El vergonzoso “acuerdo por Chile” pasó la holgadamente la prueba del parlamento y ahora espera su promulgación, con este acuerdo los partidos de oposición y oficialismo buscaran cerrar la crisis de legitimidad institucional que se arrastra desde hace años y constituir así un nuevo acuerdo de gobernabilidad que liquide las aspiraciones populares de terminar con la herencia de la dictadura.

Antonio Paez Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile
Jueves 12 de enero de 2023

En una sesión marcada por el “es lo que hay”, hoy la cámara de diputados y diputadas aprobó el proyecto de reforma institucional que habilita un nuevo proceso constituyente sobre las bases pactadas por los partidos tradicionales de la derecha, la ex Concertación y Apruebo Dignidad, Frente Amplio y Partido Comunista.
El denominado “Acuerdo por Chile” que se presenta como un gran acuerdo entre los diferentes partidos, no es más que un nuevo intento por apuntalar el consenso neoliberal y recuperar la legitimidad del modelo económico, el Estado y sus instituciones luego de la enorme impugnación que se vió reflejada durante la revuelta del 2019.
Durante la discusión los parlamentarios oficialistas y de la oposición más tradicional usaron la palabra para defender lo indefendible: este acuerdo no es democrático, excluye la participación y la deliberación de la clase trabajadora y los sectores populares, transformándola en un acuerdo por arriba, donde los partidos al servicio de los empresarios buscan tutelar el proceso y evitar así cualquier posible reforma, por más mínima que sea, que escape del proyecto burgués.
Ahora con el acuerdo aprobado, las fechas comienzan a correr a partir de su promulgación por lo que los partidos con representación parlamentaria, independientemente de si firmaron o no el acuerdo, deberán fichar a quienes conformarán de la comisión de expertos, quienes tienen la tarea redactar un anteproyecto basado en el documento que denominaron como “contornos”. La composición de este comité que es representado por designaciones de los partidos tendrá un rol clave, al igual que el comité técnico de admisibilidad, que deberá revisar y decidir qué proyecto puede o no debatirse, una especie de tribunal constitucional pero esta vez incluso para el borrador de una nueva constitución.
Este acuerdo está tan alejado de las necesidades de la clase trabajadora, los sectores populares e incluso las capas medias, que muy pocos sectores lo avalan o lo sienten como un “avance”. Y esto es problemático para los partidos tradicionales ya que parte de sus esfuerzos apuntan a superar la crisis de hegemonía burguesa que enfrenta el país.
Por eso no llama la atención que la aprobación del proyecto contó con 109 votos a favor, 37 en contra y solo 2 abstenciones, ya que los esfuerzos de los presidentes de los partidos por alinear sus bancadas se hizo a toda velocidad.
A pesar de esto los descuelgues se dieron principalmente en Renovación Nacional por parte de diputados “díscolos” o cercanos al partido Republicano (que no firmó el acuerdo y votó en contra), el resto fueron exmilitantes o independientes en bancadas del oficialismo.
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Como decíamos aca este acuerdo “constituye un triunfo y una consumación de una orientación estratégica de la gran burguesía, para encauzar la crisis que sigue viviendo el país y darle un cierre de término. Se trata de un intento “hegemónico” agregando las fuerzas de capas medias y del reformismo y las burocracias sostenidas por el PC, de reeditar aquellos gloriosos “30 años” que reivindica el gran empresariado y el capital extranjero del “modelo chileno”. lo que veremos durante los próximos meses es la consumación de este esfuerzo conjunto por enterrar la rebelión y dar paso a un nuevo ciclo de consenso neoliberal aunque esta vez con bases mucho más precarias tanto en términos económicos como políticos que lo que se vivió durnante los 90 y los 2000.