Después de semanas en las que la administración actual venía minimizando la crisis sanitaria en el país, al grado de llamar a “salir y hacer vida normal”; hoy la situación se vuelve crítica y se llama desde el gobierno a quedarse en casa. Se ha dicho claro que la crisis podría saturar los servicios de salud y traer muchas muertes. Entonces, ¿por qué la gente sigue saliendo?
Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Lunes 30 de marzo de 2020
Quedarse en casa es poco viable, si no imposible, para el 57 % de los trabajadores en el país que laboran en la informalidad. Los vendedores al por menor, trabajadores de la construcción, trabajadores del transporte, las personas ocupadas en la preparación y venta de alimentos, así como los trabajadores del turismo y muchos otros, viven en su mayoría al día. Quedarse en casa implica para estos sectores no generar ingresos que cubran sus necesidades básicas.
Ese trabajo informal sostenido por mujeres y hombres que no cuentan con estabilidad laboral, derecho a la salud o la vivienda, genera para el país 4.7 billones de pesos, equivalentes al 23 % del PIB (producto interno bruto).
Frente a la pandemia por el COVID 19 serán éstos, junto a los precarios y los despedidos quienes tengan peores condiciones para enfrentarla, pues no solamente tienen negado el acceso a la seguridad social y la salud, son los mismos que si paran hoy su labor mañana no comen. Al final quedan dos caminos para esta importante población: arriesgarse al contagio o enfrenta la hambruna.
En esta situación afirmar que quienes no se quedan en casa son imprudentes o irresponsables, no solamente es egoísta (pues en muchos casos se afirma desde la realidad propia que permite realizar el aislamiento) e incorrecto, sino que termina eliminándole toda responsabilidad al estado.
Y a todo esto, ¿cómo evitar que la gente salga?
El mismo estado que destina cifras millonarias para la ilegítima e impagable deuda pública (538,349 millones de pesos tan sólo este año), o garantiza que un puñado de grandes empresarios acapare obscenas fortunas a costa de la explotación de les trabajadores que en México laboran en jornadas de hasta 16 horas a cambio de salarios de hambre. Ese mismo estado hoy tiene la responsabilidad de garantizar las medidas mínimas para evitar la propagación de este virus.
Evitar elegir entre arriesgarse al contagio o vivir hambruna es clave y posible en un país lleno de fuentes de riqueza. Por ello, el estado debe garantizar subsidios de emergencia para todos los trabajadores informales y precarios, así como los trabajadores de las actividades no esenciales. Para que el resto de los trabajadores no teman perder sus empleos, deben prohibirse además los despidos durante y después de esta crisis sanitaria.
En el caso de las actividades esenciales es decir producción de alimentos, energía, la industria farmacéutica y el transporte, etc., creemos que los trabajadores sólo pueden seguir operando si las patronales garantizan todas las condiciones necesarias para evitar el contagio y asegurar su salud e integridad. Ello conlleva que todo el personal de alto riesgo vaya a aislamiento percibiendo íntegramente su sueldo, al igual que todos los sectores no esenciales durante la contingencia. Que sean los trabajadores, organizando comisiones de salud e higiene, los que decidan democráticamente si hay condiciones o no para seguir laborando.
Más allá de juzgar a individuos que hoy deciden salir, son necesarias medidas colectivas que garanticen el aislamiento masivo.
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Es necesaria la instalación de cocinas comunitarias en las colonias en las que se elaboren y distribuyan alimentos para evitar que la niñez, las personas de la tercera edad y toda la población en cualquier situación de vulnerabilidad pueda alimentarse nutritivamente.
Debemos pensar además, que como han señalado ya varios especialistas el testeo masivo es una medida fundamental para ubicar los brotes de contagio, aislar y evitar la propagación. Sumado al aislamiento, es fundamental tomar esta medida.
Desde La Izquierda Diario las mujeres y los hombres que nos organizamos en el Movimiento de los Trabajadores Socialistas exigimos que se tomen las medidas necesarias para que el pueblo pobre y trabajador no enfrente esta crisis sanitaria con hambre, o desesperación al intentar acceder a los servicios médicos y demás penurias. Ante las grandes crisis, creemos que es necesario que se tomen grandes medidas.