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Red Internacional
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Coronavirus. Con 6.000 casos en Euskadi, para el PNV parar empresas es “una falta de respeto”

A fecha del 30 de marzo, Euskadi cuenta con más de 6000 casos y 300 muertos por COVID. Ante el anuncio del Gobierno de un supuesto cierre de los servicios no esenciales, el PNV muestra su “sorpresa” y critica la medida como una “falta de respeto”.

Lunes 30 de marzo de 2020

"Desde el Gobierno español se nos aseguró que esta medida no se iba a adoptar”.

Estas fueron las palabras de Urkullu ante la paralización de actividades económicas no esenciales que el Gobierno prometió frente a la pandemia de COVID19. Aunque muchas empresas consideradas descritas como no esenciales han continuado poniendo en riesgo a sus trabajadores en la total impunidad, el mero anuncio ha hecho saltar las alarmas en el PNV, que ha descrito la medidas como una “política de tierra quemada”.

No nos resistimos a reproducir la declaración del portavoz del Euskadi Burubatzar, Koldo Mediavilla, digna de comentario de texto para explicar la lucha de clases como un extracto que podría ser de Rockefeller o Henry Ford:

"Sindicatos y partidos instalados en la confrontación, que reclaman el cierre total de la actividad productiva para, a renglón seguido, exigir de las autoridades gubernamentales el amparo, la protección y el subsidio de todo el personal parado. Demagogos reivindicativos que sólo hablan de ’derechos’ y jamás de ’deberes’”

Esta es la postura de partido histórico de la burguesía vasca, mientras algunas plantillas se organizan contra el virus y la irresponsabilidad de la patronal con la salud de otros. Por ejemplo, en Vitoria-Gasteiz fue la plantilla de la fábrica de Mercedes, la más grande de Euskadi con 5.000 puestos de trabajo, quien paró ante la inacción de la empresa.

Empresas como ésta aprobaron ERTEs masivos, es decir, las que quisieron mantener la producción -en muchos casos sin la seguridad necesaria-, ahora le pasan la factura al Estado, para que costee el pago de los salarios y las cotizaciones. Esta socialización de las pérdidas es una práctica histórica de los capitalistas, en este caso avalada por el gobierno “progresista” y las principales direcciones sindicales.

Por otra parte, el Estado de Alarma también se cuela dentro de las empresas. ¿Para proteger a los trabajadores? No, para impedirles protestar por sus condiciones laborales inseguras ante el COVID19. Así ha sucedido en Basauri Sidenor, donde mientras el trabajo se mantenía, la Ertzaina entró al recinto a prohibir una protesta.

Esto sucedió el 27 de marzo, el día del llamamiento Haserre Gaude, una serie de concentraciones desde los centros de trabajo y protestas en los balcones convocada por los sindicatos ELA, LAB, ESK, Hiru, Steilas y Etxalde. Este llamamiento fue seguido por colectivos como las trabajadoras de limpieza y sanidad del Hospital de Cruces en Barakaldo -el hospital más grande de Euskal Herria- o las plantillas de residencias, ambulancias o supermercados

Mientras tanto, miles de empresas cuya producción no es esencial para enfrentar la crisis, siguen obligando a sus trabajadores a trabajar sin las mínimas condiciones de seguridad produciendo mercancías inútiles, solo para salvar sus ganancias y no la salud de la población. ¿Habría que cerrarlas? ¿O tal vez aplicar condiciones de seguridad y reorientarlas hacia el combate del COVID19?

Pero, ¿esto es posible? Para saberlo bastante con mirar a las reconversiones de la producción para hacer bombas, máscaras de gas y tanques en las guerras mundiales a una escala mucho mayor. Pero también a los respiradores diseñados por los trabajadores de la SEAT o por estudiantes con impresoras 3D. Es técnicamente posible.

Se puede poner inmediatamente a las industrias adaptables a producir masivamente respiradores artificiales, tubos endotraqueales, monitores cardio-respiratorios, y otros elementos necesarios para dotar a las UCI de los equipamientos necesarios. Se puede poner los cientos de miles de camas hoteleras vacías a ser camas hospitalarias más dignas que una hamaca en un pabellón.

Esa decisión no la va a tomar la patronal. Esa decisión le corresponde tomarla a los propios trabajadores y trabajadoras. Son quienes más conocen de primera mano qué empresas deben cerrar y cuáles deben permanecer abiertas, qué condiciones de seguridad y turnos de trabajo son seguras, y cómo fabricar los equipamientos necesarios para ganar la guerra contra el virus (y contra la desidia capitalista).


Jorge Remacha

Nació en Zaragoza en 1996. Historiador y docente de Educación Secundaria. Milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.