Benjamin escribió diversos textos en el que se diferencia de la concepción tradicional de la naturaleza. ¿Qué lecciones nos da para el presente? ¿Hay ecología en Benjamin?

Sergio Abraham Méndez Moissen México @SergioMoissens
Miércoles 21 de septiembre de 2016
Según el censo del elefante de la sabana africana en menos de 10 años fueron exterminados 30% producto de su tráfico ilegal. En China, según estudios, el comercio es completamente permitido y es motivo de discusión de la COP 17 en Sudáfrica a celebrarse este fin de semana. El deshielo de los polos, el calentamiento global, la desaparición próxima de especies animales (ahora se discute la desaparición de la abeja y su correlato en la vida humana) son noticias que confirman que el capitalismo está destruyendo el planeta.
En medio de una crisis económica de trasfondo histórico, el extermino del planeta y la privatización de los bienes comunes de la naturaleza son mecanismos para saciar la infinita sed de ganancias de los capitalistas.
Ninguna legislación podría cambiar esta vorágine de destrucción, sólo un cambio radical del modo de producción de la vida podría restablecer lo que Marx llamó el metabolismo universal de la naturaleza. Son muchos los documentos que pueden atraer la atención del pensamiento de Walter Benjamin y la naturaleza desde una visión anticapitalista. Nos dedicamos al análisis de dos textos: Calle dirección única y Las Tesis sobre el concepto de historia (en particular su tesis XI).
Marx y el metabolismo universal
Marx escribió en el Siglo XIX de lo que Bellamy Foster llamó “el metabolismo universal de la naturaleza” en el que el trabajo enajenado era una mediación entre la humanidad social y la naturaleza objetiva. Marx consideró en diversos textos que existe una fractura entre la sociedad y la naturaleza por medio de la sociedad productora de mercancías.
En los Manuscritos Económicos de 1844 Marx nos planteó que “el hombre vive de la naturaleza y eso quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el cual ha de mantenerse en proceso continuo para no morir el hombre como parte de la naturaleza” (Marx, 112: 2009). Desde el punto de vista comunista, la naturaleza no era una “cosa” al servicio de nuestro dominio y control. Más bien, existía un llamado de considerar la naturaleza como una relación que debía ser armoniosa y planificada.
Sin embargo, las lecturas reformistas del marxismo del siglo XX dieron algunas variantes de tipo positivista y fueron atraídas por ideas tecnocráticas y cientificistas, en el que la naturaleza era una fuente infinita de recursos. La socialdemocracia alemana fue la expresión más acabada de este tipo de socialismo durante el siglo XX. Eduard Bernstein, uno de los pensadores representativos de esta tendencia, consideró que el desarrollo de la ciencia y del conocimiento y control de la naturaleza acercaba al movimiento obrero al socialismo. A esta corriente se opusieron los bolcheviques al mando de Lenin y Trotsky. Ellos dirigieron una revolución en medio de la Primera Guerra Mundial que fue la "Primera Carnicería Imperialista" al tiempo que Lenin y Luxemburgo coincidieron en torno a que el imperialismo repartía los mercados de la periferia del mundo, despojando recursos naturales y apropiándose del territorio en beneficio de los países centrales.
Benjamin: aviso de incendio
Benjamin recurre al socialismo utópico para criticar el positivismo "marxista", no para volver a él, sino como un complemento de las ideas de Marx. En Las tesis sobre el concepto de historia Benjamin analiza la concepción de naturaleza del utopista Charles Fourier. Nos dice: “Entre ellos se encuentra un concepto de naturaleza que se aleja con aciagos presagios del que tenían las utopías socialistas anteriores a la revolución de 1848 (...) los fantaseos que tanto material han dado para escarnecer a un Fourier revelan un sentido sorprendentemente sano. Para Fourier, el trabajo social bien ordenado debería tener como consecuencia que cuatro lunas iluminen la noche terrestre, que el hielo se retire de los polos, que el agua del mar no sea más salada”. Los sueños de Fourier insistían que la naturaleza no era una mercancía, una cosa dispuesta e infinita para satisfacerse nuestras necesidades. Al contrario, la naturaleza debía ser redimida por medio de una relación armónica con lo social. Benjamin considera que la naturaleza debe ser redimida por al acto revolucionario pues el capitalismo tiene a su destrucción voraz, a su aniquilamiento. La revolución, además de ser un acontecimiento en contra de la historia, es un acto en defensa de la naturaleza.
En Dirección única sostiene que el problema de la revolución es el problema del tiempo de la destrucción del planeta y con él del hombre. La burguesía arrastra cuando, dirige la civilización, debido a la anarquía de la producción de mercancías, a un peligro de avasallamiento de la naturaleza. La idea de la revolución por lo tanto sólo no es si una clase vence o no sino la necesidad de detener a tiempo la catástrofe: se convierte en una urgencia de la civilización, la revolución es un acto que requiere prisa y del que no hay tiempo que perder. Dice Benjamin "El concepto de lucha de clases puede inducir a error. No se trata de una prueba de fuerza en la que decide la cuestión de quien gana o, quien pierde. No se trata ni de una pelea tras la la cual el vencedor le irá bien y mal al perdedor. Pensar así equivale encubrir románticamente los hechos. Pues la burguesía, venza o pierda en la lucha, se encuentra condenada a sucumbir debido a sus profundas contradicciones internas, que en el curso de su desarrollo se volverían mortales. La cuestión es tan sólo si sucumbirá por si misma o por la fuerza del proletariado. La respuesta final se decidirá si el desarrollo cultural de 3 mil años persistirá o llegará a su fin. La historia no conoce la mala infinitud que da la imagen de los dos eternos luchadores. El verdadero político sólo calcula los plazos. Y si la supresión de la burguesía no queda consumada en un instante ya casi calculable del desarrollo económico y técnico (la inflación y el empleo del gaso como arma anuncian su llegada. Hay que cortar la mecha antes de que la chispa llegue a encender la dinamita."
Benjamin está con Trotsky cuando analiza que la resolución de la crisis de la humanidad es la de la acción revolucionaria y de la lucha de clases y le asigna un papel determinante en el proletariado. Cuando Trotsky se refiere a que "La crisis de la humanidad, es la crisis de la dirección revolucionaria" se refería, además de la importancia de la construcción de una organización revolucionaria en que la humanidad está en una crisis civilizadora en la que sumerge el capitalismo. Coincide también con Rosa Luxemburgo en su frase de "socialismo o barbarie" y Benjamin sostendría la "revolución como freno de emergencia para detener la locomotora de la historia que nos dirige a la barbarie."