Nuevas encuestas y debates, pero siguen sin hablar de verdaderas soluciones para “los de abajo”. Entre el bipartidismo tradicional, la derecha “cool” de C’S y el reformismo de Unidos Podemos, el Régimen del 78 se mantiene a flote.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Lunes 6 de junio de 2016
A falta de escasos días de que se inicie la campaña electoral de los próximos comicios, fechados para el 26 de Junio, los diferentes partidos van calentando motores. Desde los “cuatro vientos” llega la cantinela de que el próximo 26J vuelve a ser una fecha crucial para el pueblo, una cita para arreglar lo sucedido el pasado mes de diciembre y para poder conformar un gobierno.
Pero los programas electorales, y sobre todo, el modus operandi de las diferentes formaciones estos últimos cuatro meses de negociación, muestran de forma clara que los problemas más candentes y estructurales que afectan a la clase trabajadora, las mujeres y la juventud, siguen estando ausentes hoy al igual que lo estuvieron el pasado 20D.
El Partido Popular sigue envuelto en una espiral de corrupción que muestra cada día una trama nueva. La última se centra en la comunidad de Madrid, concretamente en la empresa El Canal Isabel II y acusados del desvío de más de 15 millones de euros que tiene como protagonista a un ex alto cargo del PP vinculado a los papeles de Panamá. A pesar del continuo e imparable goteo de casos de corrupción en las filas populares, los datos demoscópicos muestran que no existe una variación notable en su suelo electoral.
Es por ello que desde Génova confían que el entuerto aritmético, que previsiblemente saldrá de las urnas el próximo 26J, lo resuelva Albert Rivera y C’s con la retirada de su veto a Mariano Rajoy. De cara a los próximos comicios tan solo está previsto un gran acto del PP en Málaga y a apariciones puntuales en televisión, tal y como apuntó ayer Jorge Moragas, director de campaña.
Dentro de la desestabilización que ha sufrido el Régimen del 78, el Partido Popular mantiene, en términos electorales, una mejor salud que su “competidor” tradicional, el PSOE. Por ello desde los despachos de su ejecutiva se preocupan más de hacer poco ruido y de confiar en que C’s haga como en la comunidad de Madrid y facilite un gobierno del Partido Popular.
Por el contrario, la pata "izquierda" del Régimen, el PSOE, se mantiene entre dos aguas. Por un lado, voces cercanas a Ferraz aseguran que el temido “sorpasso” no se va a acabar de materializar. Argumentan que la caída de Pablo Iglesias no será contrarrestada por los votos que suma IU en la coalición. Del mismo modo el núcleo duro del Partido Socialista está convencido que habrá un trasvase de votos desde Podemos a su formación.
El primer mensaje de campaña que han lanzado los socialistas de la mano de su candidato, Pedro Sánchez, es el de la movilización de su electorado. Sánchez ha reconocido que su electorado “se encuentra dormido”. Por ello argumentan que van a dedicar su campaña a “despertarlo y movilizarlo”. El mensaje público se centra en una movilización de fuerzas para evitar lo que todos los sondeos apuntan, el “sorpasso” de la coalición Podemos-IU.
Por otra parte, el pasado domingo se emitió el segundo encuentro cara a cara entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, en un tono mucho menos distendido que en la primera ocasión.
Albert Rivera volvió a mostrar su única baza. Desde C’s buscan ocupar el papel de partido “emergente”, abanderado de la “nueva política”, pero manteniendo, eso sí, ese carácter de “responsabilidad” de Estado.
A lo largo del debate, el candidato de la “derecha cool” destiló un discurso neoliberal, defensor de la economía del mercado y de la unidad de España. En su papel de guardián del “orden”, esta formación surgida de los “laboratorios” del IBEX 35, apela al descontento del electorado con la “casta” y a la crispación surgida por la falta de entendimiento.
Mostrar de forma disimulada, tras el discurso de “necesidad de pacto y cohesión”, su actitud de partido bisagra es la mejor baza para C’s . Su objetivo no se ha movido un centímetro, la renovación del Régimen del 78 más “gatopardista” posible.
Frente a Albert Rivera se encontraba el líder de Podemos y candidato de la coalición Unidos Podemos.
Tras el programa político con el cual concurrieron a las pasadas elecciones y a las paulatinas renuncias que han ido dejando por el camino en estos cuatro meses de negociación con el Partido Socialista, Iglesias no dejó ninguna novedad sobre la mesa del plató que compartió con Evolé y Rivera.
Ya desde el pistoletazo de salida, en el cual defendió sin tapujos su “creencia absoluta en la constitución”, el líder de la formación morada hizo una intervención que antaño hubiera firmado cualquier socialdemócrata.
Defendió en materia de educación la escuela concertada, asegurando que es una cosa a ir “eliminando, pero no de golpe”. Dejó de lado las numerosas estadísticas que muestran la segregación que provoca el sistema educativo concertado por cuestiones económicas, raciales o religiosas.
Del mismo modo afrontó la cuestión del paro y la estructura del mercado laboral en el Estado español desde posiciones neokeynesianas. Apostó por una mayor intervención del Estado en ayudas a pequeñas y medianas empresas y en un aumento del salario mínimo, con el objetivo de reactivar la demanda interna. En este punto, ni una palabra sobre las reformas laborales de Rajoy y Zapatero, ni de la tributación de las grandes fortunas.
Buscó ensalzar la gestión de su formación en los ayuntamientos de Madrid y Barcelona y agarró el mediático anuncio de Ada Colau en el que aseguraba que el ayuntamiento de Barcelona no tendría relación con empresas que estuvieran relacionadas con casos de fraude fiscal.
Un canto de sirena hipócrita que surge desde un ayuntamiento que traicionó a las trabajadoras y trabajadores de Movistar en lucha y que despliega una política anti huelga frente a los trabajadores del metro, en pro de Telefónica y los directivos de TMB respectivamente. Por no mencionar la negociación con el PSC y su líder Collboní, imputado en el caso “Mercurio”, para que entren a formar parte del equipo de gobierno a cambio de la aprobación de los presupuestos.
A inicios del 2015 no había reparos en apoyar a Tsipras públicamente, en asistir a sus eventos de campaña, en definir su proyecto reformista como la esperanza de la izquierda europea. Hoy en día, Podemos o IU no hacen mención a la lucha que en Francia están dando la clase trabajadora y la juventud contra la reforma laboral de Hollande. No es su definición del “centro del tablero”.
El próximo 26J habrá nuevas elecciones, pero el panorama que se dibuja no es nuevo. Una vez más los sectores más golpeados por la crisis verán cómo desde las altas esferas políticas se dejan de lado sus demandas y se opta cada vez más por ocupar el mejor sitio posible en este Régimen del 78 que aún sigue tocado, pero no hundido.