Algo elemental que habría que señalar al hablar del gobierno de AMLO es que expresa discontinuidad y continuidad de los gobiernos del régimen de la alternancia, y por lo tanto si es o no un nuevo régimen que sustituye al “ancien régime″ (tanto en lo político como económico, es decir si cambió la superestructura y el modelo de producción).
Martes 31 de diciembre de 2019
El principal elemento de la polarización política existente tiene su explicación natural en el surgimiento de la forma de hacer política de AMLO –rompiendo esquemas de los viejos partidos tradicionales–, en la relación acordada con el sector empresarial más fuertes del país –intentando un cambio en la relación de fuerzas entre el empresariado y el poder oficial–.
Así como también en el uso del erario federal, que fue siempre fuente de riquezas de la clase política mexicana y fortaleza de la maquinaria electoral que fue el PRI –dado el uso clientelar de las arcas nacionales.
El ariete de la campaña contra la corrupción molestó a todos los sectores que se beneficiaban del uso del poder –aunque el presidente ha evitado la confrontación con Peña Nieto, y sus lazos políticos, que le sirve más como aliado estabilizador que en la cárcel.
En la cancelación de los contratos con muchas empresas ha provocado una respuesta muy dura de los sectores más derecha –empresarios, intelectuales a servicio del régimen y medios comunicación–, pero no es la confrontación que muchos pronosticaban –fuga de capitales, caída del peso, etc. –, pues AMLO y los inversionistas se necesitan mutuamente.
Pero el año a también termina con descontento de sectores de trabajadores, campesinos e indígenas que, lejos de ver cumplidas sus expectativa con el “gobierno del cambio”, han visto avasallados sus derechos o territorios. Es una polarización que los desplazados por el nuevo gobierno intentan aprovechar para mostrar a un gobierno que atraviesan una gran crisis (sin que por ello se niegue que habido momentos críticos de la nueva administración.
Crisis de los partidos tradicionales
Sin embargo, el espectro político nacional (favorable a la 4T) muestra la crisis que arrastran los principales partidos patronales (PRI-PAN-PRD), augurando un largo período de debilidad, en el cual, el intento de recomponerse y mostrarse atractivos a una población que la repudió masivamente, parece pasar por una reorganización que puede implicar rupturas, políticas pragmáticas de subsistencia, e incluso la desaparición como órganos que representan a fracciones de la burguesía y la pequeña burguesía.
Los avances del Morena en el Congreso de la Unión (donde es mayoría) son una muestra de la impotencia de la oposición ante el gobierno en el poder. Por lo que la estrategia de insistir en mostrar a AMLO –pese a su gran legitimidad– como “el peligro para México”, no le sirve para recomponerse.
Sin embargo, el gobierno no busca romper con la clase dominante, o sus principales sectores, sino buscar nuevas formas de negociación entre los hombres de negocios y el poder ejecutivo. A cambio, les ofrece los conocidos "megaproyectos”. ¿Qué gobierno que se asuma como antineoliberal puede tener como principal aliado político a Carlos Slim, el hombre más rico del país?
Pero tampoco AMLO muestra independencia respecto del gobierno de Estados Unidos, como lo evidenció la aceptación de contener en territorio mexicano a la migración centroamericana que busca llegar a los Estados Unidos y un T-MEC al gusto de Trump.
La suya es una política que depende del humor con que despierte el presidente estadounidense. Ese es uno de los puntos más débiles de la 4T.
El acercamiento a las iglesias evangélicas
Durante su campaña electoral, López Obrador hizo un repaso histórico del rol reaccionario de los conservadores –muy ligados a la Iglesia– durante la Guerra de Reforma. Por lo cual se declara el gran juarista (además de maderista, semi cardenista, etc.) que iba a combatir esa ideología, con todo los fines materiales que ésta persigue. Baste ver su alianza electoral y parlamentaria con el reaccionario PES, así como los pastores evangélicos de este partido, hacen propaganda sobre la moral usando la Biblia en actos de concientización organizados por el Morena.
En este aspecto, la 4T es más regresiva que los gobiernos del PRI y el PAN que han hecho concesiones (hasta constitucionales) al clero mexicano. Así, AMLO busca equilibrar tanto la relación entre los partidos del Congreso –el PRI ha votado varias leyes del Morena–, como en el sector empresarial, y también con los ministros de los principales cultos en el país.
Este empoderamiento de los evangelistas será fuente de futuras contradicciones que sufrirán no solamente en el partido gobernante, sino que incidirá en los sectores progresistas que apoyan este gobierno.
Estrategia de seguridad en crisis
Pero uno de los principales problemas que enfrenta el autollamado nuevo régimen, es el fortalecimiento del narco, que no parece tener solución. Una situación de crisis que ha provocado la muertos y ejecuciones que en el último año de gobierno del PRI.
Una vez demostrada la fallida estrategia de la militarización –como continuidad de la estrategia de Peña Nieto– como lo ejemplifica la “batalla de Culiacán” donde la Guardia Nacional tuvo que dejar libre a Ovidio Guzmán (hijo de Chapo Guzmán), pareciera que el gobierno está obligado a pactar con los cárteles de la droga.
Sin embargo, el segundo año de gobierno puede ser el más conflictivo y desgastante para López Obrador, si el país se sigue llenando de muertos y desaparecidos. Sobre todo, si la economía no sale de su bache, el capital político del presidente “antineoliberal” puede verse mermado de manera considerable,
La ambición de los caudillos y una economía débil
Pero las baterías que pueden horadar más la fortaleza de 4T se encuentran en los arsenales del propio Morena, donde las peleas intestinas por los cotos de poder (diputaciones, gubernaturas y presidencia) como prolongación de las batallas que estos sectores empezaron desde que militaban en el PRD, cimbrará el proyecto de largo alcance de AMLO.
Ante una eventual escalada de la crisis del Morena, y con la crisis de representación de los partidos patronales (la izquierda no está representada en el Congreso), no existe ninguna propuesta alternativa (la centroizquierda no orgánica) no está organizada siquiera. Por lo que es probable que la centroizquierda del Morena, desencantada de los giros de derecha del observador, empiece a romper con este proyecto más adelante.
Se equivoca el presidente se apuesta a los insuficientes planes asistenciales (que no son siquiera neokeynesianos), para mantener su legitimidad.
¿En el segundo año de gobierno de la 4T, AMLO –como pragmático que es– tendrá que cumplir con meter a la cárcel a la mafia del poder (Calderón, Peña Nieto) para ganar credibilidad y eliminar a los oponentes?
¿Enfrentará en la arena política a los partidos que, dada su debilidad, le permiten al observador un margen aceptable de gobernabilidad?
Por lo pronto, el cómo solucione la crisis abierta con el gobierno golpista de Bolivia, será un factor que puede mejorar su imagen, o quedar como un gobierno impotente frente a un gobierno sín legitimidad y sin el potencial económico y estratégico de México.
Su regalo de Navidad del Santa Claus Trump es la captura en Estados Unidos de Genaro García Luna, el súper policía que protegió a Chapo Guzmán desde su papel como jefe de la AFI y como director de la Secretaría de Seguridad Pública, a cambio de millones de dólares.
Es su pieza fuerte para presionar y arrodillar a los grupos políticos que encabezan Fox. Calderón y Peña Nieto.

Mario Caballero
Nació en Veracruz, en 1949. Es fundador del Movimiento de Trabajadores Socialistas de México.