Gonzalo es un joven que, como muchos y muchas, se vio atravesado y profundamente conmovido por el odio, la bronca y la tristeza que desatan los femicidios. Pero también comprendió de dónde viene y por qué se reproduce la violencia cotidiana que tiene como principales víctimas a las mujeres. En este poema dejó plasmado todo aquello que, como tantos otros, necesitó manifestar.
Martes 20 de octubre de 2015
Crecí.
Crecí con miedo, con asco.
Crecí con angustia, desgano e impotencia. Crecí viendo a mis hermanas siendo
constantemente agredidas verbalmente en la calle; amigas siendo manoseadas en boliches sin consentimiento alguno, gritando indignadas como respuesta a un sinfín de vulgaridades fuera de lugar, llorando desconsoladas y desgarradamente sin saber cómo actuar.
Crecí viendo la cosificación incesante de la mujer en todo tipo de medio de comunicación.
Crecí escuchando justificaciones ante una violación, bajo el fundamento de que la persona en cuestión "se lo estaba buscando", "no tendría que salir así vestida", "sabía muy bien con quién y dónde se metía".
Crecí escuchando a gente cercana afirmando cómo "X" era una “puta”, promiscua, un tiro al aire, por el mero hecho de mantener una vida sexual activa y libre. Al mismo tiempo que "Y" era una frígida y aburrida por optar por un estilo de vida contrapuesto.
Crecí escuchando a conocidos, amigos y familiares hombres perpetuando la violencia
sistemática y desproporcionada con plena naturalidad y ausencia de culpa.
Crecí viendo cómo cada 30 horas le arrebatan la vida a una más.
Crecí sin entender.
Sin entender por qué todas y cada una de ellas están expuestas a esta indomable sucesión
de episodios aberrantes, mientras ni yo ni ningún varón de mi circulo social cercano le tocó pasar por un hecho similar alguna vez.
Crecí con miedo, al darme cuenta de que todas mis conocidas son vulnerables, y que
cualquiera es susceptible a sufrir un acto así.
Crecí con asco, ante la posibilidad del despojo e ignorancia del carácter de ser humano de una persona.
Crecí con angustia, desgano e impotencia, al creerme incapaz de hacer algo al respecto.
Crecí desconociendo que existe un trasfondo en el cual se estructura una relación de
dominación y opresión desorbitante, la cual garantiza mi posición de privilegio dentro de la sociedad, basada simplemente en mi condición de varón cisgénero.
Crecí, y entendí.
Entendí que la negación e invisibilización es igual a complicidad en el marco de un sistemamachista y patriarcal que avanza sobre nosotrxs a paso recalcitrante, instaurándonos imposiciones sociales, las que se reproducen y cristalizan día a día a través de todo tipo deinstituciones que se encargan de legitimar la subyugación.
Entendí que el reconocimiento y la toma de conciencia son el primer paso hacia la lucha por el cambio.
Entendí que la disconformidad es esencial para el mismo.
Disconformarnos con el sistema, resistirnos a aceptar ser partícipes del hostigamiento.
Entendí la necesidad de ponernos de pie y emprender el camino afrontando la realidad que tenemos por delante, combatiendo contra cualquier forma de abuso que respalde y acentúe la vigente desigualdad que existe entre nosotrxs como miembros de la sociedad.