Como sucede ante todas las catástrofes naturales o las tragedias ocasionadas por otras causas, el pueblo trabajador encuentra alivio para su dolor y ayuda para resolver su cotidianeidad en la solidaridad de sus pares.

Andrea D’Atri @andreadatri | Diputada porteña PTS/FIT
Viernes 13 de marzo de 2020
Espontáneamente, la veloz propagación del coronavirus, generó respuestas solidarias ejemplares en el Estado español, como seguramente ocurre en otros lugares del mundo. Jóvenes estudiantes universitarias que, frente al cierre de los centros educativos, se ofrecen a cuidar gratuitamente a las hijas e hijos de las familias asalariadas que no pueden asumir la opción del teletrabajo.
Vecinas y vecinos que realizan las compras de las personas ancianas que viven solas. Trabajadoras y trabajadores de la salud que, a pesar de los sobreturnos de estos días agitados, dispensan consejos y atienden por teléfono los requerimientos de amistades y familiares que apelan a su conocimiento.
En todos los momentos "no programados" de la Historia, el pueblo trabajador y especialmente sus mujeres, reaccionan de esta manera, dejando de lado los compromisos personales y el individualismo que permea, cotidianamente, las relaciones sociales contemporáneas.
Cuéntanos cómo está afectando la crisis del coronavirus en el trabajo y tu día a día
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Aprovechando la solidaridad popular para no tocar las ganancias capitalistas
Pero mientras este comportamiento altruista no genera más que empatía y admiración de parte de la comunidad, los gobiernos y empresarios se apoyan en ellos, cínicamente, para usufructuarlos en su propio beneficio.
¡Qué indignación genera que nos hablen de la responsabilidad individual para evitar los contagios los mismos que permiten que millones de personas se sigan hacinando en los transportes públicos para ir a las fábricas, empresas y grandes comercios que siguen funcionando!
Nuestras vidas valen más que sus ganancias.
¡Qué indignación nos provoca que los capitalistas reclamen fondos "solidarios" al Estado para hacer frente a las prestaciones para las trabajadoras y trabajadores que deben quedarse cuidando a sus hijos, con tal de no desembolsar ni un céntimo de sus millonarias ganancias obtenidas a costa de nuestra explotación hasta hace apenas unos días!
¡Qué indignación nos da que feliciten, hipócritamente, a los "heroicos" trabajadores del sistema sanitario, a quienes condenan a jornadas extenuantes, sin insumos, en condiciones insalubres y cargando sobre sus espaldas difíciles decisiones frente a hospitales saturados!
Los gobiernos y funcionarios, los directivos de las empresas, los organismos internacionales y, también, increíblemente, militantes políticos de la izquierda e incluso que se dicen anticapitalistas, nos invitan a ser solidarios, responsables y a colaborar. #YoMeQuedoEnCasa tuitean los funcionarios políticos y replican artistas y deportistas millonarios. Otros, sin tantos privilegios y con intenciones solidarias, nos desean "ánimo" y esparcen en las redes el mismo hashtag que suena a una orden con sabor amargo para millones de personas que deben ir a trabajar, a exponerse al contagio, para quienes no existen las opciones.
El pueblo trabajador lo hará sin que se lo pidan. Estamos suficientemente acostumbrados a hacer frente a las catástrofes naturales que el capitalismo transforma en tragedias y masacres donde la mayoría de las víctimas las ponemos nosotros mismos.
Pero mientras actuamos como creemos necesario hacerlo por nuestro propio bien y el de nuestros congéneres, exigimos que, con todos los instrumentos políticos y legales con los que YA cuentan las democracias capitalistas, se pongan todos los recursos y los millonarios beneficios empresarios a disposición de mitigar y resolver esta pandemia. Porque nuestras vidas valen más que sus ganancias.

Andrea D’Atri
Diputada porteña del PTS/Frente de Izquierda. Nació en Buenos Aires. Se especializó en Estudios de la Mujer, dedicándose a la docencia, la investigación y la comunicación. Es dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Con una reconocida militancia en el movimiento de mujeres, en 2003 fundó la agrupación Pan y Rosas de Argentina, que también tiene presencia en Chile, Brasil, México, Bolivia, Uruguay, Perú, Costa Rica, Venezuela, EE.UU., Estado Español, Francia, Alemania e Italia. Ha dictado conferencias y seminarios en América Latina y Europa. Es autora de Pan y Rosas. (…)