Los medios silencian que la violencia es producto del ataque de los gobiernos a la educación pública. El peligro de una "solución" represiva.
Nahuel Rodriguez Delegado Departamental Suplente | Agrupación Docentes D-Base en el FURU
Jueves 1ro de septiembre de 2016 19:27
Liliana Muñoz es maestra de la escuela primaria Bartolomé Hidalgo de barrio Sarmiento de la Ciudad de Córdoba. El martes fue golpeada por la madre de un alumno cuando intentaba interrumpir una pelea que se produjo en su grado.
Los medios de comunicación que responden al gobernador Schiaretti y al presidente Macri aprovecharon esta oportunidad para elevar el discurso de mayor "seguridad", fortaleciendo el pedido de presencia policial en las escuelas, en sintonía con las políticas represivas que impulsan estos gobiernos.
La Delegación Capital de UEPC dispuso incorporar un debate de dos horas por turno en los colegios para el día viernes 2 bajo la consigna #CON LOS DOCENTES NO. Esta medida intenta ubicar la discusión en torno a un fenómeno institucional y ligándola en el discurso a la realidad social. La escuela aparecería como "caja de resonancia" de lo que pasa afuera... pero: ¿cómo pensar la violencia en la escuela?
La violencia: una responsabilidad del gobierno
En primer lugar, tenemos que reconocer que la violencia registrada el martes pasado contra la maestra es uno de los efectos de un ataque sistemático sobre la educación pública y el desprestigio del trabajo docente que hacen permanentemente los gobiernos y los medios masivos.
Atacar el problema de la violencia escolar sólo puede lograrse con un mayor presupuesto educativo, defendiendo una educación pública laica, con mejores condiciones de trabajo y de vida. Una verdadera propuesta superadora para evitar que se produzcan acciones de violencia que impacten sobre los docentes sería plantear, entre otras medidas, el retorno de los porteros a las escuelas, reconocer las horas de trabajo no remuneradas, incorporar gabinetes psicopedagógicos en todas las instituciones escolares, aumentar la cantidad de docentes y reducir la cantidad de alumnos por curso.
Limitar el debate sobre "violencia" al ámbito escolar tiene una intencionalidad política manifiesta de querer mostrar a ciertos actores individuales como los únicos responsables, como personas que cometen hechos aislados en una "sociedad justa" y que merecen el rigor de la ley, en vez de denunciar las verdaderas causas de esta problemática estructural en las bases de la desigualdad social.
Los docentes son presa permanente de diferentes tipos de violencia. Los ajustes, la precarización del trabajo, los "tarifazos", salarios que no cubren la canasta familiar, los recortes jubilatorios, los descuentos por paros y asambleas también son formas violentas de impactan sobre los trabajadores de la educación.
La vía policial es un callejón sin salida
Es un justo reclamo el de los docentes de pedir mayor protección en su trabajo, sin por ello caer en el error de darle mayor poder a la institución del gatillo fácil, de las razzias barriales, del código de faltas. Hacer eso sería darle un motivo más a la avanzada reaccionaria policial para seguir escondiendo tras las rejas a los chicos pobres.
No se puede permitir que la misma fuerza represiva que se cansó de golpear a los docentes que reclamaban en Tierra del Fuego, en Santiago del Estero o en Mendoza, mientras la UEPC hacía silencio, sea la misma que actúe hoy para que no haya más maestros golpeados. No sería lógico pretender que la narcopolicía cordobesa que en 2015 detuvo a cuatro docentes en abierta coincidencia con la política de Monserrat sea la encargada de combatir la violencia contra los trabajadores de la educación.
El gobierno impulsó una jornada de reflexión a cargo de los equipos de Convivencia Escolar del Ministerio de Educación provincial. El gremio docente reclama más porteros y señala la importancia de promover espacios colectivos de debate.
Atacar el problema de la violencia escolar no se consigue con más policías en las calles sino con mayor presupuesto educativo, defendiendo una educación laica, con mejores condiciones de trabajo y de vida.