Medios oficialistas tildan de violentos, extorsionadores e improductivos a trabajadores que piden algo elemental: que se mantengan los puestos de trabajo de más de 3000 familias.

Cecilia Rodríguez @cecilia.laura.r
Miércoles 19 de septiembre de 2018
“Violenta toma”, “forzaron puertas”, “son barrabravas”, “están extorsionando”: estas frases se leen y se escuchan en Clarín y otros medios oficialistas ante la permanencia de los trabajadores del Astillero Río Santiago en la sede del Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires.
Te puede interesar: Astillero Río Santiago: se quedan en el Ministerio hasta ser recibidos y piden solidaridad
Visto en perspectiva, da un poco de risa: diarios que bancaron la dictadura videlista y que en la nota de al lado encumbran como héroe nacional a un carnicero que atropelló contra un poste a un ladrón hasta matarlo, de golpe se vuelven hippies pacifistas.
Se ve que el budismo les surge dadivoso cuando ven un grupo enorme de trabajadores y trabajadoras que empujan un poco una puerta –se nota en el video que no hay prácticamente resistencia para dejarlos pasar- y se deciden a permanecer pacíficamente en una institución pública con el objetivo de pedir una cosa elemental: trabajo, que los dejen trabajar, que no le quiten el sustento a más de 3000 familias.
¡Pero tiraron bombas de estruendo!, dice Clarín que dicen “fuentes” alarmadas del gobierno provincial. Sí, cualquiera que haya ido a una marcha, a una cancha o a una Navidad en los últimos 30 años en la Argentina seguramente ha oído alguna que otra bomba de estruendo sin que la cosa llegara a ser noticia. Escándalo absoluto: en manos de un obrero, un petardo es Hiroshima.
Por supuesto, cuando hace unas pocas semanas Vidal mandó a reprimir durante horas a estos mismos trabajadores y trabajadoras, Clarín no habló de violencia. Ni siquiera para referirse al hecho de que un patrullero de la Bonaerense atropelló a un laburante. No: eso es “tensión”, "caos vehicular" e “incidentes” que se relatan a la manera de un fenómeno meteorológico: llueven palos y gases de punta.
Te puede interesar: Así atropelló un patrullero de la Bonaerense a un trabajador de Astillero Río Santiago
Tampoco se tildó de extorsión la frase del presidente: “al Astillero hay que dinamitarlo”. O sea: el tipo te pinta la imagen de 3300 laburantes y una escuela con chicos (porque en el Astillero también hay una escuela) estallando por los aires ¿y los medios que dicen? Nada. Gran metáfora. Sale nota de color. Otro tema.
Lo cierto es que las alarmas se prenden en la prensa oficialista porque la lucha del Astillero preocupa a un gobierno que solo tiene para ofrecer ajuste, tarifazos, recesión, devaluación y un presupuesto 2019 donde se recorta aún más la salud y la educación. Presupuesto que están negociando con la oposición peronista, que ya supo votar a mano alzada el saqueo a los jubilados, el blanqueo de capitales y otras tantas hermosuras cambiemitas.
La lucha del Astillero molesta porque muestra que no es necesario resignarse a este pacto de entrega y gobernabilidad entre gobierno y peronistas. El Astillero muestra un camino para enfrentar el ajuste: a condición de pelear decididamente, a condición de no conformarse con la puerta cerrada, de no comerse el verso de esperar a 2019 ni de imitar a esas direcciones sindicales “responsables” -por no decir sumisas-, que te tiran un paro cada muerte de obispo.
No. Los trabajadores del Astillero no quieren esperar, no quieren hacer como Conadu que, con todo a favor, con el movimiento estudiantil tomando facultades y ganando las calles, aceptó una oferta salarial que implica un recorte de casi el 20%. No: los trabajadores y trabajadoras del Astillero saben que aceptar estas cosas es hambre para hoy y más hambre para mañana. Por eso luchan, por eso molestan, por eso se los llama violentos.
La verdad de la milanesa
Como no alcanza solo con el funcionario asustado por la bomba de estruendo, el ataque al Astillero incluye perorata sobre corrupción, excesos y el famoso gasto público –que solo es nombrado "gasto" cuando va a salarios y no cuando se va en cientos de miles de millones para pagar intereses de la deuda externa (y eterna).
Entonces Vidal o Lanata o Clarín o el que sea que oficie de ponerse la gorra en cada momento dado, te dicen que el Astillero es improductivo, que los tipos cobran por no hacer nada, que los barcos son muy costosos, que con la plata de tus impuestos se sostiene un lugar que no produce nada. Palabrerío.
Los buques petroleros Eva Perón y Juana Azurduy, de 47 mil toneladas cada uno, podrían haberse terminado si no fuera porque Macri y Vidal bloquean entregar los insumos necesarios para finalizar los trabajos. Además, siguen sin destrabar las cartas de crédito del Banco Provincia para la construcción de dos remolcadores bulk carrier de 20 mil toneladas y otro de 40 mil toneladas, con opción de hacer dos más una vez que estén terminados.
Astilleros y astilleras lograron el jueves pasado un compromiso firmado por el gobierno para destrabar estos laburos y volver a producir. Este lunes Vidal debía recibirlos para concretar el asunto: levantó la reunión. Le dirán Heidi, pero miente como Pinocho.
“Es mucho más costoso hacer un barco que no hacerlo”, dice Clarín que dijo el ministro de Gobierno de Vidal, Joaquín de la Torre. Un argumento genial: como si te dijeran “es mucho más costoso comer milanesas que no comer nada”. ¡Claro! Pero así como la gente necesita comer, el país necesita barcos. Resulta que el gobierno se niega a dar trabajo al Astillero público pero compra naves todavía más costosas afuera: cinco lanchas de patrullaje a Israel por 49 millones de dólares y cuatro buques de guerra franceses en desuso por 350 millones de dólares.
Si tan solo estos últimos buques se hubieran construido acá, nos habríamos ahorrado 120 millones de dólares de nuestros impuestos y tendríamos barcos nuevos, no usados.
Los trabajadores y trabajadoras del Astillero no comen vidrio: ya vivieron en los 90 el intento de privatización de Menem y Duhalde, lo resistieron. Ahora saben que estos discursitos sobre la “improductividad” y los “costos” de los barcos son los mismos discursos privatizadores de entonces, en boca de un gobierno que está saqueando y quiere seguir saqueando el país para entregarlo al mejor postor. No lo van a permitir.
Y, si en este camino de resistencia se encuentran con una puerta cerrada, van a tratar de abrirla: porque la vida y el trabajo de las mayorías vale más que las ganancias y los titulares de unos pocos.

Cecilia Rodríguez
Militante del PTS-Frente de Izquierda. Escritora y parte del staff de La Izquierda Diario desde su fundación. Es autora de la novela "El triángulo" (El salmón, 2018) y de Los cuentos de la abuela loba (Hexágono, 2020)