La derecha sacó más votos que cualquier otra lista y no es el Partido Popular. Ciudadanos, ¿vino para quedarse?
Guillermo Ferrari Barcelona | @LLegui1968
Sábado 23 de diciembre de 2017

Las elecciones catalanas han deparado varias sorpresas. La noche pasada significó que el bloque independentista mantuviera una mayoría en el Parlament catalán, la irrupción de Ciudadanos en la cima de los resultados, récord de participación electoral, que el PP pasara a ser prácticamente marginal, que la CUP y Podemos han caído en picado en su cantidad de diputados entre otros asuntos como hemos publicado en Izquierda Diario
¿Dejará de ser Ciudadanos la marca blanca del PP?
Por primera vez en Catalunya un partido de derecha (no soberanista) ha ganado las elecciones en el Principado. Sin embargo, ese partido no es el Partido Popular. Este brutal cachetazo para el partido de Rajoy será difícil de asimilar. En primer lugar porque el PP trata de buscarse un hueco en la realidad política catalana desde 1984. Y además, porque cuando este partido de derecha le gana le deja en la marginalidad política.
Ciudadanos obtuvo 37 escaños y algo más de un millón de votos. Magnitudes nunca alcanzadas por el PP. Rajoy, con el apoyo de Cs y del PSOE, puso el 155 y el pícaro “naranjito” se lo comió. Esta sorprendente victoria no alcanzó para que el bloque del “155” se imponga. Lo cual demuestra que Cs creció sobre todo dentro de ese bloque y probablemente llevándose votos de una “indecisa” Catalunya en Comú. El voto útil de la derecha ha jugado un rol importante en estas elecciones.
La campaña de Ciudadanos en Catalunya ha sido una combinación de agitar esencialmente dos ideas. La más importante y destacada consiste en mantener la unidad de España. En todo el Estado español han estado jaleando el 155 desde hace meses. Y el otro eje ha sido el económico. Cs tenía un programa de 10 puntos y 350 soluciones. Entre estas ocupaba un lugar destacado “reconstruir la clase media y la clase trabajadora” y una serie de medidas sociales. Digamos que todo su discurso de “copagos” más privatizador lo han mantenido en voz baja.
Los dos perfiles que esta derecha neoliberal ha levantado en cada ocasión en que ha podido le han permitido ganar los votos de sectores amplios de la clase trabajadora. El fenómeno de transformación del “cinturón rojo” (en alusión al voto a la izquierda) en “cinturón naranja” ya lleva algunos años en el Área Metropolitana de Barcelona. De hecho, Ciudadanos ganó en varios municipios importantes como Barcelona, L’Hospitalet, Cornellà, Santa Coloma, Badalona, y muchas más obteniendo allí más de 400.000 votos.
Ciudadanos ha obtenido también una buena parte de los votos entre trabajadores de familias que en los años ‘60s han emigrado de otros lugares del Estado en busca de trabajo. Familias que en general se encuentran en barrios afectados por la crisis económica, por los recortes sociales, con un paro de dos dígitos, con ingresos muy bajos. Estos sectores sociales identifican a Convergència y su sucesor PDeCAT como los responsables de los ataques sociales y los campeones de la corrupción del 3% mientras hay familias que cuentan monedas para llegar a fin de mes. Ese malestar lo ha canalizado en esta ocasión por derecha Ciudadanos.
¿Una nueva derecha para fortalecer el Régimen del 78?
El partido de Rivera, en cuanto comenzó a abrir sus horizontes al resto del Estado español, ha sido capaz de tragarse de un bocado a la formación de Rosa Díez (quizás se acuerden de que una vez existió un partido llamado UPyD). Ahora en Catalunya pareciera que ha repetido la operación y acabaría con los populares. ¿Será capaz? Veremos.
Si bien en las elecciones generales del año pasado apenas si ha arañado unos cuantos diputados al PP, no se acercó siquiera al sorpasso. Pero después de la victoria por goleada de Ciudadanos en Catalunya, ya se comienza a hablar de la proyección de esta victoria al resto del Estado español.
Ciudadanos, a diferencia del PP, no porta una mochila tan pesada con decenas de casos de corrupción. Ciudadanos, a diferencia del PP, no tiene caras públicas con familia directa procedente del franquismo. Ciudadanos, a diferencia del PP, no tiene la carga de la gestión de la crisis financiera ni en el Estado español, ni en comunidad autónoma alguna. Y, Ciudadanos ha sido capaz de apoyar al PSOE en Andalucía y también al PP en Madrid. Tiene mucho más diálogo que Rajoy, lo cual no es ninguna hazaña. Es decir, puede aparecer como una derecha “más limpia” y “moderna” que los viejos carcamanes del PP.
Rivera y sus amigos del Ibex35 están en una oportunidad única para aprovechar el desgaste del PP y tratar de hacer el sorpasso que Podemos no hizo sobre el PSOE. Además de apoyarse en la cómoda victoria catalana, esta derecha “moderna” se apoyará en las medidas que haga votar al PP como fue la reducción del IRPF. Es probable que de aquí a final de legislatura tengamos una relación tirante entre las derechas españolas tratando cada una de anotarse un punto de cara a las próximas elecciones generales.
El Régimen del 78 ha logrado capear la crisis del PSOE gracias a una clara domesticación de Podemos. Ahora probablemente afronte una nueva crisis, la crisis del PP. Hasta ahora la formación heredera del franquismo ha evitado de manera sorprendente que la crisis y la corrupción le acabe volteando. Pero, luego de los resultados catalanes es posible que su electorado se dé cuenta de que “Rajoy está desnudo”.
A nivel europeo se están desarrollando nuevas derechas e izquierdas, sobre todo en los países donde hay mayores crisis política. Es el caso de Grecia, Italia o Francia. Sin ir muy lejos, el ex primer ministro francés Manuel Valls ha apoyado a Rivera en esta campaña electoral. Valls se caracteriza por ser el ala derecha del PSF y ha roto recientemente con la intención de unirse a la “nueva derecha” francesa de Macron ¿Podrá Rivera ser el nuevo “Macron” español? Veremos.
Lo cierto es que el Régimen del 78 está dando claras muestras de desgaste y tratan de rehabilitarlo desde arriba. Se ha hablado en no pocas ocasiones de renovar los pactos de La Moncloa para crear instituciones más potentes que permitan avanzar en la recentralización y con un lavado de cara. Una restauración que cambie todo para que no cambie nada y, de paso, recentralizar.
No es posible saber si tendrán éxito en la maniobra, aunque más tarde o temprano tendrán que intentarlo, porque querrán seguir aplicando ajustes y recortes a los trabajadores y el pueblo. Para esa perspectiva de mayores ataques, deben prepararse los trabajadores. Y es para eso que hace falta construir una izquierda que supere los límites del reformismo actual, que sea anticapitalista y revolucionara.