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Red Internacional
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Pateando El Tablero. Coronavirus, ¿por qué los Estados no implementan una economía de guerra?

Detrás de las medidas de emergencia se esconde una estrategia conservadora de sostener los negocios del sistema privado de salud. Los recursos millonarios del estado podrían destinarse a la salud, sin embargo, van a salvar a las grandes empresas. La irracionalidad capitalista mata.

Gastón Remy

Gastón Remy Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.

Miércoles 18 de marzo de 2020

  • Estamos en guerra afirman los líderes de Estados de los países centrales, pero también lo hacen en Argentina y hasta el Gobernador de la provincia. Un conflicto bélico donde el enemigo cuenta con la ventaja de estar en todas partes, sin que se lo vea a simple vista.
  • La metáfora de la guerra está siendo utilizada para graficar los relativamente acelerados cambios en las formas de vida de millones de personas en todo el mundo impuestos por los Estados frente a la amenaza del coronavirus.
  • ¿Ahora cuál es el objetivo de esta suerte de guerra no convencional? Los jefes de Estado, cada uno a su manera, han ido trazando una estrategia guerrera con una coincidencia central. La explicó el ministro de Economía, Guzmán, un mariscal que lidia en paralelo la guerra con los buitres de la deuda. El ministro sostuvo que “necesitamos enlentecer el ritmo de contagio para que el sistema de salud pueda atender”.
  • Se podría entonces afirmar que el objetivo de esta guerra es bastante limitado, una suerte de ganar tiempo con medidas que pueden sonar ofensivas como las cuarentas y restricciones a la movilidad de personas y al funcionamiento de ciertas ramas del Estado, el sistema educativo, entre otras. En su conjunto estas medidas se dirigen a evitar el contagio, a la espera de que la pandemia, por sí misma, no se continué dispersando. Nadie hasta el momento, dijo ni cómo ni por qué, la misma dejaría de ser una amenaza.
  • Entonces, mientras aún no existe el arma letal ante el coronavirus, aunque algunos sostienen que China estaría probando una vacuna, la guerra que proponen los jefes de Estado es absolutamente conservadora, puesto que en el afán de evitar el contagio masivo, el temor mayor está en que los hospitales reciban la solicitud de atención de miles de enfermos, sabiendo que su infraestructura ha sido diezmada en los últimos 40 años por otra guerra como sostuvo en su momento la jefa del Estado británico, Margaret Tatcher, en alusión al neoliberalismo.
  • Ante esta realidad las inversiones de los Estados en el sistema de salud están muy por detrás de lo que se necesita. Entre los extremos de los países europeos más afectados se encuentran por ahora Italia que prefiere que el virus se lleve a varios jubilados con tal de aliviar las cargas fiscales, o el caso de España, donde toman algunas decisiones de centralizar el sistema de salud público y privado por la fuerza de los hechos. Sin embargo, a esta altura de la pandemia los Estados están muy lejos de pretender reorganizar una verdadera economía de guerra acorde a la fuerza del enemigo.
  • Los países centrales conocen de ello, así lo hicieron durante la Segunda Guerra, al reconducir la industria automotriz, de tractores y textiles hacia la producción de armas. Así por ejemplo, Estados Unidos pasó de fabricar 43.000 aviones en 1942 a 100.000 en 1943, una respuesta en menor escala la hizo Alemania o Japón.
  • Sin embargo, tomar medidas de esta envergadura implicaría comenzar a desandar todo el camino abierto de las últimas décadas donde se desmanteló gran parte del sistema público de salud, en beneficio del sector privado que con clínicas y las industrias farmacéuticas amasan fortunas millonarias.
  • Por el contrario, una guerra contra un enemigo poco conocido, implica medidas a la altura de la batalla, por eso sostenemos que deben implementarse inversiones de infraestructura, insumos y personal en los hospitales, la centralización de los recursos del sector de salud público y privado, facilitar el test de coronavirus gratis a todo aquel que presente los síntomas. En Corea del Sur, demostró ser una medida que disminuyó en forma considerable el número de contagios y la mortalidad.
  • Los recursos de los países centrales, aquellos que dominan al mundo, con sus anuncios de emisiones millonarias de dinero está claro que existen, aunque los mismos están destinados en gran medida a salvar al gran capital, a las empresas endeudadas o a las aerolíneas, empresas que ya han empezado a descargar la crisis sobre los trabajadores con despidos, en vez, de poner por delante sus vidas y, por ende, invertir en el sistema de salud. A lo sumo, algunos Estados están tratando de contener con módicos subsidios a los sectores más vulnerables. En el caso de los países semicoloniales por el contrario, los recursos solo pueden venir del no pago de la deuda a los especuladores y de impuestos progresivos a las grandes empresas y dueños de la tierra, implementando medidas en defensa del empleo y las fuentes de producción; pero también, en el caso de la provincia, tiene que haber medidas espefecíficas como la confiscación del alcohol de los ingenios azucareros para que el Estado produzca alcohol en gel. Solo así se puede evitar el colapso sanitario y del conjunto de la economía.
  • Pero entonces, detrás de esta suerte de escenario bélico, se libra otra batalla. No podemos olvidar las palabras de Warren Buffet, quien afirmó que “hay una guerra de clases y la estamos ganando los ricos”. Sin afectar sus intereses poniendo en movimiento la fuerza social de los trabajadores, quienes hoy cuestionan la falta de medidas de sanidad en sus lugares de trabajo, no hay garantía alguna que la vida de millones esté a salvo si nos conducen los Estados capitalistas. Por suerte, aún estamos a tiempo de evitar lo peor.

Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.

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