El presente artículo es la primera entrega de una serie de elaboraciones sintéticas que tienen como objetivo abordar la relación entre naturaleza y capital, así como un diagnóstico del cómo enfrentar la crisis ambiental actual, que se puede resumir con la siguiente frase “La crisis ecológica no es más que una expresión de la crisis de la sociedad capitalista actual”.
Lunes 9 de septiembre de 2019
La noción de naturaleza tiene muchas acepciones, nosotros, por ahora, nos conformaremos en entenderla como el mundo exterior en el que se produce y reproduce la vida y donde conviven sin número de especies y poblaciones.
Aproximadamente desde el siglo XVIII la naturaleza se convierte puramente en objeto para sí a objeto de la gran industria del capital. Sus ciclos (como el del agua) no son más que una traba para el desenvolvimiento del capitalismo que con una técnica cada vez más refinada, busca acelerar, alentar o simplemente detener. Pasa por encima de las barreras y prejuicios nacionales operando destructivamente contra todo (tradiciones, costumbres, visiones, etc.) derribando todo obstáculo del desarrollo de las fuerzas productivas, ampliando necesidades y explotando las fuerzas naturales y a la clase trabajadora [1].
Para Marx y Engels, en lo fundamental no existe una separación neta entre naturaleza y sociedad, por lo tanto, tampoco existe ninguna diferencia metódica entre las ciencias naturales y las sociales. Mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los seres humanos se condicionan recíprocamente.
Los ideólogos de la clase dominante crean la oposición entre naturaleza y humanidad, al excluir de la historia la relación productora de los humanos con la naturaleza [2]. Por ende, no existe una lucha entre humanidad contra los ecosistemas.
Esta división la creo la burguesía, para desorientar a la población laboriosa y justificar su depredación contra el planeta. La humanidad requiere forzosamente de la naturaleza, para reproducir su vida, deben mantenerse en un interrumpido proceso de intercambio con el exterior.
Esto, por sí mismo, no es un problema. El punto viene cuando dicha necesidad está subordinada a la forma de producción capitalista. Es decir, el simple hecho de que las personas tomen de la naturaleza lo que necesitan para vivir no es bueno ni malo, simplemente es. La cuestión aparece, cuando un modelo de reproducción de la vida exige una acumulación ilimitada a un mundo limitado, basado principalmente en la explotación del hombre por el hombre.
Luego del adelanto de la técnica, ¿cómo el capitalismo ve a la naturaleza? la ve como simples recursos naturales. La definición anterior supone el carácter ilimitado de la naturaleza, como si los recursos naturales no se agotaran, ya que implica el eterno uso de materias primas (no importando si son o no son renovables) y que a su vez, el aprovechamiento de los recursos tienen que resistir el constante aumento de los ritmos de producción, que por ende necesitan más materia.
En otro sentido, la estructuración del sistema-mundo capitalista había convertido a América Latina desde la independencia en una reserva de materias primas. Si bien, luego de la Segunda Guerra Mundial existió cierta industrialización, ésta siempre estuvo subordinada a la producción de los Estados Unidos. Por tanto, la industria nunca tuvo un rumbo independiente (por ejemplo, de pasar de industria ligera como la de los alimentos a una industria pesada), sino que se armaba y desarmaba según los exigencias de las industrias imperialistas.
Los pueblos de América Latina y el Caribe habitan un territorio en el que crecen el 22% de los bosques y el 40% de la biodiversidad del planeta. Casi un tercio de las reservas mundiales de cobre, bauxita y plata son parte de sus riquezas, y guarda en sus entrañas el 27 % del carbón, el 24% del petróleo, el 8% del gas y el 5% del uranio (sin contar las nuevas en exploración); alberga uno de los mayores depósitos de litio y niobio a nivel mundial y sus cuentas acuíferas contienen el 35 % de la potencia hidroenergética global.
Con estos datos, no es de sorprender que el imperialismo estadounidense tenga políticas tan agresivas hacia la región, como: invasiones, golpes de Estado, bloqueos económicos, etc. Correspondiendo a la lógica extractivista del capitalismo.
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