El pasado 20 de marzo, y de forma sorpresiva, la emblemática panadería cerró sus puertas. A los trabajadores se los despidió con un mensaje de sms. El cierre fue premeditado. Frente a la ganancia patronal, los trabajadores son descartables.
Miércoles 28 de marzo de 2018
Pedimos disculpas por los problemas técnicos que presenta el video, pero creemos que vale la pena escuchar su audio para conocer de primera mano la situación generada a partir del cierre intempestivo del comercio.
Un grupo de compañeras nos acercamos a la puerta de la panadería y confitería Fiesta D’ Oro sobre 8 de Octubre esquina Pan de Azúcar, en Montevideo. Sabíamos que mujeres y hombres, trabajadores de toda la vida, se encontraban en una situación acuciante. Allí conversamos con las trabajadoras Sandra y Alejandra, quienes nos contaron que el día del cierre, cínicamente, los encargados y dueños las saludaron a las dos porque entraban de licencia, sabiendo que antes de que se fuera el último de los laburantes, ya estaban mandando un mensaje de sms avisando que la empresa cerraba y que se quedaban sin trabajo.
Nos contaron que hace un poco más de un año la histórica y popular panadería - conocida en la zona de la Unión e instalada hace más de 20 años - había sido comprada por un empresario muy adinerado que tiene otra panadería en el centro de Montevideo llamada Montecristo. Los hermanos Lallana junto a otros familiares tienen a su vez varias franquicias de La Pasiva, y estarían vinculados con las lujosas torres recientemente construidas en Comercio y Av. Rivera.
Cuesta creer que la panadería “diera pérdidas” como se quejaban los dueños. En realidad desde que se hicieron cargo hace más de un año, nunca gestionaron la panadería correctamente ni invirtieron lo necesario para garantizar un buen funcionamiento. Las trabajadoras recordaban cómo en víspera de Nochebuena, no podían vender más sandwiches porque no tenían jamón. Así se fueron yendo varios clientes, algunos importantes, y el negocio poco a poco se fue viniendo abajo. “Pero es rentable” dicen las mujeres que allí trabajaron 5 y 6 años – aunque hay trabajadores que hacía 19 y 20 años que trabajaban allí – ya que el negocio es muy popular y está ubicado en una zona de alta circulación de gente.
El cierre, tal como indican las mujeres, es muy raro. Hacía poco que habían invertido en remodelar todo el negocio. Había quedado bien, según ellas. Al poco tiempo hubo rumores de la venta del mismo. Dos meses antes del cierre, los trabajadores y trabajadoras – que ya venían organizándose – terminaron de conformar el sindicato y lo fundaron, ligándolo a la Mesa del Pan. Todo indica que quien fuera el futuro dueño, no quería ninguna organización gremial. Por eso, Gabriel Gutiérrez, delegado – con quien también conversamos – nos decía que la maniobra del cierre huele a un golpe antisindical contra la organización de los trabajadores, y tiene miedo que dentro de unos meses la panadería vuelva a abrir con trabajadores nuevos y sin organización sindical.
Maniobras vaciadoras, un hábito de estas patronales
Por otro lado, esta maniobras de cierres sorpresivos ya son, lamentablemente, conocidas. Pasó en 2017 con La Spezia, donde – al igual que en Fiesta D’ Oro – los dueños dejaron de invertir y de proveer de materias primas al negocio ubicado en Pocitos dejando que se venga abajo y justificando un cierre por quiebra totalmente frandulento. Así, dejaron a sus trabajadores en la calle – en su mayoría mujeres - e iniciaron un proceso judicial lleno de irregularidades donde en el remate resultó beneficiario a un testaferro de los Esperanza, antiguos dueños vaciadores.
Esta operatoria – que se deja ver por toda persona que se interioriza – parece ser desconocida y negada por el gobierno frenteamplista que dice defender los derechos de los más humildes, y por la Justicia que hace la vista gorda ante estas maniobras fraudulentas.
Ya en otras ocasiones los trabajadores y trabajadoras de Fiesta D’ Oro habían debido recurrir al Ministerio de Trabajo a realizar varias denuncias por retraso en el pago de los salarios, mala gestión de los dueños, pero nunca les dieron bolilla.
Por la defensa de los puestos de trabajo: no al cierre de Fiesta D’ Oro. Reincorporación ya
Desde que cerró el pasado martes 20 a la fecha, se ha montado una guardia obrera en la puerta del comercio que custodia las maquinarias, una forma de asegurar el cobro de sus haberes.
En las negociaciones en el Ministerio de Trabajo y en reuniones con trabajadores, tanto el gobierno como la dirección del PIT-CNT avalaron la propuesta “llamativa” - por llamarla de alguna manera - de la empresa, que propuso que los trabajadores y trabajadoras se transformen en una cooperativa de trabajo utilicen el negocio y las maquinarias, a cambio de que el empresario deje de pagar las liquidaciones correspondientes. Eso sí, no se sabe aún quién se haría cargo de los millones de pesos de deudas que la patronal contrajo con proveedores y bancos.
La dirección del PIT-CNT, que viene de hacer un paro “Por un país de iguales, donde los intereses de unos pocos no pasen por encima de todos”, no debería permitir que los patrones hagan y deshagan a su antojo. No debemos naturalizar los despidos, tenemos en nuestras manos la posibilidad de desarrollar la solidaridad obrera y popular y sostener un conflicto que exija la reapertura de la panadería y la reincorporación inmediata de todos los despedidos y despedidas.
Hay que seguir escrachando a estos empresarios vaciadores – como se hizo días pasados frente a la panadería Montecristo – pero toda esa energía sirve si el sindicato y el PIT-CNT se plantan firmes contra los despidos y el cierre, y se reclama la reapertura y reincorporación inmediata.
Si, reunidos en asamblea, los trabajadores y trabajadoras deciden conformar una cooperativa y trabajar sin patrón, que sea con la certeza que no correrán con las deudas contraídas por los patrones y con el compromiso de que el Estado compre al menos parte de su producción para garantizar un mínimo de ingresos mensuales, y otorgue a la vez créditos baratos para invertir en materias primas.