Publicamos en nuestra sección Tribuna Abierta, este artículo que recibimos, escrito por Manuel Aguilar Mora, historiador y militante trotskista mexicano.
Jueves 16 de abril de 2020
* Manuel Aguilar Mora es historiador y militante trotskista, integrante de la Liga de Unidad Socialista de México.
La pandemia del corona virus (Covid-19) que ha extendido una cuarentena de reclusión preventiva obligatoria a millones de personas desde China a América pasando por Europa representa una catástrofe, un terremoto social que está sacudiendo hasta sus cimientos a la humanidad.
Presidentes, ministros, dirigentes, líderes de todas actividades, hombres y mujeres de diferentes condiciones se confrontaron y siguen confrontándose ante un desafío que nos tomó a la abrumadora mayoría por sorpresa, mostrando en el caso de las autoridades un nivel de irresponsabilidad mayúsculo cuando ante sus ojos se desarrollaban y ellos subestimaban los signos evidentes del peligro macabro de la pandemia.
El Covid-19 ya ha matado a decenas de millares, infectando a centenas de millares, convirtiéndose en un peligro para la vida de millones de personas. Un verdadero cataclismo social que inevitablemente conduce a su comparación con los acontecimientos de dimensiones colosales como las guerras, ante todo las dos más grandes y mortíferas de la historia, las dos guerras mundiales del siglo pasado. Así lo ha hecho el Secretario general de la ONU António Guterres quien ha declarado que el Covid-19 “representa la crisis más difícil que enfrenta el mundo desde la segunda guerra mundial ”.
Es el capitalismo
Desde 2008 con motivo de la devastadora crisis financiera de Wall Street que azotó a toda la economía capitalista globalizada, sectores sociales, incluidos numerosos de mujeres y hombres trabajadores, vienen tomando una consciencia cada vez más profunda de que las causas de desastres como esa crisis tienen una matriz en el sistema capitalista que domina al planeta.
Esa consciencia anticapitalista desarrollada en dichos amplios sectores se ha venido fortaleciendo con los extraordinarios acontecimientos que se han desarrollado en la última década. Destacando dos movimientos masivos que han sacudido las consciencias de cada vez más personas en el mundo: el cambio climático, un desastre que atenta contra los fundamentos de la vida misma del planeta y las movilizaciones de las mujeres por su liberación y emancipación. Estos desarrollos histórico-mundiales son otros tantos procesos que erosionan sin remedio la ideología pro capitalista dominante.
Y ahora estamos ante la catástrofe del Covid-19 que se combina, profundizándola, con una depresión económica de gigantescas y horrendas consecuencias para los trabajadores y el pueblo pobre en el capitalismo: precariedad y desempleo, exacerbación de los conflictos entre países (rupturas en la Unión Europea entre los países ricos del norte, Holanda, Alemania, Austria y los pobres del sur, España, Italia, Grecia, Portugal), amenazas de guerra (como las de Trump contra Venezuela), miseria y desolación todo ello a escala masiva.
En esta situación que se agrava cada día que pasa cómo no preguntarse ¿será posible seguir viviendo bajo el infierno del capitalismo? ¿Será posible que la ideología dominante pueda seguir prevaleciendo considerando al capitalismo como un sistema invencible, permanente, sin alternativa? ¿Acaso no es por fin posible cuestionar la fórmula del filósofo marxista estadounidense Fredric Jameson que resumía crudamente la todopoderosa dominación capitalista con el dicho según el cual “hoy parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”?
No, lo que estamos viviendo hoy al inicio de la tercera década del siglo XXI es la evidencia de que sin el fin del capitalismo la humanidad y el planeta mismo están en peligro. La disyuntiva de socialismo o barbarie, se ha convertido hoy en la de socialismo (y llámese como sea a una sociedad que trascienda verdaderamente al capitalismo) o muerte.
Los liderazgos obtusos
Los liderazgos burgueses se han demostrado torpes, incapaces y sin preparación, desbordados por la crisis. No era para menos la mayoría de ellos en Italia, España, Alemania y por supuesto en Estados Unidos (EUA) están al servicio de las oligarquías financieras dominantes y no podían actuar sino como lo han hecho. Sistemas de salud pública desmantelados para dar oportunidades a los poderosos consorcios farmacéuticos y hospitalarios privatizadores que consideran que la salud es otro negocio más destinado a lucrar una ganancia. Los ejemplos se han visto en todas partes desde Washington cuando Trump despidió al equipo de médicos especializados en la investigación de epidemias para ahorrar en el presupuesto hasta el gobierno de China, que por cierto es el que mejor ha pasado la prueba, que sin embargo censuró y reprimió al primer médico chino que alertó del brote del Covid-19 en Wuhan.
¿Y qué decir de AMLO que inició su gobierno realizando cortes no con bisturí sino con hacha de los presupuestos del sector salud: despidos de personal, desabasto de medicamentos, etc. en “nombre de la lucha contra la corrupción” afectando negativamente al de por si abandonado sector salud representado ante todo por los ruinosos IMSS e ISSSTE?
En estos días EUA ya supera a China como el país con más contagiados y más muertos y su curva de la expansión del virus está lejos de aplanarse, sigue subiendo logarítmicamente. Allí la conducta contradictoria casi caricaturesca del presidente Trump ha puesto de manifiesto ante los ojos de los conciudadanos estadounidenses y de todo el mundo que el país que más gasta para tener el mejor y más caro armamento del mundo carece de cubrebocas, de ventiladores y del equipo apropiado para hacer frente al desafío mortal a la salud representado por el Covid-19. En México las carencias son también muy grandes lo cual aunado a la torpeza y contradicciones que mostró el gobierno de la 4T en su enfoque de la pandemia no augura nada bueno al desarrollo de la misma en el país.
En menos de diez días el desempleo en EUA subió de unos cuantos miles a tres millones y en México las cifras del desempleo son abrumadoras: a finales de marzo se calculaba en 250 mil la pérdida de empleos, sólo en el sector de la aereonáutica se contabilizan en cerca de 100 mil pérdidas de empleo. Ambos gobiernos el del vecino del norte y el de la 4T carecen de planes que enfrenten adecuadamente el tremendo desafío que es la depresión económica que bate todos los records y recuerda a la tremenda depresión capitalista de 1929, hasta hoy considerada la peor de la historia.
Todos los gobiernos tratan de salir adelante con medidas parciales, del todo sin medida ante el desastre que intentan paliar para no decir que resolver. Trump recurre a la inyección de millones y millones de dólares y a decisiones tomadas de día a día sin un plan de conjunto, apoyándose en las grandes empresas capitalistas que ven en la situación preciosas oportunidades para hacer negocios. AMLO por su parte públicamente pide a los capitalistas que “cooperen”, convocando “a todos los mexicanos a la unidad nacional” mil veces rota por el salvaje desarrollo del capitalismo. Ilusionando a sus seguidores con la promesas que los buenos capitalistas como por ejemplo “su amigo” Carlos Slim, el hombre más rico de México, quien supuestamente se portara muy bien con sus trabajadores y dará un buen ejemplo a sus colegas capitalistas en el esfuerzo por salir de la crisis. Es la actuación del encargado de cuidar al sistema dominante para impedir que sea desbordado por la ira popular.
Los trabajadores al rescate
En crisis como la que atravesamos en estos infaustos días del Covid-19 es cuando se gestan las más grandes transformaciones sociales y políticas sean de signo progresivo o regresivo. Son momentos en que surge a la superficie, desprovista de velos y disfraces, la verdadera radiografía de la sociedad, de sus fuerzas y contradicciones principales. Surgen los proyectos y las propuestas que estaban sometidos bajo la dictadura del establishment dominante. En la sociedad capitalista en crisis se presenta la gran oportunidad del protagonismo fundamental de los trabajadores (hombres y mujeres) como las encarnaciones de las únicas posibles y reales soluciones, las revolucionarias.
Precisamente en la primera línea de la lucha en la presente crisis está un destacamento fundamental de trabajadores, se trata del personal de trabajadores de la salud: los médicos, el personal de enfermería y todos los que los apoyan se enfrentan directamente al tsunami de pacientes de Covid-19 también junto con su población normal de pacientes. De España a Nueva York pasando por la Ciudad de México este personal trabaja en las condiciones más duras sin contar con el equipo médico adecuado o muy escaso, a veces incluso sin guantes, sin mascarillas, reutilizándolas cuando las tienen lo que en circunstancias normales no es indicado hacer de ninguna manera, corriendo el riesgo de contaminarse ellos mismos y a otros pacientes. Ellos son los que mejor saben cuáles, dónde y cómo se encuentran las necesidades de la salubridad pública. Ellos, por tanto, deben ser quienes controlen los hospitales y el sistema de salud en su totalidad. Son los mejor colocados para administrar y conocer las necesidades de quehacer de la salud pública. De esta forma se trascendería el mal manejo y la ineficacia de los gobiernos burgueses.
El control obrero, de los trabajadores. He aquí una demanda que la crisis va a plantear con más urgencia en la medida que se profundice. Los trabajadores de la salud están en acción permanente, depende de ellos en gran medida el éxito de la campaña para vencer al virus. Su ejemplar conducta, su heroísmo cotidiano que ya les ha costado que hayan tenido muchas bajas en su línea de choque en relación directa con la enfermedad en los diferentes países. Ellos constituyen hoy la vanguardia de los trabajadores.
Muchos factores que trabajan contra la pandemia lograrán finalmente dominarla pero en este momento es incierto el día en que esto suceda. Estamos en una situación de extrema volatilidad, además la cuarentena aisla e inmoviliza a millones de personas incluyendo a trabajadores. Pero la dialéctica social no se detiene. Los sectores que están trabajando comenzarán a entender la situación. En Estados Unidos han comenzado a estallar huelgas. Pronto lo harán en otros países.
La estrategia desde ahora deberá enfocarse a lograr conquistar la independencia política de los trabajadores en lucha contra las burocracias sindicales aliadas con los patrones y sus gobiernos, contra los partidos burgueses y por la construcción del partido revolucionario socialista, feminista e internacionalista que represente los intereses de los trabajadores. El deber de todos los socialistas revolucionarios conscientes de las tareas que exige la hora actual es agruparse bajo el programa de la revolución socialista y forjar el instrumento político organizativo que garantice la victoria contra el capitalismo.
La conmoción social planetaria del Covid-19 es un acontecimiento en efecto que está estremeciendo al mundo como lo hicieron antes las guerras mundiales. Aunque las muertes producidas están muy lejos de los más de 60 millones que murieron durante la segunda guerra mundial, las consecuencias sociopolíticas que se están produciendo simultáneamente prácticamente en todo el planeta representan un hecho colosal que significan, como lo hicieron antes las guerras mundiales, el inicio de una nueva época histórica revolucionaria de la humanidad.
Ciudad de México 3 de abril de 2020