Un extraño fenómeno sucedió durante el invierno en varias partes del mundo: floración de árboles y flores antes de tiempo. En la Ciudad de México, las jacarandas se adelantaron más de un mes. En Japón, en medio de olas de calor, los árboles de cerezo empezaron a florecer 10 días antes de lo que se pronosticaba
Jueves 21 de marzo de 2024

Aunque, para muchas personas que aman la primavera, noticias como estas podrían parecer buenas, en realidad son un síntoma de una crisis climática que no se ha atendido. En Estados Unidos se vivieron los tres meses invernales (diciembre 2023 a febrero 2024) más calientes desde que se tiene registro, con una temperatura media 3 ºC sobre el promedio. China rebotó entre temperaturas extremas (con diferencias de temperatura que casi alcanza los 100 °C). Por su parte, México registró temperaturas mayores a 30 grados (en ciertas partes superando los 40 grados) en más de la mitad del país.
Fuente: C3S/ECMWF.
A esto se le suma que el Servicio de Cambio Climático Copernicus (C3S) registró que febrero 2024 tuvo una temperatura 1.77 °C superior al promedio preindustrial. Cifra que se une a los últimos 12 meses que registraron temperaturas superiores 1.5 °C a la era preindustrial. Esto nos adelanta cinco años a las previsiones de los modelos de la IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), el cual esperaba este acontecimiento hasta después del año 2030. Al igual que supera el límite establecido en el acuerdo de París para evitar los mayores efectos del cambio climático, poniéndonos en camino de romper los 2 °C, temperatura límite para evitar un colapso, antes del fin de esta década.
Muchas veces, como el CEO de Exxon intentó a inicios de marzo, se culpa a un público abstracto o todas las personas en su individualidad de no frenar el cambio climático. Es culpa mía por no tener un coche eléctrico. Es culpa tuya de no comprar comida orgánica. Es culpa de las personas trabajadoras por no cuidar su huella de carbono (concepto que fue creado por British Petroleum para pasar la culpa de las compañías petroleras a los consumidores). Sin embargo, quedarnos en este sentimiento no nos permite darnos cuenta de que el calentamiento global y la destrucción ambiental es culpa de la clase capitalista y sus gobiernos.
Por un lado, tan sólo el ejército de Estados Unidos emite más CO2 que países enteros, como Portugal o Dinamarca. Por el otro, un tercio de todas las emisiones globales de CO2 son emitidas por 20 compañías (donde se encuentran las compañías petroleras que culpan a la mayoría de las personas mientras sobornan a los gobiernos para no pasar leyes climáticas: Aramco, Chevron, ExxonMobil, BP, Shell). Mientras tanto, el 1% más rico de la humanidad libera la misma cantidad de CO2 que el 66% más pobre. En otras palabras, las personas responsables por la gran mayoría del cambio climático son los burgueses en los países imperialistas, cuyas compañías son responsables de la destrucción ambiental en el resto del mundo que, como la deforestación para desarrollar la minería o agricultura, libera aún más CO2.
Noticias como estas nos pueden llenar de tristeza o impotencia por el futuro de nuestro planeta. Pero esto no significa que todo esté perdido. Incluso si ciertos cambios son inevitables y el trabajo es más difícil que antes, el cambio climático puede revertirse y sus efectos ser mitigados. Sin embargo, históricamente los gobiernos burgueses han fallado en lidiar con el calentamiento global. Esto no depende del partido burgués que esté en el poder por la simple razón de que todos los gobiernos capitalistas trabajan por los intereses de las empresas, como fue el fiasco del Inflation Reduction Act del presidente Biden en Estados Unidos (puesto que únicamente llevó a marcar tecnologías contaminantes como verdes).
No hay mejor ejemplo de esto que la crisis de escasez de agua que está sufriendo el Valle de México: el gobierno sigue permitiendo la extracción de agua por las empresas cerveceras y proyectos inmobiliarios, mientras que la mayoría de las personas sobre todo en los barrios y zonas populares, sufren cortes de agua. ¿Cómo es posible que las personas tengan que racionar su consumo de agua o juntarse para contratar pipas, mientras los campos de golf, que consumen 9700 litros diarios o los megaproyectos inmobiliarios que consumen 618 litros al día por departamento, siguen como si nada estuviera pasando? Es por esto que decimos que necesitamos una planificación desde abajo; de los trabajadores, de la juventud, de los pueblos originarios, de los desposeídos, para que la producción responda a las necesidades de las grandes mayorías y se mantenga en armonía con la naturaleza. ¡Si el capitalismo destruye el planeta, destruyamos el capitalismo