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REFUGIADOS UE. Crisis de la zona Schengen: Suecia y Dinamarca aumentan controles migratorios

Los últimos controles fronterizos impuestos en Suecia y Dinamarca para frenar la entrada de refugiados aumentan la presión sobre el espacio Schengen, cuestionado en los últimos meses por la aplicación de este tipo de medidas en un número creciente de países. El sueño de la “Europa sin fronteras” cada vez más al borde del abismo.

Martes 5 de enero de 2016

Vista de la señal de los ferries que se dirigen a Suecia y Dinamarca en el puerto de Rostock, Alemania. Foto: EFE/Bernd Wuestneck

La Comisión Europea (CE) comenzó el lunes a analizar la reintroducción temporal de controles por parte de Dinamarca en su frontera con Alemania, notificada el mismo día a Bruselas y que en principio está previsto que se aplique entre el 4 y el 14 de enero.

La portavoz comunitaria de Interior, Tove Ernst, dijo hoy en la rueda de prensa diaria de la institución que, "según un primer análisis, parece darse una situación cubierta por las normas" e indicó que la CE estudiará detenidamente los hechos y mantendrá informados tanto al Consejo como al Parlamento Europeo.

Recordó que la normativa que regula Schengen prevé la aplicación de ese tipo de controles con carácter excepcional, solo en casos de grave amenaza al orden público o a la seguridad interna.

Aunque la Comisión defiende con insistencia que Schengen es uno de los pilares básicos de la Unión Europea (UE) y asegura que su existencia no se cuestiona, la aplicación de controles fronterizos desde que comenzó la crisis de refugiados está cada vez más extendida en los Estados miembros.

Aparte de Suecia y Dinamarca, en estos momentos aplican estas medidas Austria, Alemania y Francia, así como Noruega, que no es miembro de la UE, pero sí del área de libre circulación de Schengen. Hasta la fecha, la CE ha dado el visto bueno a esos controles temporales en todos los casos.

El portavoz comunitario Margaritis Schinas anunció este martes que el comisario europeo de Migración e Interior, Dimitris Avramopoulos, se reunirá hoy en Bruselas con el titular sueco de Justicia e Inmigración, Morgan Johansson; la ministra danesa de Inmigración e Integración, Inger Støjberg, y el secretario de Estado parlamentario en el departamento de Interior alemán, Ole Schroeder.

La "reunión de coordinación" tendrá lugar tras la introducción de controles en Suecia y Dinamarca y tiene por objetivo "mejorar la coordinación entre los países afectados para asegurar una mejor gestión de la presión migratoria", añadió el portavoz.

La reintroducción por las autoridades danesas de inspecciones temporales se produjo después de que Suecia anunciase este domingo que comenzaría a aplicar controles de identidad fronterizos con Dinamarca para frenar la oleada de refugiados llegados a aquel país, el que más solicitantes de asilo per cápita recibe en la UE.

A continuación, Dinamarca anunció el restablecimiento de los controles fronterizos con Alemania, una decisión que el primer ministro danés, Lars Løkke Rasmussen, justificó por las consecuencias para la seguridad derivadas de la entrada en vigor de inspecciones de identidad limítrofes impuestos por Suecia.

Rasmussen alertó, además, de que los controles suecos podrían tener un efecto dominó en Dinamarca, que ha registrado desde finales de septiembre 13.000 solicitudes de asilo, casi tantas como todo el año pasado, aunque lejos de las casi 163.000 de Suecia.

Será la primera vez que las personas que viajen entre ambos países se someterán a esos controles desde finales de los años 50, cuando entró en vigor un acuerdo bilateral que eximía de mostrar el pasaporte.

La llamada “crisis migratoria” o “crisis de los refugiados”, el proceso de migración más importante desde la Segunda Guerra Mundial, retrata dramáticamente la decadencia del proyecto europeo y el cinismo de los gobiernos de la UE. La actual oleada de refugiados que por cientos de miles llegan a Europa escapando de la guerra, la destrucción y la miseria, es el resultado directo de las intervenciones imperialistas en la mayor parte de los países de Oriente Medio, Asia Central y África.

Ante esta situación, la reacción del conjunto de los gobiernos de la UE ha sido la de reforzar todas las políticas antiinmigración en las fronteras y al interior de los Estados, mientras las tendencias xenófobas y nacionalistas se fortalecen en todo el continente. Con el cuestionamiento del sistema Schengen desde todos los flancos, el sueño de la “Europa sin fronteras” se muestra cada vez más al borde del abismo.