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Red Internacional
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EDUCACION SUPERIOR. Continúa la deserción escolar por la pandemia: el caso del IPN

Con el recrudecimiento de la pandemia la deserción va en aumento, ahora el IPN (una de las universidades nacionales) está dando a conocer las cifras de bajas mientras las autoridades se muestran indolentes ante el problema.

Arturo Rendón Académico de la agrupación Nuestra Clase

Jueves 11 de febrero de 2021

El desarrollo de la pandemia en el mundo ha venido profundizando la crisis económica, crisis que no es producto en sí de la enfermedad sino una condición inherente al capitalismo y su funcionamiento. Dicha situación ya se preveía desde el 2017, pero la COVID-19 echó abajo los mecanismos con los cuales se había controlado la situación. De esa manera la clase dominante vino a descargar los efectos de su crisis de forma más aguda y acelerada sobre la clase trabajadora, lo que ha dado como resultado que la precarización de la vida se vuelva todavía más terrible de lo que de por sí ya era.

Esta precarización suele manifestarse de forma más abierta en lo laboral pero no es el único ámbito en el que la podemos encontrar, también se expresa en la educación ante el fenómeno de la deserción escolar, que incluso va íntimamente ligado a la precarización porque no hay condiciones de vida para mantener las clases en línea. Eso fue lo que nos mostraron las recientes cifras de jóvenes que han abandonado las aulas virtuales, otorgadas por la UNAM y el IEMS, que por cierto no nos mostraron toda la intensidad de los hechos, pues las instituciones suelen esconderlos para disimular los procesos de elitización de la educación, ya que no se han presentado las cifras de bajas permanentes junto con las temporales ni hay censos reales sobre la cantidad de estudiantes que continúan tomando clases a pesar de no haber metido bajas.

Sin embargo, a pesar de que no se contabilicen muchas cosas, el análisis de esas cifras nos lleva a cuestionar diversas situaciones, como la llamada “nueva normalidad”, que ha pretendido naturalizar los efectos de la crisis capitalista que se vienen descargando sobre las mayorías laboriosas, quienes en gran medida aspiran a que sus hijos estudien para tener un futuro. Este también es el caso del Instituto Politécnico Nacional (IPN), quien viene reportando un número importante de bajas escolares en el último periodo.

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Desertaron más de 23 mil alumnos en el IPN

El Poli en días recientes dio a conocer que en el ciclo escolar 2019-2020 abandonaron el bachillerato 6 mil 36 alumnos, en el nivel superior fueron 17 mil de forma definitiva; las escuelas más afectadas fueron Comercio y Administración con un 28% del total. Después sigue la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas, en Zacatenco, con 2 mil 54 estudiantes menos. Continúa la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas con mil 24 bajas.

También se reportó a la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería en el Campus Coahuila, quien dio a conocer la suspensión escolar de nueve alumnos, en tanto que la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica Unidad Ticomán, 53, y la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Biotecnología, fueron 87. En los Cecyt 8, 11 y 13 el número de deserciones fueron de 536, 523 y 478, esas son las escuelas del IPN con más bajas a nivel medio superior, por su parte el Cecyt 2 alcanzó las 115.

A diferencia de las autoridades, para los docentes y estudiantes, que durante la pandemia hemos visto a cada vez menos compañeros y compañeras conectarse a las clases, estos números son más que estadísticas, son jóvenes que perdieron a familiares, que han tenido que conseguirse trabajos ultra precarios para ayudar en sus casas porque sus padres están contagiados o perdieron el empleo e igual no cuentan con internet o dispositivos para conectarse.

La necesidad de una salida conjunta e independiente

Frente a esto, ¿qué salida dieron las autoridades del Instituto Politécnico? Su estrategia fue promover el compromiso entre los profesores para crear videos con explicaciones teóricas de las prácticas que los jóvenes deben realizar.

¿Y esto es realmente una solución? Claro que no. En primer lugar, porque pedirles a los profesores que hagan vídeos representa una sobre carga de trabajo, que la propia institución no garantiza pagar y que, además, como lo hemos tratado en este diario, está pobremente remunerado el salario entre los profesores del IPN y entre los profesores universitarios en general, y en segundo lugar, esta medida no garantiza que los conocimientos realmente se adquieran, ni que posteriormente cuando haya condiciones, se puedan recuperar puesto que ya se vieron en estos momentos, lo que profundiza el propio rezago educativo y la deserción escolar.

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Como en el resto de universidades, para las autoridades del IPN, la principal solución ante la pandemia ha sido el uso de plataformas como Zoom o Teams. ¿Pero qué pasa cuando no se cuenta con internet? Esta es una condición que afecta tanto a estudiantes como a profesores, pues se descarga el costo de la educación en el bolsillo de las familias ya sea para tomar clases o para impartirlas.

En ese sentido lo que tendrían que hacer tanto el Estado como las autoridades universitarias, es garantizar la suficiente infraestructura (acceso a internet irrestricto y gratuito y a equipos de cómputo) para que estas clases puedan llevarse en línea y así garantizar la educación pública y gratuita en todos los niveles, lo que implica dos elementos, la estabilidad laboral, salario y trabajo digno para los docentes y trabajadores administrativos que se encuentran haciendo home office y los medios adecuados para que las y los alumnos puedan acceder al proceso de aprendizaje.

Esto es impensable sin un aumento de emergencia al presupuesto para la educación sobre la base del no pago de la deuda externa e impuestos a las grandes fortunas, no sólo para acabar con la deserción escolar producto de la desigualdad económica que ha profundizado la pandemia, sino para garantizar el derecho a la educación al conjunto de la población empobrecida.

Pero para que eso sea posible y no se convierta en un botín político ni del gobierno ni de las burocracias académicas, y para evitar que apliquen dichas medidas de forma discrecional (como hacen con el otorgamiento de becas, por ejemplo), se necesita la democratización de las universidades lo que implica que la toma de decisiones sea de forma tripartita por parte del sector de trabajadores, estudiantes y académicos construyendo organismos votados por la comunidad, con mayoría estudiantil donde se discuta sobre la distribución de los presupuestos, las condiciones dignas de trabajo y estudio y el tipo de infraestructura que se necesita, si esto no ocurre, la desigualdad social y la elitización de las universidades se van a ir acentuando más y más.

Para lograr este cometido existe la necesidad de organizarnos unitariamente para defender la educación pública y gratuita desde esta perspectiva de independencia política y democracia en las universidades, sin intromisión del Estado en las decisiones de las comunidades. Que se oponga a la "nueva normalidad" que busca imponerse desde el poder, la cual invisibiliza las condiciones de precarización de la vida.