Dos trabajadoras heridas con perdigones –una en el rostro–, dejó la represión de la Policía Nacional. Los trabajadores echaron a los represores y exigen la presencia de la ministra Luisana Melo.
Jueves 15 de diciembre de 2016
Pagos y contrato colectivo vencido
La mañana de hoy frente a la sede central del Ministerio de Salud, en Plaza Caracas, amaneció con una multitudinaria concentración de trabajadores y trabajadoras exigiendo la presencia de la ministra Luisana Melo, para que les dé respuestas sobre pagos pendientes y el atraso en la renovación del contrato colectivo, entre otras demandas.
Hay una bonificación de fin de año que, como otros trabajadores en la administración pública, han venido recibiendo los trabajadores del MinSalud en los últimos años, sin embargo, estando a dos semanas de que termine el año, no tienen respuestas al respecto. Es la misma situación por ejemplo, de los trabajadores del Ministerio del Trabajo. Así mismo, llevan tres años ya de vencida la contratación colectiva sin que el ministerio muestre disposición a renovarla: lo que perciben, por ejemplo, por concepto de ayuda para útiles escolares, es la irrisoria cantidad de 100 Bs. al año.
Cobarde y brutal represión
Ni cortos ni perezosos, quienes dirigen el ministerio, que ya sabemos se llama “del Poder Popular”, no tuvieron mejor idea para atender el reclamo de los trabajadores que llamar a la Policía Nacional Bolivariana (PNB) para “desalojar la entrada del ministerio”. Ante la negativa de los trabajadores a dispersar la concentración y alejarse de la entrada, la policía no dudó activar sus escopetas de perdigones y disparar contra la concentración, apuntando incluso al rostro, como fue el caso de una de las trabajadoras que resultó herida en el hombro y el ojo derecho.
¡Fuera! ¡Fuera!
La consecuente indignación cundió entre las trabajadores y trabajadores, lanzando todo tipo de gritos contra la policía y exigiendo su retiro. “¡No somos delincuentes, somos trabajadores!” y “¡Fuera!, ¡Fuera!”, fueron las consignas que llenaron con contundencia el ambiente, con las constantes increpaciones al oficial responsable del piquete policial.
Donde quiera que se movía el oficial al mando fue increpado, tanto por quienes estaban al frente de la protesta como por muchos otros trabajadores y trabajadoras. “¡Cobardes!”, “¡Váyanse!, ustedes no tienen nada que hacer aquí”, eran parte de las palabras que una y otra vez se escuchaban de entre los manifestantes. Mostrándole el cartucho de uno de los perdigones disparados, una de las trabajadoras le reclamaba al policía.
La policía insistía en que “cumplían órdenes” venidas del ministerio. Los trabajadores querían que se fueran. Los policías hicieron algún intento de permanecer bloqueando la presencia de los trabajadores en la entrada del ministerio, los trabajadores vieron a sus compañeros heridos de perdigones y su decisión de deshacerse de la presencia policial fue persistente y firme, cientos exigían a pleno pulmón su retiro. No sin mediar algún forcejeo en que la fuerza de la multitud se impuso, los cobardes represores debieron retirarse.
Al terminar esta nota, los trabajadores siguen concentrados exigiendo la presencia de la ministra.
Dos demandas claves del momento: discusión de los contratos colectivos vencidos, y fuera la policía y la guardia de los conflictos obreros
La situación de los trabajadores del MinSalud es la misma de decenas de miles en otros ministerios, empresas públicas, y también empresas privadas: el vencimiento desde muchos años de los contratos y convenciones colectivas, y la negativa patronal a discutirlos. Es otro de los mecanismos por los cuales nos están descargando la crisis en nuestras espaldas, mantener por el piso, sin renovarlos, los derechos establecidos en los contratos colectivos, mientras la inflación desbocada vuelve nada los ingresos de la clase trabajadora.
Pero también es la misma situación en lo que hace a la interferencia de los cuerpos represivos en las luchas obreras. Es una historia que se repite cada vez más, y desde hace muchos años. Unos de los últimos que lo han vivido son los obreros de Ferrominera del Orinoco, cuya huelga era atenazada entre la coacción judicial y militar; pero también el Estado pone los cuerpos represivos al servicio de la patronal privada, como por ejemplo en INCA OIL.
Hace un tiempo desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y la agrupación juvenil anticapitalista Barricada!, lanzamos la campaña “Basta de militares y policías en las fábricas”. Hoy, junto a la renovación de los contratos colectivos, son dos de las demandas fundamentales de la clase obrera.