Seis dirigentes del secretariado nacional (SN) de la CUP han dimitido. Explosiona la crisis que la CUP está incubando desde hace mucho tiempo.
Guillermo Ferrari Barcelona | @LLegui1968
Viernes 17 de junio de 2016
Mediante una carta pública, seis miembros de la máxima dirección cupaire (de un total de quince) anunciaron su dimisión. Esta renuncia se da poco después de que la CUP mantuviera la oposición a los presupuestos restrictivos presentados por el Govern y del anuncio del voto de confianza del President Puigdemont.
En la misiva reconocen la “tensa situación” que atraviesa la CUP. Continúan planteando “…que es necesario un cambio real en el funcionamiento de la organización…”. Los firmantes denuncian “… graves disfunciones democráticas que ponen en cuestión el modelo asambleario generando graves disfunciones democráticas…” y “…el aumento de actitudes sectarias y maquiavélicas” reflejadas tanto en el proceso de investidura como en relación a los presupuestos.
La formación anticapitalista ya había tenido fuertes discusiones internas en diciembre alrededor de la investidura quedando partida exactamente al medio. Nuevamente se dio una división similar alrededor de los presupuestos de la Generalitat. Y, ahora los enfrentamientos suceden sobre la moción de confianza.
Los dirigentes dimisionarios también denuncian que el actual Secretariado ha “… provocado peligrosas vacilaciones estratégicas…” puesto que “…los diferentes posicionamiento que han ido tomando nos alejan de la estrategia independentista…”. Si bien critican a Junts pel Sí, son partidarios de continuar negociando los presupuestos.
Estas renuncias se han producido a pocos días de una reunión decisiva en la cual se puede decidir la renovación del Secretariado. La lucha por la dirección de la CUP ha estallado públicamente. Las divisiones esbozadas en los meses previos prometen ahondarse y no se puede descartar que desemboque en divisiones. Como dicen los seis miembros dimisionarios del SN, con su renuncia esperan obligar a “…la Organización a escoger un nuevo SN…” y de ésta manera “… emprender urgentemente un cambio de rumbo…”
La crisis está servida. Por un lado, aquellos sectores de la CUP que buscan un claro “entendimiento” con Convergència y Junts pel Sí. Por el otro, aquel sector que desconfía de Artur Mas y Carles Puigdemont aunque ha sido parte de la política de “mano tendida” a la burguesía catalana.
La discusión de los presupuestos es una excelente ocasión para demostrar las verdaderas intenciones. Como decía la diputada Eulàlia Reguant en su discurso: “Un plan de choque de 285 millones de euros es una mofa en una sociedad que ha sufrido 5.300 millones en recortes des de 2010”. Y continuaba diciendo “Es una broma de muy mal gusto, hablar de los presupuestos más sociales de la historia…”.
Lamentablemente, no es una broma de mal gusto, es lo único que la burguesía se anima a repartir. Convergència es el líder de los recortes en Catalunya, campeona del neoliberalismo y por tanto, sus presupuestos no pueden ser más que miserables. Reguant denunció que las partidas sociales aprobadas en el presupuesto pasado aún no se han ejecutado en su totalidad.
Con los gestores de la miseria o contra ellos
Convergència, Esquerra Republicana y Junts pel Sí son los gestores del capitalismo catalán. Con el poder lo único que tratan es de defender los intereses de los grandes empresarios. Mientras recortan la sanidad pública, traspasan más dinero a las grandes empresas de la sanidad. Mientras recortan la educación pública, dan millones a los centros escolares de la Iglesia y del Opus Dei. Hablan de convocar un Referéndum pero el 9N hicieron uno como quiso el Tribunal Constitucional.
De lo que se trata no es de “dialogar” más con los recortadores. No es necesario alargar las negociaciones. Ni tampoco es esperable un plan de choque contra la pobreza por su parte. Los acuerdos del 9N fueron firmados para favorecer la investidura y usar una vez más el apoyo cedido por la dirección de la CUP.
Por el contrario, la discusión de los presupuestos muestra la verdadera cara y rol de Junts pel Sí. La CUP está en la encrucijada. Puede profundizar el camino de acuerdo con la burguesía, como pretenden los dirigentes de Poble Lliure o Poble Viu. Y, por supuesto, éste camino lleva a votar la confianza política a Puigdemont en setiembre.
O la CUP se puede poner al frente del rechazo social a los presupuestos con una gran campaña social de base movilizando a militantes y votantes. Una campaña que incluya el rechazo a Puigdemont en setiembre y plantee la lucha por un verdadero Referéndum de autodeterminación. En síntesis, un camino completamente independiente de la burguesía catalana. No se puede seguir con las medias tintas.