La Presidenta dio ayer su último discurso en la ONU, y lo aprovechó para defender su legado a meses de dejar el gobierno. La relación entre política y capital financiero, el Memorandum de entendimiento con Irán, la AMIA, y el caso Nisman, los ejes del discurso. También hubo elogios hacia el Papa Francisco. El reclamo por Malvinas, ausente.

Fernando Scolnik @FernandoScolnik
Martes 29 de septiembre de 2015
La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner dio ayer el último discurso de su gestión ante la Asamblea General de la ONU. En su alocución, de 40 minutos, hizo eje en la relación de la política con el capital financiero internacional, la relación con Irán, la AMIA y el caso Nisman. También hubo lugar para una reivindicación del Papa Francisco. De algún modo, sus palabras hicieron las veces de defensa de un legado, a escasos meses de dejar la presidencia.
Contra los fondos buitres, en defensa del “modelo”
"Las finanzas no pueden seguir manejando la política", fue una de las frases más salientes de la primera parte de su discurso, queriendo, a tono con el histórico relato kirchnerista tras la crisis de 2001, aparecer confrontativa con el capital financiero internacional y los fondos buitres.
En ese sentido, y en el marco del conflicto con los holdouts, celebró como un triunfo la aprobación por parte de la ONU de la iniciativa argentina de nueve principios para reestructurar deudas soberanas, entre los cuales destacó aquel que establece que si el 66% de los acreedores acepta la oferta del país deudor, automáticamente se aprueba el pago al total de los acreedores.
Según esta visión, acuerdos como el canje hecho en tiempos de Lavagna, que permitió fabulosos negocios a los acreedores (los “buitres buenos” que aceptaron el canje), serían la salida. Sin embargo, cabe señalar que estos principios no son más que un nuevo marco legal para los acreedores, que no pone en cuestión la deuda usurera e ilegal. En Argentina, aún sin haberles pagado (aún) a los fondos buitres, lejos del desendeudamiento tantas veces proclamado, en estos años el país pagó más de 200.000 millones de dólares, pero aún sigue debiendo otros 222.000 millones de dólares más, una pesada carga para la economía nacional.
Según Cristina, estos principios aprobados en la ONU son el “primer intento serio de razonabilidad y regulación al sector financiero”, y en esa tónica denunció el “hostigamiento” que sufrió la Argentina por parte de los fondos buitres con la “complicidad de cierto sector judicial” estadounidense, en referencia al juez Thomas Griessa.
Coronando estas definiciones y el balance de su legado económico, la Presidenta afirmó que “Argentina pudo reconstruir su economía y su sociedad cuando la política volvió a tomar el comando de la economía” el 25 de mayo de 2003, tras la crisis de 2001.
Sin embargo, relato y realidad se chocan en el fin de ciclo, cuando el agotamiento del modelo económico es algo evidente para muchos. A 12 años de iniciado el ciclo kirchnerista la dependencia del país frente al capital financiero internacional es una realidad. A la pesada carga de la deuda externa, ya señalada, cabe agregar que actualmente el 63% de las grandes empresas del país son de capital extranjero, y giraron 70 mil millones de dólares en la última década a sus casas matrices. A su vez, los recursos naturales estratégicos están en manos de empresas imperialistas como Chevron, Barrick Gold o las grandes cerealeras exportadoras.
Lejos del discurso de Cristina de ayer, el país está atado al capital financiero internacional, y los principales candidatos presidenciales se preparan para arreglar con los buitres para volver a los mercados internacionales y profundizar la entrega del país. Para los trabajadores, eso significa un plan de ajuste. El Frente de Izquierda llama a enfrentarlos, bajo un programa anticapitalista de expropiar a los expropiadores.
La relación con Irán y los giros pragmáticos de la política internacional
En otra parte clave de su discurso, Cristina Fernández cuestionó ayer el “doble estándar en materia diplomática”, al plantear que si Argentina es “cómplice” de Irán (por el Memorándum de entendimiento firmado con ese país por la causa AMIA), “qué es entonces” el presidente de Estados Unidos Barack Obama, cuyo gobierno llegó a un acuerdo nuclear con Teherán. Al mismo tiempo, denunció que el tema que le dedicó a este tópico en su mensaje es “mínimo al lado del que organizaciones pagadas por los fondos buitres han dedicado en este país a difamarnos como cómplices del régimen iraní”.
La Presidenta buscó así legitimar su política internacional y el Memorándum con Irán, mostrando los puntos de contacto de su política con los vaivenes de la política exterior estadounidense. Vale recordar que bajo la presidencia de Néstor Kirchner el tándem Nisman-Stiuso se formó para atribuir la responsabilidad del atentado a la AMIA a Irán a partir de pruebas falsas, acompañando las necesidades del entonces presidente George Bush y su “guerra antiterrorista”. Luego, el giro hacia el Memorándum con Irán se dio luego al compás de un giro de la política exterior norteamericana, que culminó con la firma del tratado nuclear con Teherán.
A pesar de esto, sobre la causa AMIA, Cristina sostuvo ayer que “mi gobierno, nuestro gobierno, va a seguir incansablemente buscando la verdad y la justicia (…) solicitamos la colaboración del país de quienes están acusados (Irán) y que este país, Estados Unidos, contribuya para que este ciudadano declare en nuestro país”.
Sobre “este ciudadano”, el ex hombre fuerte de la SIDE Jaime Stiuso, a quien no mencionó por su nombre, Cristina Fernández alertó que el “desplazamiento que ordené de sectores de inteligencia argentinos, por fuertes sospechas de entorpecer la investigación y oponerse a tomar declaración a los iraníes a fines del año pasado (…) son funcionarios que venían desde 1972 y pasaron por todas las dictaduras y los gobiernos, incluido el nuestro, y que hoy están radicados también aquí en EEUU. A pocos días de este desplazamiento, se produce la muerte del fiscal Nisman actuante en la causa AMIA (…) comienzan a aparecer datos reveladores y hasta estremecedores de vinculaciones con servicios secretos externos, con cuentas en el exterior, con vinculaciones de los fondos buitres, denunciados no por esta Presidenta, sino por la comunidad judía de mi país", aseveró.
Como bien dijo Cristina, Stiuso fue un hombre de inteligencia que, al igual que otros, fue parte de los servicios de inteligencia durante dictaduras, gobiernos radicales y peronistas…incluido todo el ciclo kirchnerista, hasta hace poco menos de un año. Si algo quedó al descubierto con la crisis Nisman y las internas en los servicios de inteligencia, es el funcionamiento de un régimen capitalista cuyo Estado “democrático” funciona con espías, jueces y fiscales que el pueblo no vota y hacen operaciones políticas, persiguen a luchadores y tienen vínculos con potencias imperialistas, como era el caso de Nisman (primero oficialista con los K, luego opositor) con Estados Unidos e Israel.
Elogios para Francisco
Otro de los giros pragmáticos de Cristina Fernández, se sabe, tiene que ver con su acercamiento con el Papa Francisco, dejando en el olvido sus viejos enfrentamientos con el por entonces Jorge Bergoglio, denunciado por su rol en la dictadura.
Lejos de aquellos tiempos, ayer la Presidenta elogió el “papel descollante” que tuvo Francisco en el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, que es un paso hacia la restauración capitalista en la isla. "También reconocemos al gobierno de Estados Unidos que finalmente ha abierto su cabeza y ha comprendido que las cosas no podían seguir así", dijo Cristina en referencia a la administración de Barack Obama.
El reclamo por Malvinas, ausente
Por último, algo que llamó la atención de distintos observadores es que por primera vez, la presidenta Cristina Fernández evitó ayer en su discurso ante la ONU hacer referencia al reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas.

Fernando Scolnik
Nacido en Buenos Aires allá por agosto de 1981. Sociólogo - UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001.