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Red Internacional
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Francia. Cinco trampas a evitar luego de los ataques del 13 de noviembre

El horror de los ataques criminales del pasado viernes, más de un centenar de muertos y numerosos heridos graves elegidos al azar, ha producido una justa conmoción entre los trabajadores y las clases populares, así como un fuerte impulso de solidaridad hacia las víctimas y sus familiares. Sin embargo, una vez más, el poder intenta instrumentalizar esta conmoción al servicio de una ofensiva reaccionaria y guerrera que no solo es inútil para evitar nuevos ataques, sino que además se dirige contra nuestra clase en la «guerra social» que nos aplica la patronal y el gobierno. 5 trampas a evitar en este contexto.

Miércoles 18 de noviembre de 2015

1. La ofensiva securitaria-liberticida

Desde la noche de los ataques el gobierno de Hollande-Valls ha decretado el estado de emergencia, activando este dispositivo en el marco de la ley votada en ocasión de la revuelta de los suburbios en 2005 y que no se había vuelto a utilizar, ampliándolo al conjunto del territorio, lo que no había ocurrido desde la guerra de Argelia.

Prohibición de manifestar, control de las fronteras, despliegue sin precedentes de las fuerzas de la policía y del ejército, indagaciones, citación judicial de personas “sospechosas”, prohibición de reuniones… Se ha previsto un sagrado paquete de medidas liberticidas, un Patriot Act a la francesa. Por otra parte, Hollande busca sostener este dispositivo durante tres meses.

Pero no es creando un clima de pánico generalizado y restringiendo las libertades democráticas de la población que se podrán evitar nuevos ataques. Lo que el gobierno y el Estado intentan hacer, es instrumentalizar el terrible acontecimiento para compensar sus debilidades en el plano político y social y acallar los conflictos, el todo en nombre de la unión sagrada.

2. La « tregua social » de sentido único

El momento es una buena ocasión para los llamados a una especie de “tregua social” respecto a lo que ha ocurrido con Air France, mientras que la cólera obrera largamente retenida comenzaba a reaparecer y comenzaba a encontrar un punto de cristalización. Tanto más que en este contexto otros movimientos amenazan con reanimarse, como el del personal de los hospitales parisinos, o incluso con tomar impulso. Así, personal de aeropuertos, de hospitales, de la enseñanza, agentes de las finanzas públicas han visto anuladas sus manifestaciones luego de los atentados y gracias al decreto del estado de urgencia.

Ahora, de acuerdo con las últimas noticias, ni los despidos de Air France, ni el Plan Hirsch (*), ni las reformas en la educación nacional y en las finanzas, y menos aún los ataques que se preparan contra la duración legal del trabajo, se han anulado ni tampoco suspendido. Ninguna razón entonces para que se anule la respuesta correspondiente.

3. El racismo y la xenofobia

Era de esperar, no han tardado en llover las amalgamas. Desde las equiparaciones explícitas entre la población de origen árabe-musulmán y el terrorismo islámico pronunciados por altos responsables políticos, a las primeras agresiones como la que tuvo lugar en Potevy en Bretaña, no ha habido más que un paso. La vieja máquina del chivo expiatorio, del enemigo interior, ya funciona a toda marcha, con su carga de estigmatización y de división.

Pero, el enemigo no está ni en el trabajador vecino, ni en el joven de los suburbios, él se encuentra sentado confortablemente en los puestos de mando de esta sociedad que no engendra más que guerra y barbarie: es este puñado de poderosos que han exportado la miseria y la guerra a todo el mundo y que nos someten a todos a una guerra social interna, sin distinción de color o de origen; son aquellos que han robado el futuro de nuestros jóvenes y que los han marginalizado, ofreciendo así un amplio margen para el reclutamiento de “mártires” para los integristas religiosos. Contra ellos, debemos estar unidos y no tolerar pues ninguna amalgama, ningún acto racista.

4. El repliegue nacional

Incluso cuando la “crisis migratoria” había generado controles por toda Europa, es decir, el cierre de fronteras, aboliendo abiertamente los acuerdos de Schengen, y que el gobierno francés ya había anunciado el cierre de las fronteras antes y durante las sesiones del COP 21, los ataques ofrecen también aquí un buen pretexto. Las expresiones de la extrema derecha y de los discursos xenófobos alzan ya sus voces para que el cierre de las fronteras sea definitivo.

No es reforzando las fronteras y limitando la circulación de personas como se impedirán nuevos atentados. Por un lado porque las redes terroristas cuentan con numerosos enlaces en Francia, que disponen de la nacionalidad francesa, por otro porque los refugiados que llegan masivamente a Francia, lejos de formar parte de estas redes, huyen de las acciones de aquellas en el contexto de una guerra en la que el Estado francés tiene gran parte de la responsabilidad.

5. La continuación de la guerra en la que se nos ha implicado

Desde hace unos quince años, el Estado francés ha multiplicado su participación en las intervenciones imperialistas en el Cercano Oriente y en África. El acceso de Hollande y del partido Socialista al gobierno no ha hecho más que empeorar las cosas, con un promedio de una nueva intervención cada año. Francia se ha vuelto así, al lado de los Estados Unidos y de Gran Bretaña, el país más implicado en conflictos y ocupaciones militares en esta región. Es lo que explica que Francia haya podido convertirse en un blanco privilegiado de una organización como Daesh.

Pero la respuesta preconizada por aquellos mismos que nos han arrastrado a esta situación, cuyos costos pagamos con la vida de gente inocente, continúa en el mismo sentido, el de una intensificación de los bombardeos en Siriay/o en Irak. Pero es justamente lo contrario lo que es preciso imponer: el retiro inmediato de las tropas francesas de todo el Cercano Oriente y del continente africano, única respuesta de fondo a las reales causas del desarrollo de Daesh y de los ataques del 13 de noviembre.

Estas 5 trampas a evitar resumen de alguna manera las tareas de las organizaciones del movimiento obrero, si no se quiere que sean los trabajadores quienes paguen la factura de los terribles sucesos que acaban de producirse, bajo el pretexto de «la unidad nacional» y de los «valores republicanos». Unirse alrededor de estas tareas – la defensa de las libertades democráticas y la supresión del estado de urgencia, contra la xenofobia, por el retiro de las tropas francesas de África y del Cercano Oriente y por la apertura de las fronteras – sería un buen comienzo para impedir toda manipulación de este drama y de la conmoción que ha suscitado, y de la escalada reaccionaria que se prepara.

Traducción: E. Baird

(*) Plan Hirsch. Martin Hirsch es el Ministro de Salud que impulsa el plan de ajuste en la salud.

(**) Daesh – Acrónimo del Estado Islámico.