Una enorme brecha en cuanto a conexión a Internet, así como una carga académica enorme. Es parte de las condiciones a las que se ven enfrentados diariamente diversos estudiantes de enseñanza básica, media y universitaria.
Domingo 24 de mayo de 2020
Pese a que desde la Subsecretaría de Telecomunicaciones se afirme que la mayoría de los hogares tengan acceso a internet (para 2017 casi 9 de cada 10 hogares tienen acceso a internet), lo cierto es que esto alberga una profunda desigualdad.
Tal y como apunta un artículo publicado por el portal CIPER Chile, se trata de un sistema profundamente desigual, en donde el acceso a internet es caracterizado por su fragilidad y de calidad paupérrima.
“Muchos hogares sólo cuentan con conexión a Internet a través del teléfono o deben turnarse el único computador que hay en el hogar. La señal se cae, el computador no tiene micrófono y los planes de datos no dan para un uso tan intensivo.”
Cabe destacar que estas cifras de conexión a internet también se deben a que gran parte de las personas que cuentan con acceso a internet es debido a los planes de conexión móvil de los teléfonos celulares, en donde “hemos encontrado consistentemente que quienes usan internet solo a través del teléfono tienen menor nivel de habilidades digitales y usan internet para una menor cantidad de actividades –principalmente para comunicarse a través de WhatsApp o Facebook y entretenerse con videojuegos o algunas redes sociales—comparado con aquellos que tienen un acceso más amplio a internet a través del computador y del teléfono. Es decir, el modo de acceso no da lo mismo.”
Esta situación da cuenta de que aún cuanto la mayor parte de la población está confinada en sus hogares, las desigualdades sociales están lejos de desdibujarse: Se hacen presentes incluso en la calidad de acceso a internet o incluso los dispositivos tecnológicos que cuentan con esta opción.
A esto debemos incluso añadirle la enorme carga académica a la que se ven sometidos las y los estudiantes, desde enseñanza básica hasta la educación universitaria, en donde incluso gran parte de los estudiantes de enseñanza básica y media reciben tareas online de asignaturas como religión, totalmente prescindibles para este momento.
Por otra parte, en lo que respecta a las evaluaciones, en reiteradas ocasiones estudiantes han denunciado que cuentan con un tiempo totalmente insuficiente para responder a cada ejercicio o pregunta en el tiempo establecido. O en jornadas extenuantes de clases por videollamada que exceden totalmente los periodos pedagógicos de atención. A lo que se debe añadir incluso los cobros de asistencia a las clases, cuando la situación está atravesada por profundos índices de estrés y ansiedad.
Esta situación hace aún más impactantes los enormes cobros que existen en educación, sobre todo en las universidades, en donde los altísimos cobros arancelares no se condicen con la calidad de la educación impartida dentro de la precariedad o herramientas de las que disponen docentes para realizar su trabajo, o incluso el profundo autoritarismo que avalan las autoridades universitarias y empresarios de la educación, lo que pone nuevamente sobre el tapete la profunda necesidad de cambiar los pilares del régimen chileno.
En este sentido es importante que las y los estudiantes busquen organizarse para enfrentar la crisis sanitaria, las medidas precarizadoras del gobierno y el autoritarismo de las universidades. Es vital que la CONFECH rompa el silencio en el que ha estado, para poner en marcha un plan de acción que mínimamente vaya por conseguir la suspensión inmediata del pago de aranceles y condonación de toda la deuda educativa junto con un ingreso mínimo de emergencia costeado por el impuesto a las grandes fortunas, para que ninguna familia tenga que decidir entre pasar hambre o pagar los gastos asociados a la educación en medio de la pandemia.
Te puede interesar: O comer o pagar la U: ¿Y dónde está la CONFECH?