El presidente del PPD, político mejor evaluado de la ex Nueva Mayoría, junto al timonel del PS y del PR, lanzan un nuevo bloque que busca la unidad de la oposición desde la DC al FA con miras a las elecciones municipales y presidenciales. Un intento de recomposición de una centro izquierda senil.

Rafaella Ruilova Licenciada en historia y militante de Pan y Rosas
Martes 9 de octubre de 2018
Tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya y el clima de unidad nacional que buscó instalar el gobierno tras el supuesto triunfo de la “soberanía” de Chile, como política de Estado apoyada por el “progresismo” y sectores del FA; no solo le trajo réditos a la derecha con el aumento de la aprobación de Piñera, sino que también a la centroizquierda senil por medio del presidente del PPD y ex canciller, Heraldo Muñoz, quien se erige como el principal referente del nuevo bloque “Convergencia Progresista”.
Heraldo Muñoz, llegó a la presidencia del PPD con una candidatura que apuntaba a “profundizar el progresismo” dentro de su partido, además de lograr una nueva forma de unidad de la oposición que tenía como centro “la sintonía y coordinación entre los partidos”. Conocido por ser partidario de una “oposición firme, pero constructiva” con frases como “no queremos ser una oposición odiosa, porque eso no le hace bien al país”, y por la búsqueda de “un acuerdo amplio electoral que vaya desde el Frente Amplio, pasando por el PC, por la ex Nueva Mayoría, hasta la Democracia Cristiana"; es la nueva carta no solo para reposicionar su propio partido, sino para contener la sangría de descomposición que sufren los partidos de la vieja concertación.
Y es que la estrategia que busca desarrollar el “progresismo” es la de fortalecerse por medio de la unidad de la oposición parlamentaria y los recambios hacia las próximas elecciones. Es decir, a través de una oposición “constructiva” no odiosa y responsable con el régimen, pero no con la y los trabajadores y el pueblo chileno que sufren las consecuencias de las zonas de sacrificio, del desempleo, de los despidos, y que serán los golpeados con las “reformas” que quiere aplicar el gobierno en beneficio del gran capital. Una oposición que busque amplia unidad electoral para imponer el “mal menor” y recomponerse en las encuestas y los escaños, pero no así la unidad en la calle para enfrentar a la derecha y sus ataques.
Buscan hegemonizar la oposición y recomponerse, desgastar a Piñera parlamentariamente y prepararse para las elecciones, eso hay detrás de la “Convergencia Progresista” y su referente, Heraldo Muñoz. Una estrategia que le da espacio y gobernabilidad a Piñera, que siendo un gobierno débil, sin mayoría, la oposición progresista le llevó agua al molino con el discurso de unidad nacional frente al fallo de la Haya, y cómo no, si detrás están los intereses del capital que defienden.
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Las direcciones del Frente Amplio, tanto de forma activa como pasiva han ido detrás de la política de la “unidad de la oposición” que revitaliza a la vieja Concertación y que le da gobernabilidad a la derecha. Activamente se ha evidenciado ante el fallo de la Haya, donde se impuso la política de su ala hegemónica, de respeto de la política internacional del Estado chileno y el respeto al tratado de 1904; así como en la celebración de los 30 años del NO, que no era la conmemoración del fin de la dictadura, sino del plebiscito de 1988, que dio inicio al proceso de "transición pactada", impulsada por los gobiernos de la ex Concertación, con el acuerdo de la derecha, la clase empresarial y el Ejército; con los golpistas.
Y en forma pasiva han ido detrás de esa política por medio de la línea de colaboración y diálogo social no solo en las comisiones de acuerdo nacional de inicio de año de Piñera, sino también por la de las burocracias sindicales (PC y FA), y de la absoluta pasividad de las direcciones del movimiento estudiantil, ya que han estado más activos en promover “unidad de la oposición” con el viejo concertacionismo decadentes que busca recomponerse que en jugarse por la lucha en las calles.
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Pero lo que se necesita es una oposición a la derecha en las calles, la unidad en la acción de las y los trabajadores, las mujeres y la juventud para enfrentarla de forma independiente al progresismo que quiere hacer esperar a las elecciones para ofrecer un “mal menor”, con ajustes y beneficios empresariales a costa del pueblo trabajador pero menores que la derecha.
Esta receta ha sido probada en todo el Cono Sur, abriéndole las puertas a la derecha en América Latina, como el reciente resultado en primera vuelta de la extrema derecha en Brasil con Bolsonaro frente al PT. Por eso, es indispensable hoy en día la tarea de forjar en cada lugar de estudio y de trabajo, en el terreno político y de las ideas una alternativa anticapitaista y revolucionaria que luche por enfrentar a la derecha en las calles y de forma independiente a los viejos y seniles progresismos.
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