Las planillas oficialistas "Unidad Institucional" de las secciones 35 y 38 del SNTE en Coahuila, cuyo líder moral era Carlos Adrián Moreira, fueron derrotadas en las elecciones para renovar los comités ejecutivos de dichas secciones.
Lautaro Adriano Trabajador de la educación pública e integrante de la agrupación magisterial y normalista Nuestra Clase
Miércoles 14 de diciembre de 2022

El pasado viernes, 9 de diciembre, resultó derrotado en los comicios sindicales para renovar los comités ejecutivos seccionales de las secciones 35 y 38 del SNTE, el grupo dirigido por Carlos Adrián Moreira -hermano de los ex gobernadores priístas Humberto y Rubén- que controlaba al sindicato como un cacique.
Por la sección 35, la planilla ganadora fue la verde, comandada por Arturo Díaz. Por su parte, en la 38 la victoria fue para Isela Licerio Luevano, quien encabezaba la planilla rosa. Ambos dirigentes están ligados a Ricardo Mejía Berdeja, el subsecretario de Seguridad Pública del Gobierno Federal, que busca ser electo gobernador de Coahuila en el 2023 por el partido Morena.
El resultado desfavorecedor para las planillas oficialistas, afines a Carlos Adrián Moreira, es una derrota también para el ya mermado Partido Revolucionario Institucional, que gobierna en el estado y al que pertenece el menor de los Moreira.
La derrota para el moreirismo tiene impacto nacional, ya que el SNTE en Coahuila representaba un auténtico feudo para el PRI, que ha utilizado al sindicato más grande de América Latina a su antojo.
Durante décadas, los charros sindicales priístas, en conjunto con las autoridades educativas, movilizaban a los trabajadores de la educación a través de chantajes y amenazas para apuntalar las campañas electorales, ya sea para gobernador del estado, para diputados o para presidente de la República, en favor del candidato del PRI en turno.
Además, es sabido que los charros siempre han utilizado las cuotas sindicales, el Fondo de Solidaridad Magisterial, el Fondo de Ahorro y hasta los préstamos personales, tanto para el financiamiento electoral del PRI como para enriquecer su patrimonio familiar.
Es decir, los dirigentes sindicales charros del SNTE han actuado históricamente como correas de transmisión de la política y los intereses partidarios del PRI en el interior del sindicato.
Por eso, esta contundente derrota sindical puede significar el principio del fin de la continuidad del moreirato y del PRI en el poder estatal.
Las claves
Estas elecciones se dieron en un contexto en el que el PRI a nivel nacional atraviesa una crisis histórica, marcada por la pérdida de 11 gubernaturas en los últimos 3 años.
Además, desde hace unos meses el tricolor está sufriendo considerables desbandadas y rupturas, en las que importantes cuadros y grupos políticos históricos han abandonado el partido para sumarse a Morena
De hecho, esta fragmentación política tuvo su resonancia dentro del SNTE Coahuila, donde el charrismo sindical no se presentó en unidad.
Por un lado, en la 35, burócratas del actual comité seccional apoyaron a otra planilla que no era la de Abel Aguirre, el elegido de Moreira. La planilla Naranja "Autonomía Sindical", encabezada por Mario Ernesto, secretario de créditos de la administración saliente, surgió como la "ruptura institucional" al interior del charrismo, que a su vez, según se rumora, era favorecida por el secretario nacional Alfonso Cepeda Salas.
Por otro lado, la planilla azul dirigida por Javier Cordero, que encabezó el comité seccional pasado, conocido por vender plazas a diestra y siniestra, tampoco se enfiló detrás de Abel Aguirre.
Hay que mencionar que si cualquiera de estas dos planillas se hubiese subordinado a la oficialista (la planilla Blanca-Naranja), el moreirato habría ganado por suma de votos, aunque con una diferencia mínima. De tal suerte que la fragmentación del charrismo, que a su vez es expresión de la división en el PRI, tuvo su repercusión en la derrota del moreirismo en el SNTE.
Además, el surgimiento del partido Morena en el escenario nacional como fuerza política hegemónica, en abierta confrontación con el moreirismo, motivó que cientos de docentes, así como cuadros priístas inconformes con la designación de los candidatos oficialistas, encontraran un proyecto alternativo al de la familia Moreira, y que se encarnó finalmente en la construcción del proyecto del maestro Arturo Díaz y de la maestra Isela Licerio, respaldados por Mejía Berdeja, como decíamos arriba.
De hecho, la misma Isela Licerio es parte de esta fragmentación que se dio en las alturas del sindicato. La maestra proviene del Partido Nueva Alianza, ligado en sus orígenes a la charra Elba Esther Gordillo, y se sabe que en el pasado Licerio pidió el voto por Miguel Ángel Riquelme, actual gobernador del estado.
Pero el principal factor que empujó la derrota del moreirismo fue el creciente descontento y hartazgo de la base magisterial contra sus dirigentes, cuyo manejo inescrupuloso de las finanzas sindicales colmó la larga paciencia de los trabajadores de la educación coahuilenses, que salieron a votar con la expectativa de expulsar a los charros.
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Por último, y ligado a lo anterior, las protestas callejeras y los paros masivos de la sección 35, así como los plantones de la sección 38, catalizaron el repudio de la base contra los charros, gracias a que la experiencia de lucha contagió de ánimos y de un espíritu de combatividad a miles de maestros que por años cargaban con un miedo inmovilizador que favorecía la perpetuación en el poder del clan Moreira y de los charros.
Sin duda, las expectativas de la base magisterial en la nueva dirigencia sindical es muy grande. Sin embargo, es importante considerar que la derrota del moreirismo fue capitalizada por sectores vinculados al Morena, aunque en las planillas se hayan integrado compañeras y compañeros de base.
A nivel nacional, contamos con la experiencia que hemos hecho con Cepeda Salas, que proclamando al SNTE como “ejército ideológico” de la 4T, ha sido cómplice de las políticas que han seguido afectando nuestros derechos y la educación pública, como la continuidad de la reforma educativa peñista a través de la USICAMM.
Por lo anterior, es fundamental que las y los docentes no depositemos confianza más que en la fuerza de nuestra organización democrática desde las bases, así como en la unidad con madres y padres de familia y otros sectores de trabajadores.
No sólo para vigilar atentamente cada acción de los nuevos comités seccionales, sino también para exigir la convocatoria regular a asambleas en las escuelas y secciones, así como a la movilización para que las autoridades cumplan las demandas que nuestro gremio tiene desde hace años, para combatir cada política contra el magisterio y garantizar que se respete la autonomía e independencia sindical.
Es decir, no permitir que ni el gobierno ni los partidos del régimen (tanto del oficialismo como de la oposición) utilicen clientelarmente a nuestro sindicato, para lo cual hay que impulsar la independencia política de nuestro gremio.
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