La crisis socio-sanitaria desde su inicio ha desnudado la precariedad del sistema de Salud, el prebendalismo electoralista gubernamental, y la fragilidad en la economía familiar de la clase obrera y donde el sector llamado informal es uno de los más altos de la región, con una tasa del 62,3%.
Domingo 26 de abril de 2020
Foto: Los Tiempos
Si bien la demanda de presupuesto asignado para el sector salud ha sido una constante desde las bases, en este último periodo, desde el Gobierno de facto, no hay claridad sobre cómo se asignan los recursos a las supuestas compras y adquisición de insumos y materiales; más allá de concretar soluciones generan más interrogantes. Hoy en Página Siete publicaron una nota en la que señalan que hasta la fecha en el sistema estatal no hay rastros de compras de salud para enfrentar la crisis.
Bajo el telón de promesas de mayores recursos a la salud como la asignación del 10% de Presupuesto General del Estado (PGE) a este sector, hasta el día de hoy no se concreta. Es por ello que a más de un mes de haber ingresado en cuarentena y en momentos en que pareciera que recién empieza a subir la curva de contagios, las y los trabajadores de salud siguen sin contar con las condiciones básicas de bioseguridad para enfrentar la lucha contra esta pandemia y cada día ir al trabajo significa arriesgar sus vidas y la de sus familias. Es decir, quiénes hoy administran el Estado no garantizan las herramientas necesarias que protejan a la población contra el virus.
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Desde el inicio de la cuarentena, el sector Salud, el de limpieza urbana y el de las y los trabajadores de sectores esenciales de la ciudad y el campo son aquellos que están conteniendo a la población frente a la pandemia. Estos sectores también son los más precarizados y cuyo trabajo es invisibilizado; institucionalmente son violentados porque son puestos en peligro ya que hacen su trabajo sin ningún tipo de protección y en condiciones muy precarias. Debemos entender que estos trabajadores y trabajadoras son parte fundamental, y en estos momentos, la vanguardia de la clase trabajadora.
Mencionando al sector Salud específicamente, quienes están apostando su vida son las y los trabajadores de salud, quienes más allá de ser recordados como héroes y heroínas en medio de aplausos y lágrimas, precisan no temer que después de una jornada de trabajo sean portadores. Es por ello que una exigencia fundamental es que reciban el equipo de bioseguridad indispensable y que existan las condiciones físicas y normativas que garanticen su integridad como trabajadores. Es decir no solo dotarles de condiciones masivas de bioseguridad sino también que sean incorporados a la Ley General del Trabajo porque las amplias mayorías de trabajadores de este sector lo hacen en condiciones de inestabilidad laboral y sin tener acceso a derechos laborales básicos.
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Más allá de necesitar aplausos necesitan salir sanos y vivos de esta pandemia. Por lo que no es suficiente que el autondenominado Gobierno de transición les designe seguros, que aparte son bajos frente al descuido y "falta de seriedad" de no entregarles los implementos necesarios.
☝🏽El beneficio es para los médicos, enfermeras y todo el personal que trabaja en el Sistema Nacional de Salud.
Sé responsable, #QuédateEnCasa🏠
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— Min. de Comunicación (@mincombolivia) April 21, 2020
Las protestas generadas por trabajadores de salud en Montero a mediados de abril, replicadas de manera similar en el Hospital del Norte y así en otros nosocomios, argumentan escalofriantes verdades: desde la falta de insumos básicos de protección hasta la falta de bolsas para los muertos, pasando por la inexistente capacitación y protocolo de atención, trabajo, bioseguridad del personal y de acciones frente al virus.
En los testimonios dados se clarifican estas realidades que además de haber cobrado la vida de dos enfermeras, también se han infectado otras en distintas regiones del país, como el caso de Oruro donde 5 trabajadores de salud han dado positivo en las pruebas realizadas. En Cochabamba, una enfermera dio positivo y 16 de sus colegas están en cuarentena. Además de cobrar vidas está consumiendo la salud física, mental y emocional de quienes están a cargo de proteger la salud de la población.
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Las medidas de Áñez y su gabinete, en silencio y a voces, van demostrando que la defensa por el capital y los intereses de los empresarios y el mismo poder está por sobre la vida de la gente.
La banca privada no ha dejado de funcionar, exponiendo las vidas de los cajeros. Los trabajadores de limpieza urbana no han cesado su labor mencionando que sus implementos de bioseguridad son los mismos barbijos de tela. Los trabajadores de salud están ingresando en un colapso mental porque son encapsulados en ambulancias y transportes improvisados sin ningún tipo de recaudo desde que comienza su jornada. La falta de ética de la dirigencia sindical de algunas instituciones y la nula existencia en otros, se ve reflejada en la posición anti-trabajadores que también ha asumido la Central Obrera Boliviana (COB) desde hace mucho tiempo.
Es urgente que la indignación colectiva llegue antes que la muerte colectiva, las respuestas que existen frente a la pandemia si bien no presentan la cura, pueden crear mecanismos que le hagan frente. Las trabajadoras de salud en su mayoría son mujeres y van enfrentando a la crisis sanitaria con el corazón puesto en sus hogares y con el juramento hipocrático en la mente. Las demandas por test masivos pueden evitar que más mujeres como Disneysa y Fanny, las enfermeras fallecidas, incrementen las cifras. Que los trabajadores y las trabajadoras no vivan con la incertidumbre en una mano y con el hambre en la otra.