Tras las pruebas con misiles balísticos por Pyongyang, Trump tomo una política exterior más ofensiva, en medio de la pérdida de influencia norteamericana en la región.
Miércoles 12 de abril de 2017
Las pruebas con misiles balísticos desarrollados en el último mes por Corea del Norte han crispado las tensiones geopolíticas del sudeste asiático. Con el lanzamiento de 4 misiles durante marzo y 1 más en lo que va del mes se han cruzado con múltiples amenazas desde Pyongyang hacia Estados Unidos.
Las respuestas de la administración de Trump se terminaron de configurar solo en las últimas semanas. Por su parte, el Departamento del Tesoro de EE.UU. impuso sanciones a 11 empresarios norcoreanos y una de sus compañías. Junto con ello, el Pentágono dio la orden de la instalación del portaaviones con capacidad nuclear, USS Carl Vinson, el pasado lunes.
Para Estados Unidos, las amenazas de Pyongyang no podrían haber llegado en peor momento. Tras el impeachment que concluyo con la destitución de la presidenta surcoreana Park Geun-hye, el gobierno norteamericano perdió a uno de sus aliados históricos en la región, que será posiblemente reemplazada en las futuras elecciones por un sector más afín a mejorar las relaciones con Pyongyang.
Pese a la ofensiva política, Trump, en lo que respecta a política exterior, mantiene la misma estrategia con distintos matices. Desde su llegada al gobierno, ha aplicado un “tira y afloja” para posicionarse en política internacional.
El llamado telefónico a la presidenta de Taiwán, rompiendo cualquier protocolo presidencial sobre la política de “Una sola China” desde Richard Nixon, es un buen ejemplo de ello. Recordemos que el llamado a Taiwán por parte del jefe de estado norteamericano, tensó las relaciones con China, pero con el objetivo de tener una mejor correlación de fuerzas para negociar.
El giro que marco Trump en las últimas semanas, primero con Siria y luego con Corea del Norte, viene con este mismo objetivo.
Desafiando a cualquier protocolo de las Naciones Unidas, utiliza al ejército para imponerse en la arena internacional pero aun en el marco del “tira y afloja”, es decir, sin pretender realizar una intervención militar definitiva, mueve sus volúmenes de fuerza buscando una mejor correlación de fuerza con sus principales competidores.
El giro unilateralista del gobierno norteamericano ha sido aplaudido por todos los sectores del Partido Republicano, e incluso amplios sectores del establishment político de Estados Unidos. Sin embargo, esta unidad en la política exterior es resultado de las fuertes divisiones en la política interior norteamericana.
El fracaso parlamentario de la derogación del Obamacare, que tuvo como causa las divisiones en el Partido Republicano, solo era la última de las políticas del gobierno norteamericano que fracasaba. Utilizar el giro en política exterior le abre un espacio a Donald Trump de fortalecer la base del gobierno en el Partido Republicano.