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Red Internacional
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Paso del Norte. Ciudad Juárez y El Paso, las dos caras de un mismo pueblo

Ciudad Juárez y El Paso, Texas son dos ciudades con más similitudes que diferencias, se trata de dos hermanos gemelos criados por padres diferentes que en el fondo están constituidos de la misma cultura, la misma gente y que dependen una de otra para vivir.

Aztlán Almodóvar Corresponsal en Ciudad Juárez, Chihuahua

Jueves 2 de febrero de 2017

Ciudad Juárez y El Paso, Texas se niegan a separarse pese a las políticas xenófobas de Trump que implican el levantamiento de un muro en la frontera aumentando con ello la criminalización de los migrantes que cruzan año con año en búsqueda de mejores oportunidades.

Las fronteras entre los países son tan difíciles de distinguir como lo es distinguir entre la arena y mar en una playa, como distinguir la frontera que hay entre el cielo y la Tierra; a veces resulta imposible saber dónde termina uno y comienza el otro. Es en este sentido que la frontera norte del país, en el caso particular de Ciudad Juárez y El Paso, Texas, es el escenario donde convergen y conviven las culturas de dos países que se combinan en una extraña amalgama muy difícil de separar.

Paso del Norte, como se le conocía a Ciudad Juárez hasta la llegada de Benito Juárez en 1865, ha sido el escenario de muchos acontecimientos, entre ellos la Revolución mexicana en 1910, donde el legendario Pancho Villa cruzaba armas desde El Paso para armar a los revolucionarios contra el ejército de federales de Díaz. Al mismo tiempo, cuando Estados Unidos abrió sus fronteras ante el déficit de trabajadores del campo, fue Ciudad Juárez la que colaboró con gran cantidad de jornaleros, los llamados braceros, que fueron a laborar a la ciudad vecina durante la Segunda Guerra Mundial y todavía hay muchos que siguen exigiendo se les pague por aquel trabajo.

Ciudad Juárez representó para Estados Unidos una gran oportunidad para implantar la industria a finales del siglo XX. Los cambios fueron radicales y la ciudad pasó de ser una región mayoritariamente agrícola a una ciudad industrial en un par de décadas.

Posteriormente en el 2000-2010, durante la mal llamada “guerra contra el narcotráfico”, Ciudad Juárez, ya marcada por los feminicidios, pasó a ser la ciudad más peligrosa del mundo y cientos de familias huyeron a refugiarse a El Paso, mientras trabajaban diariamente en Juárez.

Más allá de ello, ambas ciudades no sólo comparten el idioma, que es el español incluso del lado norteamericano, sino también muchas costumbres, gente, familias, empleos y una relación comercial bastante íntima, ya que el 86% de las exportaciones de El Paso van a Ciudad Juárez, y al mismo tiempo México cuenta con cerca de 1000 fábricas y empresas que resguardan la mayoría de los empleos de las familias de ambas ciudades.

Ahora, en pleno siglo XXI, la frontera vuelve e a ser motivo de controversia debido a los posicionamientos de Trump y la construcción del muro que dividiría finalmente a ambos países bajo la justificación de que México es la causa del desempleo y la violencia en el país norteamericano. Sin embargo, la frontera no sólo representa la línea divisoria entre dos naciones, sino que se trata de un tercer país cuyas personas se niegan a ser separados y que sufren día con día de las políticas económicas de sus respectivos gobiernos.

Los altos precios del dólar han ocasionado una baja considerable en el consumo del lado norteamericano y como consecuencia esto representa un duro golpe para el comercio de la vecina ciudad norteamericana. Del mismo modo, la política proteccionista de Trump traerá terribles consecuencias para los trabajos que se desarrollan en las ramas industriales de Ciudad Juárez. Es imposible hablar de que los problemas y las carencias de una ciudad o la otra, son mutuamente excluyentes. Ambas ciudades son parte de la misma ecuación.

El futuro es incierto para los habitantes fronterizos, sin embargo, persiste un gran sentimiento de solidaridad y fraternidad a pesar de que el gobierno de Trump y sus políticas xenófobas y racistas atenten contra la economía de ambas ciudades. Hoy más que nunca es vital llamar a fortalecer las relaciones entre los trabajadores de ambas naciones, ser internacionalistas y demostrar que son más las similitudes que las diferencias entre las personas que dependen unas de otras en medio de esta coyuntura.