En la facultad de Humanidades se realizó el cuarto encuentro del seminario de Feminismo y Marxismo, dictado por Andrea D’Atri y organizado por Pan y Rosas y la agrupación estudiantil Juventud a la Izquierda. Con la presencia de decenas de mujeres y jóvenes, se abordó en esta ocasión el desarrollo de la historia del movimiento de mujeres en los años ’70 y el postfeminismo.
Andrea Gutiérrez Concejala (MC) del PTS-FIT en San Salvador de Jujuy
Jueves 30 de junio de 2016
Con la presencia de jóvenes y mujeres, concluyó el Seminario de Feminismo y Marxismo que contó con 4 encuentros.Se trato de un debate sobre la concordancia o confrontacion de las Oleadas feministas con movimientos sociales y los procesos revolucionarios y de lucha que se abrieron desde el siglo XIX hasta nuestros dias.
Al iniciar Andrea D’Atri señaló que no puede entenderse el recorrido del movimiento feminista disociado de los procesos históricos y políticos en los que surgieron. “Las décadas del ’60 y ’70 se destacaron por pertenecer a una epoca que imprimió en cada movimiento y proceso social una perspectiva crítica y revolucionaria, que se expresó en el movimiento de lucha por las libertades democráticas, contra la guerra, en el movimiento estudiantil organizado y en los procesos de liberación nacional y las revoluciones.”
Estas luchas , que en las calles cuestionaban el orden establecido, se trasladaron al plano de la teoría y así fue surgiendo la segunda ola del feminismo, que tuvo dos corrientes principales: el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia.
A su vez, el creciente individualismo, la pretendida “desideologización del discurso político” y la fragmentación de la clase obrera que se abrió camino con la imposición del neoliberalismo, han sumergido ahan significado para el movimiento de mujeres un nuevo debate, que hace
El feminismo de la igualdad introduce el concepto de género, como una categoría de la feminidad y masculinidad, construida social, histórica y culturalmente con el fin de perpetuar una estructura y funcionamiento social opresivo; mientras el feminismo de la diferencia,aunque provenía de grupos más radicalizados, reducía la concepción de género a una categoría esencialista y planteaba como alternativa una “revalorización” de lo femenino.
En épocas donde los Estados, los gobiernos y organismos financieros internacionales tuvieron que plantearse una serie de políticas públicas, incorporaron la agenda feminista para mantener el control social.Ante este giro del régimen, el feminismo de la igualdad abandonó el cuestionamiento al capitalismo y guió su lucha hacia el mero reconocimiento del Estado,es decir, destinando al movimiento a la pelea por la ampliación de derechos, pero en los marcos del régimen capitalista. Por otro lado el feminismo de la diferencia que cuestionaba el plan de cooptación de las instituciones y el Estado hacia el feminismo, pero que desestimó la disputa política del movimiento, y apostó a la creación de una contracultura basada en nuevos valores, reduciendo la lucha a una imposición de la feminidad en ámbitos mayormente culturales.
El avance de la reacción social y política de la década de los ‘80 de la mano de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margareth Thatcher en el Reino Unido y la instauración del neoliberalismo no terminaron con la creciente violencia hacia las mujeres, y estas corrientes no pudieron hacerle frente. Así en la década de 1990 surgen nuevos cuestionamientos por parte de mujeres negras,indias y lesbianas y de los países periféricos o semicoloniales que cuestionaban al feminismo de la diferencia expresar “la idiosincrasia particular de las mujeres blancas, anglosajonas, heterosexuales, de clase media y países centrales.” A partir de este momento desde la diferencia sexual se abren paso variadas concepciones identitarias y se fracciona el movimiento de mujeres.Así el postfeminismo se instala, con su teoria performativa, planteando que “toda identidad es normativa y excluyente, porque en el mismo acto en que establece los límites que abarca –enunciando aquello que define– instituye lo excluido, lo abyecto.”
“Mientras el individualismo se imponía globalmente, de la mano de las políticas económicas que empujaba a millones a la desocupación, estableciendo la fragmentación y deslocalización de la clase trabajadora, el feminismo se alejaba cada vez más de un proyecto de emancipación social, replegándose en un discurso cada vez más solipsista, limitado a soliviantar a una élite que exigía su derecho a ser reconocida en su diversidad, tolerada e integrada en la cultura del consumo.”
Hoy la nueva crisis económica que atraviesa el mundo es el resultado de la impotencia del capitalismo para sobrevivir si no es a costa de mayores sufrimientos para las mujeres, jóvenes y trabajadores; nos lo demuestran los ataques que los gobiernos en todo el mundo asestan a las masas en defensa de los intereses de la burguesía; pero también las respuestas de organización que ensayan la juventud francesa y los trabajadores, o los jóvenes chilenos frente a estos ataques muestran que nos encontramos nuevamente ante un cambio de época que renueva el desafío, para el movimiento de mujeres, de recuperar las banderas de la transformación social, para conquistar su emancipación y el fin de toda opresión.
Con esta perspectiva se cerró el encuentro que además llamó a todas las participantes a organizarse bajo estas ideas con Pan y Rosas y la Juventud a la Izquierda, y preparar una gran delegación que participe del XXXI Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario.