Lila Cejas Obrera de la zona norte de GBA Integrante de Pan y Rosas
Viernes 26 de agosto de 2016 09:25
Ultraje:
Hecho o insulto que ofende a una persona por atentar contra su dignidad, su honor, su credibilidad, etc., especialmente cuando se hace en público y con cierta violencia.
Viajando en el tren, en el colectivo, en el subte o en cualquier medio de transporte en el que viajamos los trabajadores, nos damos cuenta de que estamos condenados a viajar hacinados, en las peores condiciones pensadas y ni se imaginan si eres mujer. Hablamos de “ultraje” porque estamos obligados a viajar en estas pésimas condiciones. Expuestas las mujeres a situaciones de acoso y al igual que los hombres arriesgamos nuestras vidas para ir de casa al trabajo. ¿Cuántas veces vimos los colectivos desbordados, que paran metros más adelante de las paradas, por que no cabe una alfiler y seguido a eso el insulto hacia el chofer, del usuario que estaba esperando hace una hora el único medio de transporte que lo acerca hasta su destino? ¿Cuántas veces vimos los trenes tan llenos, que los obreros vienen colgando de sus puertas, arriesgando más que nunca sus vidas? ¿Y las mujeres?¿Cuántas veces fuimos testigos o víctimas de acoso en algún transporte público, con la famosa “apoyada” por mencionar sólo alguna? La respuesta es la misma. Todos los días vemos lo mismo. Estamos obligados a pasar por un ultraje, un delito que se ejerce sobre nosotros, un delito que incluso está en el código penal. Pero tal es la naturalidad con la que lo vivimos cotidianamente, que no lo reconocemos como tal.
La humillación a la que estamos sometidos los usuarios, no importa el género, es un ultraje, es un delito con el que se hacen cada vez más ricos unos pocos. Difícilmente el transporte público sea tema de agenda, por qué los que manejan ese gran negocio están muy cómodos en sus autos de alta gama con chófer, mientras el pueblo trabajador es sometido y denigrado cada día que tiene que viajar a su trabajo o lugar de estudio literalmente como ganado. No hay otra palabra más justa para describir la situación.
Colectivos, subtes, trenes, todos sobre cargados y en pésimas condiciones, por que no hay una inversión suficiente en más coches, tampoco un buen mantenimiento para los que ya están en funcionamiento. Ni hablar del precio del transporte, un servicio tan básico y elemental que para muchos es imposible pagar un boleto mínimo, y a la fuerza deben tomar la bicicleta, para poder llegar a fin de mes.
Otra cuestión que muchas veces pasa inadvertida, es el estrés al que están expuestos los chóferes, especialmente los de colectivos. Muchos usuarios desquitan la bronca sobre éstos, piensan que son la cara de la empresa. Pero no! Son una víctima más de la desidia. Obligados a cumplir un horario casi imposible de lograr, y siendo el blanco de la bronca de los usuarios, cumpliendo extenuantes horas de trabajo y recorridos interminables, lidiando con el tránsito y con la responsabilidad de cargar con cientos de vidas humanas.
Por eso decimos que hay que poner el transporte público bajo gestión de usuarios y trabajadores.
Basta de empresarios que no invierten y sólo se llenan los bolsillos a cuesta de nuestro trabajo, incluso de nuestras vidas.