia ANSES en Catamarca más del 25 % de la población tuvo que cobrar el IFE para intentar llegar a fin de mes, y en San Juan, más del 20 % de la población).
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18 años de #NoALaMina
Desde la sociedad movilizada contra este saqueo desde hace 18 años, se ha resistido una y otra vez la avanzada minera. Sin embargo, una y otra vez la enorme movilización popular ha sido puesta en función de presionar al poder político para impedir que se aprobará la zonificación. Así, se ha perpetuado una estrategia de ejercer presión popular sobre las instituciones, sin buscar superar el marco de la democracia capitalista.
Como una espada de Damócles, pende sobre la sociedad en movimiento la amenaza de que en cualquier momento 27 legisladores provinciales de los partidos tradicionales traicionen el rechazo social a la mega minería e impongan el saqueo.
Incluso las iniciativas populares de 2013 o la presente, chocan contra la decisión de una casta política que se niega a dar curso a la voluntad popular.
¿Hasta cuándo esta enorme fuerza social aceptará la tutela de estos representantes de los intereses empresarios?
La crisis del “Estado Fósil”
Si hablamos de la inviabilidad del Estado chubutense, es justamente por el agotamiento de su estructura productiva no diversificada, de su dependencia del mercado internacional en forma de regalías y, fundamentalmente, de la amenaza para el ambiente y la vida de la población que representa esta estructura.
La destrucción del Lago Colhué Huapi y la amenaza sobre el Muster, debido al enorme volumen de agua que consumen las petroleras, es causa de la permanente carencia del líquido elemental que sufre la población de Comodoro hace décadas.
La contaminación por coque y alúmina que sufre la población de Puerto Madryn a manos de ALUAR, grupo empresario que además controla la represa de Futaleufú y la empresa de transporte eléctrico TRANSPA, son otro ejemplo. Incluso la posibilidad de generar energía limpia mediante el aprovechamiento del viento solo se ha transformado en un nuevo negocio para Madánes Quintanilla y otros capitalistas, ante lo cual el poder político sólo se propone lograr una fuente de recaudación y no avanzar en una reconversión de la matriz productiva.
El saqueo de la fauna y flora marítima por parte de las multinacionales de la pesca, es el coto de caza de legisladores y funcionarios a través de los permisos de pesca cada año a costa de la vida de marineros y de la destrucción del ambiente. Otro tanto podría decirse de los mecanismos de control de la producción petrolera.
Los grandes terratenientes se apropian de las riquezas del suelo impunemente a costa de trabajadores rurales y comunidades originarias. Mega terratenientes como Benneton, se apropian del agua del Río Chubut para regar enormes extensiones de pasturas en desmedro de los pequeños productores de El Maitén y las localidades río abajo. Los magros impuestos del magnate italiano son la base de sustentación del Estado municipal de El Maitén, que subsiste en base a parasitar estos recursos.
Este conjunto de problemas estructurales no encuentran solución en el marco de la producción capitalista. Por el contrario, no han hecho sino profundizar la dependencia y el atraso de la provincia y del país en los últimos 40 años de avanzada neoliberal sostenida por todos los gobiernos en lo sustancial de la estructura jurídica, económico y productiva.
Sin romper con la estructura capitalista y superar la forma política que le da cobertura, la democracia burguesa, no hay posibilidad de superar este marco de decadencia y miseria.
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Superar el horizonte de lo considerado insuperable
Incluso el proyecto de la Mesa de Unidad Sindical para grabar estas enormes riquezas a partir de la crisis que estalló en 2017, aunque limitado e insuficiente por su carácter extraordinario, duerme el sueño de los justos en algún cajón de la legislatura hace ya tres años. Las propias conducciones sindicales decidieron postergar la pelea por lograrlo apostando al cambio de gobierno nacional. La apuesta fue en vano, e implicaba la ilusión de que la casta política provincial mordiera la mano de los intereses que les da de comer, financia sus campañas y da las órdenes.
¿Es posible pensar que un régimen político cuya razón de ser es administrar y garantizar los negocios de la minoría capitalista que explota la naturaleza y el trabajo humano, puede brindar una solución a los problemas que él mismo genera?
Los socialistas del PTS, estamos convencidos de que no. Por eso levantamos un programa para dar esta pelea desde abajo, imponiendo las conquistas que sean la base de una nueva sociedad, sustentada en la democracia obrera a través de organismos de autoorganización social, los soviets o consejos.
Por ello intervenimos en el actual movimiento policlasista antiminero buscando construir un método de decisión colectiva que garantice la expresión de la voluntad soberana de las asambleas mediante la votación a mano alzada de todas las resoluciones necesarias, instaurando una metodología de decisión que sustente esa sociedad futura.
Se trata de instaurar organismos de decisión política en clave de doble poder, donde la sociedad imponga su fuerza mayoritaria para arrancar conquistas a las instituciones del régimen, al tiempo que desarrollando una experiencia de democracia directa construya sus propias instituciones sociales tendientes a superar los marcos impuestos por el régimen burgués.
Organismos de doble poder capaces de ser expresión y coordinar la lucha por una nueva matriz productiva, acorde a las necesidades sociales y no al lucro de una minoría de capitalistas.
Al mismo tiempo, planteamos que sin tocar los centros del poder económico de la clase capitalista, no hay posibilidad de torcer la voluntad política de los representantes del capital.
Por eso levantamos la pelea por la hegemonía clase obrera, el conjunto de trabajadoras y trabajadores que maneja los resortes fundamentales de la economía de la provincia.
¿Por qué la centralidad de la clase obrera?
Cuando decimos que el actual es un movimiento policlasista, nos referimos a que en él intervienen sectores de las clases medias medias, empobrecidas y no tanto, junto con diversos sectores de trabajadores y jóvenes disueltos. Nos referimos a que es un movimiento ciudadano, donde los y las trabajadoras (que incluye a docentes, estatales, trabajadores del transporte, pesca, el petróleo, o de la ciencia, entre otros) no intervienen como tales desde sus organizaciones naturales que son los sindicatos. Esto implica que no se haya arrancado un paro general efectivo en toda la provincia de sectores claves de la economía como el transporte, la generación de energía o el petróleo, la madre de todas las batallas
Un paro de petroleros, por ejemplo, afectaría en forma inmediata el principal motor económico de la provincia. Esto lo saben empresarios y funcionarios políticos, por ello sustentan el poder la burocracia sindical de los Loma Avila y compañía, verdaderos policías al servicio de los patrones para asegurar la explotación del trabajo asalariado. Así lo demostraron cuando atacaron a los docentes que cortaban la entrada a Cerro Dragón en 2018 con la cobertura de la Policía de Massoni. Algo similar sucede con lxs trabajadores de la pesca o de Aluar.
De allí la necesidad estratégica de que el movimiento anti minero, confluya con los sectores más determinantes del movimiento obrero. Y para ello, es necesario poner en pie un programa político en asambleas amplias y democráticas que impulsen la lucha más allá del justo y necesario rechazo al saqueo minero.
Necesitamos pelear por fundar una nueva sociedad sobre las ruinas de la actual, en momentos en que lo imposible se torna necesario.