El martes pasado Cavalieri firmó una readecuación de las paritarias para el Sindicato de Empleados de Comercio, que llevó el aumento salarial al 25%, luego de que el Gobierno admitiera que el 15% quedó enterrado por la crisis económica y política que atraviesa. Intentan que ese aumento sea el techo de la revisión salarial para los demás sindicatos.
Mirta Pacheco @mirtapacheco1
Jueves 5 de julio de 2018
El bolsillo de los trabajadores continúa perdiendo. Esa es la primera conclusión a la que se arriba cuando se observan las negociaciones entre la CGT y el Gobierno de Macri.
Con la revisión paritaria firmada por Armando Cavalieri, con la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la Confederación argentina de la Mediana Empresa y Jorge Triaca, ministro de Trabajo, el sindicato de Comercio se convierte en el primero en firmar por un 25%, luego de que en abril, al igual que varios dirigentes sindicales enrolados en la CGT, firmaron por un 15%.
Ese porcentaje lo habían rubricado cuando ya el primer cuatrimestre arrojaba una inflación del 9%, al día de hoy ya mide lo mismo que esa dirigencia había firmado para todo el año.
Luego del paro general del 25 de junio, que demostró la potencialidad de la fuerza de la clase trabajadora para enfrentar las medidas de ajuste de Cambiemos y sobre todo mostró quién genera valor en el país, y frente a los días de la corrida cambiaria, con la consecuente devaluación del peso, al Gobierno no le quedó otra que hacer, a su manera, un reconocimiento de esa realidad y aceptó las clausulas de revisión.
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Ahora Cambiemos pretende que ese 25% sea el nuevo tope para las paritarias, pero sin posibilidad de una nueva reapertura. Conclusión lógica: los salarios vuelven a perder, porque hasta en la letra chica del acuerdo con el FMI se reconoce que cuando finalice el año, la inflación rondará del 30 al 32%.
Pero el acuerdo que firmó Cavalieri, ahora utilizado como negociación testigo, otorga solo un 3% de aumento en octubre (cuando le lleguen con un nuevo aumento, a las familias del pueblo trabajador, las boletas de gas y energía), otro 3% en noviembre y el restante 4% recién será otorgado en enero del año que viene. Estos porcentajes, además, no son acumulativos.
Si se suman todos los aumentos para este año, los empleados de Comercio –que estén en blanco- , recibirán un 21% de incremento salarial, o sea que estarán perdiendo más de un 10% frente a la inflación.
No es de extrañarse. El “capo” (así se maneja Cavalieri, y el resto de la dirigencia sindical cegetista, como capos de la mafia) de Comercio había declarado, cuando en marzo firmó por el 15%, que “el acuerdo es muy satisfactorio”.
Esas negociaciones solo pueden ser satisfactorias para el Gobierno, y los empresarios, que buscan pisar los salarios, bajar –aún más- los presupuestos en salud y educación, continuar con los aumentos de tarifas de servicios y transporte, todo para cumplir con las metas que impone el Fondo Monetario.
Si los trabajadores probaron de esta medicina, despidos incluídos, sobre todo en el 2016 y este año, Cambienos se lo tiene que agradecer fundamentalmente a dadores de gobernabilidad como el PJ y a la invaluable ayuda de una CGT que esperó 6 meses, luego del último paro de diciembre –al cual ni siquiera adhirieron todos los sindicatos-, para llamar a una paro general.
El llamado a esta medida de fuerza tenía la intención, como dijo el mismo Carlos Acuña, uno de los triunviros de la CGT, de “desahogar”. Es decir descomprimir la enorme bronca y el descontento con el Gobierno Nacional, pero sin darle continuidad con un plan de lucha, con paros y movilizaciones, que pueda hacer caer las medidas anti populares de Cambiemos. El paro, más allá de las intenciones de la burocracia sindical, demostró que fuerzas para eso hay.
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Ahora se espera que sindicatos que ya firmaron ese vergonzoso 15%, busquen nuevas negociaciones para reactivar la clausula de aumento. Esta no es automática, pero ya Cambiemos rendido ante la realidad de no poder sostener ese mísero porcentaje, buscará que el nuevo techo sea del 25% y en cuotas.
En esta puja y por la misma crisis política, los reacomodamientos están a la orden del día entre los dirigentes sindicales, sobre todo a medida que se aproxima el 22 de agosto, cuando la CGT deberá renovar su dirigencia.
La foto de Hugo Moyano, junto a Pignanelli del SMATA, Leonardo Fabre (APOPS -Anses), Domingo Moreyra (Ceramistas) y Omar Plaíni (canillitas), habla de esa puja que se viene entre quienes se muestran como combativos -pero que no usan el poder de fuero de esos gremios para enfrentar las políticas del Gobierno- y los llamados "gordos", que apuestan a que continúe el triunvirato al frente de la CGT.