Decimos claramente no al impeachment, pero no podemos luchar en contra del impeachment fotaleciendo al gobierno ajustador de Dilma.

Leandro Lanfredi Trabajador petrolero | Rio de Janeiro
Miércoles 23 de marzo de 2016
Sea con la derecha, sea con el gobierno, millones tomaron las calles en los últimos días. La politización se expresa en cada esquina de la vida del país. Estas movilizaciones tuvieron muy distintas composiciones sociales. Con la derecha predominó una clase media alta, conservadora, sedienta de privatizacines y no por nada se reune frente al pato de la principal cámara patronal del país, la Fiesp, y muchos allí quieren la “mano dura” del juez Sérgio Moro o la política ultrareaccionaria del parlamentario Jair Bolsonaro. En la movilización convocada por el PT fueron muchos jóvenes y trabajadores, junto a un sector de la clase media y a la militancia más activa del PT, bajo el lema de defensa de la democracia. Compartimos el sentimiento de los jóvenes y trabajadores que fueron a las movilizaciones del viernes contra el golpe institucional que la derecha busca implementar, con el impeachment en el Congreso o por las arbitrariedades del poder judicial. Sin embargo, alertamos que el PT quiere utilizar ese sentimiento para fortalecer al gobierno Lula-Dilma, que utilizará el capital político de Lula para implementar los ajustes contra los trabajadores por otros caminos que los intentados hasta el momento, combinando demagogia y algunos cambios en la economía.
La situación política nacional no para de cambiar. Es genera muchas dudas sobre cómo posicionarse. En un momento pareciera que Lula va a ir preso sin condena y entonces se fortalecerían los abusos sistemáticos a los derechos civiles que ya ocurren en morros y favelas, incluso en aquellas donde la “policía pacificadora” (UPP) cuya instalación fue tan apoyada por el PT. En el momento siguiente el PT muestra fuerza e intenta conducir el justo deseo de oposición a los abusos del poder judicial, de los medios, de la derecha, para acallar la necesaria lucha contra los ajustes que ya implementa y que con Lula como superministro serían implementados por otros caminos, usando su capital político.
Día tras día los escenarios cambian. Para guiarse en estos cambios es necesario tener claridad de qué quieren los enemigos y quiénes son. Los intereses de los trabajadores y la juventud son radicalmente opuestos a cualquier alternativa que fortalezca la Fiesp, los tucanos (PSDB), el vicepresidente Temer (PMDB) y sus aliados, que quieren el impeachment. Pero también es igualmente necesaria la lucha contra el gobierno y los ajustes de Dilma.
Después de 13 años de gobierno del PT, ¿cómo es que esta derecha se sintió fuerte? ¿Quién es y qué quiere?
Para gobernar, el PT asimiló los métodos corruptos del PMDB, PSDB y todos los partidos del régimen. Fortaleció una bancada conservadora, de mano dura, del agronegocio y reaccionaria en los derechos humanos. Dio interminables beneficios a los empresarios. Más aun, orientó a los sindicatos a través de la CUT a no luchar seriamente contra ningún ataque de “su” gobierno ni de las patronales. Viendo esto y una elección ajustada, que ocurría al mismo tiempo que representantes más claros de la derecha asumían mejores posiciones en países vecinos –como en Argentina y Venezuela- la derecha se envalentonó y quiere más.
El PT entregó primero los anillos, luego los dedos. Ahora la Fiesp, la mayor federación patronal del país, se sintió con coraje de pedir el brazo entero. Junto con la Fiesp se organizan varios sectores del PMDB y PSDB. Ellos quieren o el impeachmen o la renuncia.
La Fiesp no ahorra gastos, ni siquiera con las viandas con la mejor carne, para financiar a los que quieren el impeachment. La Fiesp está presidida por el excandiato a gobernador de San Pablo por el PMDB, Paulo Skaf. Está muy ligado a otro importante miembro del PMDB, ni más ni menos que el vicepresidente de la República, Michel Temer. La trama es para dar envidia a cualquier guionista de teleserie. Los tucanos también se alínean tras este interés.
¿Qué quieren? Tener un gobierno más fuerte para implementar muchos ajustes más. Implementar una “agenda Brasil”, como formuló el presidente del Senado Renan Calheiros (PMDB) o “un puente para el futuro” como dijo Temer. Una serie de propuestas que privatizan las empresas estatales, recortan salarios, elevan la edad de jubilación y llegan al extremo de terminar con la salud pública extinguiendo el servicio de salud pública (SUS).
Estos serán los principales ganadores de un impeachment o de una renuncia. Formarían un gobierno lleno de empresarios de la Fiesp y tucanos para implementar estos ataques. Este es el principal motivo por el que hay que estar en contra del impeachment.
Otro motivo para oponerse al impeachment es por que no reconocemos que una casta de jueces que nadie votó o un Congreso notoriamente corrupto tenga la autoridad para destituir a quien el pueblo eligió. Solo el propio voto popular podría revocar los mandatos de políticos que no cumplen lo que prometieron, como es el caso de Dilma.
El poder judicial es un arma auxiliar de las clases dominantes
Esta crisis ha mostrado un lado oculto del Estado brasilero. Un montón de privilegiados con supersueldos y superprivilegios, que nadie nunca eligió, que se creen verdaderos dioses, como hemos visto en varias denuncias toda la semana, que han llegado al colmo de mandar a la cárcel a quienes los paren en un retén policial, se creen por encima del bien y del mal para determinar a quién castigan y a quién dejan impune, qué seguir y qué no seguir en la Constitución.
Esto es lo que está haciendo la operación "Lava Jato" que investiga los esquemas de corrupción de Petrobras. Mano dura con el PT y los empresarios ligados a este partido y ninguna escucha, castigo, investigación a los tucanos, al PMDB y otros partidos del régimen y otros empresarios amigos de estos. El más reciente absurdo del poder judicial fue impedir que Lula, que no ha sido siquiera condenado, asuma un cargo de ministro. Collor de Mello, Paulo Maluf y otros miles de tucanos pueden tener cien mil condenas y aun así gozan de cargos públicos. Es decir, el judicial está eligiendo a quién ataca para favorecer la formación de un nuevo gobierno más fuerte. Más fuerte para atacarnos.
Con el impulso de sectores más conservadores de las clases medias que toman las calles, el poder judicial también ensaya otra respuesta que sería mostrarse "por encima del bien y del mal", atacando también al PSDB y al PMDB, para erigir él mismo un nuevo "régimen" que haga exactamente lo mismo que proponen los defensores del impeachment, más ataques a los trabajadores.
El PT y Lula quieren apoyo para un gobierno que también implementará ataques
El PT logró poner a cientos de miles en las calles. Fue una demostración de fuerzas como ninguna otra. Lo hizo en medio de interminables denuncias de corrupción y con un gobierno que nos ataca diariamente. Logró hacerlo porque muchos jóvenes y trabajadores están viendo a todos los desmanes del poder judicial, de la Rede Globo, de la revista Veja, de los tucanos, de Temer...
Compartimos el sentimiento de odio a la derecha que muchos jóvenes y trabajadores expresaron el pasado viernes, habiendo ido o no a la movilización convocada por el PT. Sin embargo, queremos dialogar con todos ellos sobre la necesidad de buscar una posición independiente frente al PT, ya que sus planes en la práctica van en el sentido de rearmar un gobierno con Lula al frente, que pueda recomponer cierta unidad de la burguesía nacional para seguir implementando los ajustes.
Es decir, desde lo alto de la popularidad de la que todavía goza y con su imbatible oratoria, busca hacer mucha demagogia, hacer uno u otro cambio en la economía para dar más crédito al consumo en los bancos públicos, por ejemplo, pero seguir al mismo tiempo con ataques como la reforma previsional, que aumenta la edad de jubilación. Hay que estar en contra del impeachment, en contra de los desmanes del judicial, pero también en contra de un nuevo gobierno ajustador con Lula al frente.
Cómo combatir el impeachment sin fortalecer un gobierno de los ajustes de Lula y Dilma
No podemos confundirnos de ninguna manera con propuestas que harán que la Fiesp, los tucanos, Bolsonaro, el movimiento Brasil Livre (MBL) y demás se fortalezcan. Los grupos políticos de izquierda que defienden el "que se vayan todos", "elecciones generales" y variantes pueden hacer formulaciones distintas a las de la derecha, pero en la práctica actúan fortaleciéndola.
No existe ningún "que se vayan todos" ganando las calles que no sea el "fora Dilma", y este pude darse por acción del parlamento o del poder judicial hoy, y en resumen esta posición es de hecho un "que asuma Temer-Fiesp-tucanos". Si existe un "que se vayan todos" que sale a las calles, es capitalizado por la clase media, lleno de ilusiones en la justicia y antipolítico, no en un "sentido social", termina siendo entendido en realidad como un pro-Bolsonaro, pro-Moro.
Por eso decimos claramente no al impeachment. Por otro lado, no podemos luchar en contra del impeachment cerrando los ojos a los ataques del gobierno de Dilma y los intentos de recomponer el gobierno con Lula, que como alertamos, implementaría aun que con cambios y demagogia los ajustes contra los trabajadores. Por eso el MRT insiste en que los sindicatos insiste en que los sindicatos, centrales sindicales, deben romper inmediatamente con el gobierno de Dilma para organizar un movimiento nacional contra los ajustes de Lula, Dilma y la impunidad.
Todos están hartos de saber que el PT, los tucanos, el PMDB y varios otros políticos y jueces están metidos hasta el cuello en la corrupción. No será de las manos de un juez que gana 80 mil reales por mes e realizó entrenamiento en el Departamento de Estado de Estados Unidos, como es el caso del juez Sérgio Moro, que tendremos algún combate a la corrupción.
Para terminar con un Estado intrínsecamente corrupto, heredero de la esclavitud, del latifundio, de la masacre de los pueblos indígenas, fundado en la explotación del trabajo y que protege a la propiedad y la ganancia, nosotros, socialistas revolucionarios del MRT, defendemos otro tipo de democracia, radicalmente distinta de esta democracia de sobornos y escándalos de corrupción recurrentes que tenemos.
Defendemos un gobierno de los trabajadores que rompa con el capitalismo y el imperialismo y que los trabajadores a través de su organización por lugar de trabajo controlen todas las riquezas y rumbos del país. Sabemos que la mayor parte de los trabajadores no defiende esta perspectiva, y muchos de ellos están tocados con los abusos del poder judicial, los medios, la Fiesp y quieren "defender la democracia".
Por eso, proponemos que junto a nosotros no defiendan una democracia de Lava Jato, sino una democracia donde los propios trabajadores y el pueblo sean quienes decidan los rumbos del país, desde cómo combatir la corrupción y cómo terminar con los ajustes de una crisis que no hemos generado nosotros.
Proponemos una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, basada en la movilización independiente de los trabajadores y la juventud contra los ajustes, la impunidad de los poderosos. En una asamblea como estsa, basada en el voto popular, se podría imponer que todo caso de corrupción fuese juzgado por jurado popular, que cada cargo público de los jueces a los parlamentarios sean elegidos y revocables y no tuviesen privilegios, o sea, que ganen todos como una maestra.
En una asamblea como esta, el MRT buscaría que toda la izquierda luchase también para imponer el fin de la sangría de recursos del país hacia el imperialismo por la vía del pago de la deuda y la entrega del petroleo, que luchásemos por la reestatización bajo control de los trabajadores de Petrobrás, Vale y todas las empresas privatizadas en esta democracia de la Lava Jato. Estos amplios recursos permitirían terminar con los ajustes y garantizar nuestros intereses como salud, educación, empleo y salario.