El ex mayor de los Mossos d’Esquadra declaraba este jueves en el juicio contra los líderes soberanistas y sitúa al cuerpo policial catalán en la línea del acatamiento al orden constitucional y contrario al 1-O.

Arsen Sabaté Barcelona | @ArsenSabate
Jueves 14 de marzo de 2019
Este jueves ha sido el turno de Josep Lluís Trapero, ex mayor de los Mossos d’Esquadra, en el juicio del Supremo contra los líderes soberanistas por el 1-O.
Durante los últimos días el testimonio de Trapero había generado gran expectación en los medios de comunicación al tratarse de la máxima autoridad policial de los Mossos, cuerpo que depende del Govern de la Generalitat de Catalunya. Y el mismo que fue cesado de su cargo tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución por parte del Gobierno de Mariano Rajoy.
Es probable que algunos sectores del movimiento independentista catalán albergaran aun alguna ilusión respecto al papel que mantuvo tanto el propio Trapero como el cuerpo de los Mossos d’Esquadra durante el 1-O y los días previos. Un cuerpo al que durante esos días, y aun con el recuerdo en las retinas de los atentados de Barcelona y Cambrils el 17A, se le cantaba "esta es nuestra policía" -haciendo referencia al rechazo a la Policía Nacional y la Guardia Civil-.
Sin embargo, el propio Trapero se encargaba este jueves de disipar cualquier duda. Reveladora de ello ha sido la sentencia que mantuvo sobre la declaración de independencia de Catalunya el 27 de octubre, señalando "los Mossos tenían un plan de actuación por si hiciera falta detener al president Puigdemont y a los consellers del Govern".
No obstante, la mayor parte de su testificación se detuvo en los hechos del 1-O y el 20S. El ex mayor declaraba que el cuerpo de los Mossos d’Esquadra actuó en todo momento acatando las ordenes de primero la Fiscalía y después del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya con respecto al 1-O y manifestaba que "lo que la jueza ordenaba a la parte dispositiva nunca se puso en un segundo plano. Los Mossos d’Esquadra cumplieron con el mandato judicial en todo momento".
Eso es algo que sin duda quedó de manifiesto el mismo 1-O y que desde Izquierda Diario hemos mantenido en numerosas ocasiones, y es que como mantuvo en su declaración el propio Trapero, "los Mossos d’Esquadra requisaron 90.000 papeletas durante el 1-O y más de 400 urnas. Además, se cerraron 139 colegios y evitaron que otros 250 abrieran para las votaciones".
Además, Trapero justificaba la intervención de los Mossos durante el 1-O señalando que "en los informes que él recibía se informaba de que podía haber problemas en algunas zonas concretas a causa de la posible presencia de grupos radicales". Algo que delimita totalmente su posición con la del movimiento independentista que como se ha visto en reiteradas ocasiones actuó de forma pacifica y defendiéndose de la brutal represión de la Policía Nacional y la Guardia Civil.
Pero si hay algo en lo que Trapero partió aguas durante la declaración fue en el posicionamiento del cuerpo de los Mossos durante los días previos al 1-O. Respondiendo a la Fiscalía, Trapero manifestaba haberse sentido incomodo tras la llegada de Joaquim Forn como responsable de la conselleria d’Interior y las declaraciones que este hizo sobre el papel que mantendrían los Mossos durante el 1-O y tachaba al ex conseller de irresponsable. "Las declaraciones de Forn sobre los Mossos se recibían de forma negativa dentro del cuerpo, sobretodo cuando ya había instrucciones de la Fiscalía encima de la mesa", sentenciaba el ex mayor.
Unas declaraciones que, de nuevo, sitúan al cuerpo de los Mossos d’Esquadra a las ordenes de la Fiscalía y del poder judicial ante las aspiraciones de millones de catalanes por el derecho a la autodeterminación, como lo demuestra también que el propio Trapero argumentara que "el 1-O generaba inquietud al cuerpo porque era un acto ilegal que impulsaba la Generalitat".
Queda claro entonces que la campaña mediática de aquellos meses convulsos en los que algunos sectores cantaban "esta es nuestra policía", no es nada más que eso, una campaña mediática del Govern de la Generalitat en su pulso con el Régimen del 78. De la misma forma que han dejado claro algunos de los líderes presos durante el juicio que la declaración de independencia era solamente simbólica.
Así como no es posible la consecución del derecho a la autodeterminación de Catalunya bajo la hoja de ruta de la dirección de los partidos burgueses de PDeCAT y ERC, negándose a respetar el mandato popular del 1-O, mucho menos será posible de la mano del brazo armado del Régimen. Los Mossos d’Esquadra se cuadraron desde el minuto uno al orden constitucional y se situaron, como no puede ser de otra forma, en contra las aspiraciones democráticas de millones de catalanes.
Al fin y al cabo, no es necesario que Trapero haga pública la posición de los Mossos, pues el verdadero rostro de las fuerzas y cuerpos de seguridad catalanas es el de la represión contra el movimiento independentista a las puertas del Parlament el 1 de octubre de 2018, un año después del referéndum, o el 29 de septiembre, dos días antes, cuando cargaron contra cientos de jóvenes y defendieron la manifestación de la Jusapol con motivo de la celebración de la represión un año antes.