Las frases sugerentes e indolentes del ministro de salud han sido recurrentes durante este periodo de expansión del Coronavirus. Ahora se pliega al discurso misántropo que el problema es la "humanidad". Algo bastante conveniente de decir, frente a la crisis capitalista.
Lunes 6 de abril de 2020
Las frases sugerentes y delirantes por parte del ministro de salud, Jaime Mañalich, han sido un sello bastante marcado a cargo de la cartera. Y es en ese sentido que una declaración en entrevista para El Mercurio, se hizo notar, señalando que “somos el principal virus que afecta al planeta”. Esto al referirse a los importantes fenómenos que se han presentado en el planeta como los delfines en los canales de Venecia, o una disminución en el agujero de la capa de ozono cuestión también expresada por un sector de la población, pero que en esta caso parece bastante desesperanzadora proviniendo de un funcionario del gobierno.
No menos directo fue respecto a su futuro en la política, manifestando "Estoy completamente seguro de que no tengo ningún futuro político. Es mi decisión, no me interesa, no tengo voluntad de poder, que es un requisito fundamental para dedicarse a la política", lo que no es menos entendible, tomando en cuenta el gran malestar generado por gran parte de la población, tanto a su gestión, como al gobierno de Sebastián Piñera.
Y en el caso sobre los diálogos e nivel de la superestructura política, se muestra crítico explicando “No quiero hablar de culpas, pero creo que no se ha hecho una auténtica mesa de diálogo político, o un Congreso que esté hablando del futuro del país. Es un Congreso que responde a la coyuntura lo mejor que puede, pero uno no ve grandes líderes políticos que digan: ¿oye, y?, ¿qué vamos a hacer?”.
El problema no es la humanidad, el problema es el capitalismo
Sin embargo aunque Mañalich colinda con el sentido común misántropo del humano casi como una “plaga”, lo cierto es que no es en la humanidad donde radica el problema, sino en el sistema capitalista de explotación, opresión y destrucción sobre el planeta y los seres vivos. Sistema que por cierto defiende con uñas y dientes, avalando el desmantelamiento histórico sobre la salud pública, que hoy se traduce, en una limitada cantidad de test para detectar el COVID19, insuficiencia de camas frente a situaciones más críticas, y la ausencia de respiradores mecánicos, en situaciones que pudiese requerirse.
Las grandes catástrofes planetarias y humanitarias, como los megaincendios producto de la expansión de la industria forestal, el calentamiento global, o las precarias condiciones para enfrentar pandemias como la del Coronavirus, son expresión del capitalismo en sus diversas formas. Un sistema económico, político y social decadente que no tiene nada que entregar al pueblo trabajador, el principal expuesto al contagio y las consecuencias de la pandemia, teniendo que movilizarse a sus lugares de trabajo, o incluso sin poder solventar los gastos elementales para poder prevenirlo.
Es la clase trabajadora, junto a los profesionales de la salud, en coordinación con distintas comunidades y sectores populares, quienes pueden dar una respuesta estructural, a la miseria a la que nos arroja este maldito sistema de explotación y segregación que se extiende cada vez más, como se ha mostrado en zonas como La Araucanía y Ñuble.
Sólo por medio de la nacionalización y estatización de los recursos naturales y sanitarios bajo control de los trabajadores y trabajadoras, a la par de un impuesto a las grandes fortunas, se puede dar una respuesta integral frente a la pandemia. El gobierno nos hace creer que estamos condenados, pero la clase trabajadora tiene la respuesta, y es necesario organizarse, y exigir a la grandes centrales de trabajadores como la CUT llamen a un gran paro nacional frente a la negligencia del gobierno y su política antiobrera, y antipopular ¡Que la crisis la paguen los empresarios!¡Nuestras vidas valen más que sus ganancias!