Una primera lectura política de las elecciones generales del 26 de junio es que sólo el PP ha ganado votos y escaños mientras que el viejo y el nuevo reformismo han perdido votos y escaños. Esto va a tener implicaciones sociopolíticas.

Antonio Liz Historiador, Madrid
Martes 28 de junio de 2016
Centrándonos en los partidos de ámbito estatal por ser los determinantes en la dinámica de gobernar el Estado del Régimen del 78, el PP obtuvo 137 escaños, 14 más que en las pasadas elecciones del 20 de diciembre del 2015. El PSOE ha obtenido 85 escaños, 5 menos que en las elecciones anteriores. Unidos Podemos mantiene los escaños, 71, pero pierde algo más de 1 millón de votos. Ciudadanos ha logrado 32 escaños, 8 menos que el 20 de diciembre. Todo esto con una participación del 69,83% del censo electoral, cuando en las pasadas elecciones fue del 73,20%. Un fenómeno social se mantiene inamovible entre las elecciones del pasado 20 de diciembre y estas, el partido más grande es el de la abstención: 10.435.955 de no votos.
Los casi 8 millones de votos que ha conseguido el PP, 7.906.185, han reforzado el papel de su líder y actual presidente del gobierno en funciones, Mariano Rajoy. Su llamada al “voto útil” en el campo de la derecha ha surtido efecto, tanto que le ha restado 8 escaños a Ciudadanos. Esta petición, más el miedo a Unidos Podemos y el brexit en el Reino Unido, han posicionado al electorado conservador con el partido del orden, dejando para más adelante la “regeneración” del PP.
El PSOE de Pedro Sánchez ha parado el “sorpasso” de Unidos Podemos que le vaticinaban las encuestas –que una vez más se muestran como herramientas políticas para incidir en la opinión de los votantes y no como análisis aproximados a lo que verdaderamente estos piensan. Parar el “sorpasso” es, sin duda, una buena noticia para el secretario general del PSOE –a lo que hay que añadir que su rival para la propia secretaría general, Susana Díaz, ha perdido las elecciones en Andalucía ante el PP. No obstante, perder votos y escaños debilita al PSOE como herramienta política del Régimen del 78. Ahora el PSOE no podrá intentar un “gobierno progresista-reformista” como pretendió el 20 de diciembre. Al contrario, ahora se verá abocado a dejar gobernar al PP. Ya algunos de sus barones lo están proponiendo abiertamente, como es el caso del presidente de Extremadura, y aunque Pedro Sánchez y su equipo ponen un rotundo no al PP en la escena mediática está claro que van a terminar posibilitando, de alguna manera, que el PP pueda formar gobierno. Así, aunque Pedro Sánchez se empeña en celebrar el fracaso del “sorpasso” y afirma que el PSOE es “la primera fuerza política de la izquierda”, no va a tener nada fácil liderar el PSOE.
Por otra parte, el PSOE es prisionero de su españolismo, porque de no tener la línea roja del no al referéndum en Cataluña a un hoy, con la actual aritmética parlamentaria, podría formar gobierno ya que PSOE+UnidosPodemos+ERC+CDC+Coalición Canaria darían 175 votos en el Congreso de los Diputados, a un voto de la mayoría absoluta, suficientes para que Pedro Sánchez fuera investido presidente, si no en la primera votación sí en la segunda. Así el no al “derecho a decidir” en Cataluña va a decidir que el PSOE no pueda formar gobierno. La cerrazón de los barones en “el derecho a decidir” le impide realmente al PSOE llegar a un acuerdo de consenso con los “separatistas” catalanes mientras que un nuevo gobierno de Rajoy consolidará el sentimiento separatista.
Unidos Podemos mantiene los 71 diputados que tenía en la Cámara Baja Podemos (con sus confluencias) e Izquierda Unida. Por la contra, pierde la friolera de 1.062.862 votos. Una auténtica catástrofe, pierde más votos que los que había sacado Izquierda Unida en las anteriores elecciones, 923.133. Está claro que Unidos Podemos no ha estimulado por izquierda a los votantes de IU y ha perdido votos por su propia derecha, entre los votantes que no están de acuerdo con IU. Unidos Podemos ha intentado contentar con sus contradictorios discursos políticos a una franja tan amplia que ha terminado por perder 1 millón de votos. Así, algunos de sus oradores defendían la “República” mientras otros defendían la “Patria”. Sus figuras más populares, empezando por el propio Pablo Iglesias, han pasado de no ser “ni de derechas ni de izquierdas” a ser “socialdemócratas”. Han pasado de criticar al PSOE como un partido de la “casta” a querer gobernar con él a toda costa. Este batiburrillo, esta incoherencia discursiva, más la rebaja continua de medidas programáticas básicas -ya se han olvidado del Proceso Constituyente y de auditar la Deuda, por ejemplo- ha llevado al hastío de una parte potencial de votantes.
El fracaso electoral de Unidos Podemos es un jarro de agua fría para las “ilusiones democráticas”, para el pensar social que acredita que desde las instituciones del Estado democrático (burgués) se pueden dar soluciones a las necesidades sociales sin movilizaciones ni huelgas generales. Ahora está por ver que va a hacer Unidos Podemos en el Congreso de los Diputados. Por lo pronto, hay que anotar que la derrota electoral debilita políticamente a Pablo Iglesias. Así, Pablo Iglesias no va a poder ser el líder indiscutible de Unidos Podemos, eso se ha terminado. No va a poder ejercer ninguna influencia sobre IU (donde Garzón será criticado), no va poder liderar a las confluencias (En Comú, Compromís y En Marea). Inclusive va a tener problemas en el propio Podemos, donde habrá una disputa con la parte influenciada por Errejón –oportunista pragmático por excelencia, votos y sólo votos.
La única forma de que repuntara políticamente Pablo Iglesias sería que recuperara un discurso más a la izquierda y que apoyara las movilizaciones sociales.
Ojo, si las 71 diputadas y diputados que ha obtenido Unidos Podemos fueran los portavoces de las luchas sociales podríamos decir que la alta burguesía española, la del Ibex 35, los jefes de los políticos del Régimen del 78, estaría verdaderamente asustada. 71 diputados y diputadas al servicio de las luchas de la clase trabajadora y de las movilizaciones populares sería un triunfo político enorme para la lucha por la República social. Desgraciadamente, nos tememos que este no es el papel que se otorgan las señorías de Unidos Podemos.
La “ilusión política” está tocada. Esta sería una buena noticia para la clase trabajadora, la mujer y la juventud, si viniese como producto de la comprobación por grandes sectores de masas de que el ejercicio parlamentario desligado de las luchas sociales lleva obligatoriamente al fracaso político, a las no conquistas de derechos laborales, sociales y políticos. Desafortunadamente, la “desilusión política” va a venir como un producto del pesimismo entre importantes sectores de las masas populares. No obstante, la propia realidad del sistema capitalista y de la propia UE traerá la necesidad de la movilización social para enfrentar los nuevos ajustes que la Troika tiene ya en la carpeta.
El nuevo reformismo ya ha demostrado en Grecia con Syriza que nada bueno puede esperar de él la clase trabajadora y el resto de los sectores populares. El viejo reformismo, ayer socialdemocracia hoy social-liberalismo, tampoco sirve como nos lo informa el Partido Socialista en Francia queriendo imponer la contrarreforma laboral. Ahora en el Estado español se ha demostrado que con incoherencia discursiva ni tan siquiera se puede conquistar la moqueta ministerial, no digamos ganar el cielo social por asalto. Para enfrentar la desilusión que genera el proceder del nuevo y el viejo reformismo y los ajustes que vienen de Bruselas y del FMI es imprescindible que la izquierda social abra un Frente de Izquierdas con un verdadero programa político para defender los derechos de la clase trabajadora y de todos los sectores populares y enfrentar el Régimen del 78 con la perspectiva de superarlo. Organizar un Frente de Izquierda con una política netamente anticapitalista y de clase es un camino más lento que una máquina electoral pero que arrastrará a buena parte de esos 10 millones que “pasan” de la política y, por lo tanto, más seguro porque cuando esté armada políticamente la clase trabajadora, cuando recupere su subjetividad y hegemonice a la mayoría social, su “ilusión política” será conquistar con sus propias manos un mundo sustentado en la justicia social y en la cultura política, la República social.