Con el fin de inducir el fenómeno del ‘Desierto Florido’ en la región de Atacama, el delegado presidencial propone gastar agua todo los años para así captar la atención de turistas e impulsar al rubro para dinamizar la economía
Martes 28 de septiembre de 2021
Ha habido alusiones previas respecto a la inutilidad del cargo de “delegado presidencial”, por ser una figura que obstruye muchas veces decisiones a nivel regional que van en contra del interés político al que pertenece. Ahora vemos otra faceta de su inoperancia, cuando el delegado presidencial de Atacama, Patricio Urquieta, propone implementar un sistema de regadío para tener todos los años un fenómeno naturalmente atípico, pero estéticamente muy atractivo, como es el ‘Desierto Florido’.
Con el fin de potenciar el turismo en la región, se busca hacer uso de un recurso extremadamente escaso en la zona, el agua, para generar artificialmente algo que ha sido producto de las precipitaciones acumuladas en cortos períodos de tiempo y cada vez a mayor altitud debido al cambio climático por el calentamiento global. La mala gestión hídrica a nivel nacional, no ha llevado a tomar conciencia por parte de los funcionarios del gobierno de Piñera sobre las prioridades en su uso y la importancia que tiene el saber administrar para asegurar el consumo humano en sectores sin agua potable y abastecidos con camiones aljibes.
¿Cuántas poblaciones han quedado ya sin este recurso debido al usufructo que hacen empresarios inescrupulosos de sus derechos de agua otorgados a perpetuidad por el estado? ¿Cuántas comunidades indígenas han debido transformar y adaptar sus estilos de vida y cosmovisión por la sobreexplotación que el sector privado hace de los recursos hídricos? La pregunta de a quién beneficia realmente este tipo de medidas debe ser ponderada y evaluada con rigurosidad, ya que las ideas “bien intencionadas” pueden generar efectos contraproducentes al no contar con una mirada centrada en la conservación ecológica de estos lugares.
Además, cambiar el ciclo de un evento natural para tener más flores y así presentar un ecosistema atrayente para extranjeros y capitalinos que visitan el desierto de Atacama, tiene repercusiones no sólo con respecto a seguir explotando el recurso hídrico con fines comerciales, si no que también con la generación de un impacto en la morfología del lugar. Los relieves y las alturas tienen cambios graduales en el tiempo dentro del desierto, su variación por fenómenos antropogénicos lleva a desequilibrios que alteran la biodiversidad, fauna y hasta el clima de la zona.
La afirmación realizada por el delegado respecto a que “podemos ver que tenemos un patrimonio biológico muy importante y único en el mundo (…) Entonces, nosotros lo que queremos hacer es que este patrimonio se exprese todos los años” demuestra un alto grado de hipocresía, ya que en lugares con patrimonios biológicos aún más importantes y con una función trascendental en los ecosistemas, el gobierno no ha puesto esfuerzo alguno para su conservación. En este sentido, se priorizan las iniciativas empresariales para generar productividad y explotación de los recursos que ahí se encuentran.
En última instancia, la idea de manipular y controlar la naturaleza al antojo, representa una visión e intención del capitalismo por superponerse a las condiciones dadas por el entorno natural, fabricando medidas que a la larga no hacen más que desequilibrar el medio ambiente y la sostenibilidad de los ecosistemas. Por ello, la gestión de un recurso tan elemental como el agua debiera estar en manos de los pobladores y trabajadores, haciendo un uso acorde a las necesidades a escala humana y no a especulaciones y fantasías concebidas por sectores neoliberales que buscan aprovecharse del poder para generar cambios en beneficio de ciertos sectores en desmedro de la mayoría.