En medio de una reivindicación completa a los Gobiernos posneoliberales latinoamericanos, no faltó el “vamos a volver”
Juana Galarraga @Juana_Galarraga
Viernes 30 de septiembre de 2016
Cristina Fernández de Kirchner fue condecorada por la Asamblea Nacional de Ecuador. Ante los integrantes del Poder Legislativo de ese país recibió la condecoración Manuela Sáenz en el marco del III Encuentro Latinoamericano Progresista. Se trata de un reconocimiento otorgado a jefas y ex jefas de Estado, presidentas y ex presidentas. Luego se reunió con presidente Rafael Correa.
Esta reunión sirvió para darle una proyección política internacional a la ex presidenta, como parte de la campaña política por su reinstalación como figura.
Relato de estatura continental
“Hoy en este acto que trasciende todas las formalidades, se expresan el reconocimiento y la hermandad de Ecuador, que ha visto en la experiencia argentina de la última década y en la presidente Cristina Fernández de Kirchner una profunda vocación latinoamericana y de afirmación de la Patria Grande como camino y como destino”. Así comenzaba su exultante discurso la presidenta de la Asamblea Nacional ecuatoriana, Gabriela Rivadeneira. Un discurso en el que no hizo más que deshacerse en elogios hacia Cristina Fernández.
“Estamos aquí para reconocer la estatura continental de una mujer que ha impulsado con fuerza el proyecto integracionista latinoamericano y que ha liderado en su país un ciclo histórico progresista de reparación ética y social”, agregó la funcionaria ecuatoriana.
Con estas dos citas del inicio de su discurso se puede comprender el espíritu de la ceremonia, que consistió en una reivindicación completa y sin tregua de las gestiones de los gobiernos posneoliberales en América Latina.
El centro de la ceremonia estuvo puesto en la reivindicación de políticas cuyo eje rector fue, según se dijo, la “convicción” de que “la democracia debe prevalecer por encima de las corporaciones”. Ese discurso es el mismo que, durante más de una década, desplegó el kirchnerismo en el poder, en Argentina.
Comparaciones forzadas
Como parte del intento de rodear de mística a los Gobiernos posneoliberales, la presentadora realizó una comparación con los años 70’. Citando al presidente Rafael Correa señaló que existe un “nuevo Plan Cóndor, que busca reponer a las élites económicas y sociales”.
La comparación resulta claramente exagerada y tendenciosa. Implica poner a los Gobiernos posneoliberales de la última década a la altura de los procesos revolucionarios que sacudieron el continente en los años 60 y 70, y que fueron derrotados por brutales dictaduras genocidas.
Precisamente por eso Rivadeneira se vio obligada a señalar que el nuevo Plan Cóndor se da hoy a través de “los medios de comunicación concentrados para imponer una agenda y mellar la credibilidad de los líderes que se atreven a disputar el poder a las élites, la instrumentalización política de los aparatos de justicia para perseguirlos e inhabilitarlos y la cooptación de los parlamentos, para debilitar, condicionar y finalmente destituir a gobiernos democráticos y progresistas”.
Sin embargo, esta analogía no puede resistir la prueba de los hechos. La sangre y el fuego en los años 70 fueron utilizados para aplastar a una generación completa de trabajadores y jóvenes revolucionarios que constituían un obstáculo para el desarrollo de los planes del imperialismo y la implantación del neoliberalismo en la región. Pero no para la agenda del imperialismo sino que esa generación estuvo enfrentada a sus propios Gobiernos, a los que hoy se presenta como los “modelos” de los procesos actuales.
Trabajadores combativos, amplias franjas de la juventud, organizaciones sociales políticas combativas, métodos de lucha radicales. Todo eso fue el componente del ciclo de los años 70 que vino a ser aniquilado por el Plan Cóndor en el continente.
Muy lejos de esa subversión estuvieron y están los Gobiernos posneoliberales. En Argentina el Gobierno kirchnerista fue, entre otras cosas, un “pagador serial” de la deuda; fue el que firmó el pacto secreto con la multinacional norteamericana Chevrón. De allí que no puedan parangonarse con la generación que disputaba en serio un destino diferente para su pueblo en los 70, con una perspectiva realmente antiimperialista y anticapitalista.
Cuestión de contradicciones
En su discurso, Cristina agradeció la condecoración y se avocó a describir cómo opera la actual “restauración neoconservadora”.
Sostuvo que las élites y los sectores concentrados del poder económico intentan retrotraer la situación “ni siquiera lo que fue los 90”. La ex mandataria aseguró que el intento es volver a una “etapa pre peronista”.
“No hay nada nuevo escrito después de Adam Smith y Marx, todo se dijo. Lo que hay sí, son procesos virtuosos como los que hemos encarado nosotros sin atenernos a normas escritas, sin el dogma, con las contradicciones que tiene nuestra sociedad”, afirmó acríticamente Cistina sobre su Gobierno.
Cristina afirmó que cuando no se resuelven debidamente esas contradicciones, se terminan resolviendo a favor “de los que quieren volver a un país para pocos”.
Hay que reconocer que en lo que dijo hay un aspecto de verdad: estas contradicciones en América Latina toda son las que llevaron al ascenso político de la derecha, luego de más de diez años de Gobiernos autodefinidos como “populares”.
Los Gobiernos posneoliberales se caracterizaron por regatear al imperialismo, vapulerarlo discursivamente, pero como ya se mencionó, no dejaron de pagar la deuda ilegítima. En Argentina el kirchnerismo se caracterizó por generar disputas al estilo de la resolución 125, pero sin afectar concretamente la propiedad de la tierra a la oligarquía terrateniente. Atacó al grupo Clarín con la ley de medios pero no afectó la propiedad real de las empresas de medios y permitió que crecieran bajo su amparo otros multimedios afines a su signo político. Esto por mencionar solo algunos ejemplos de las contradicciones entre un discurso contra la “corporaciones” que no se tradujo en cambios estructurales reales.
Estas contradicciones son las que terminan estallando y volviéndose contra los trabajadores y sectores populares ahora. Las contradicciones a las que hace alusión CFK no son de la “sociedad”, sino de los mismos Gobiernos progresistas que dejaron ver sus enormes límites como proyectos de “transformación” o de “emancipación”.
Cuando cambiaron las condiciones económicas en la región, tanto CFK como Dilma, comenzaron a implementar el ajuste que la derecha, por vía electoral con Macri y por vía golpista con Temer, vinieron a profundizar.
En su discurso Cristina se preguntó cómo es que cambió “la relación de fuerzas” para que esto sucediera, al punto de que en Argentina haya gente que negocia que le bajen el sueldo a cambio de no perder el trabajo. “Algo impensable” en su gobierno, afirmó.
Sin embargo, lo que Cristina debería responder, es cómo pudo avanzar el capital sobre el trabajo todo lo que avanzó estos nueve meses de Gobierno macrista, a pesar de la relación de fuerzas existente.
Es evidente que eso no podría haber ocurrido ¿Cuáles fueron sus apoyos? Aquí, otra contradicción de su proyecto político que se vuelve mazazo para los trabajadores y el pueblo pobre: los senadores y diputados del FpV –o ex integrantes de ese proyecto- que le votan leyes clave a Cambiemos en el Congreso, como el pago a los buitres. Por otro lado, la podrida burocracia sindical peronista, que el kirchnerismo sostuvo durante su gobierno, que no rompe la tregua y traiciona las luchas de los trabajadores, permitiendo el avance del ajuste de Cambiemos. Sobre estas cosas, CFK no se pregunta nada.
Otra cuestión en la que no profundizaron Cristina ni la funcionaria ecuatoriana en sus discursos, es cómo podría haber modificado la relación de fuerzas a su favor el gobierno del PT para defender a Dilma: apelando a la movilización popular, llamando a enfrentar el golpe en las calles. Pero, he aquí otra contradicción del progresismo. La vía por la que apostó el PT, fue la institucional. Intentó impedir el golpe negociando con los parlamentarios y posteriormente continuó la contienda mediante la Justicia, aquella corporación señalada como una de las vías por las que opera el “nuevo plan Cóndor”. Tanto el PT como la burocracia de la CUT, temerosos de la movilización popular que puede volverse contra ellos en tanto garantes del ajuste en curso, abrieron paso a la derecha golpista.
Vaya “proceso virtuoso”.
Así, el paso de Cristina Fernández por la Asamblea Nacional de Ecuador, tuvo todos los condimentos de un acto político electoral, donde no faltó el clásico “vamos a volver”.