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Red Internacional
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Revisión salarial. ¿Cuánto gana un docente y cuánto debería ganar?

El presidente de la república anticipó un acuerdo con el SNTE para “incrementar los ingresos del magisterio en términos reales”, lo que genera expectativas pero también dudas de que esto se haga realidad, considerando los míseros aumentos salariales que ha tenido el gremio antes y durante el sexenio actual.

Miércoles 20 de abril de 2022

En la Ciudad de México, el sueldo base de un docente de preescolar o primaria con horario normal, o el de uno de secundaria con 19 horas por semana frente a grupo, es de $9,000 al mes, más prestaciones menos impuestos, lo que resulta en unos $10,000 libres.

Esto es mucho menos de lo que afirmó el presidente que ganamos en promedio las y los docentes (supuestamente $12,500) y también de lo necesario para cubrir la canasta básica mensual, alimentaria y no alimentaria, de una familia de cuatro integrantes, cuyo monto asciende a $12,800 ($3,200 por persona) suponiendo que no se tenga que pagar renta.

Lo que quiere decir que las y los docentes de preescolar y primaria, al igual que muchxs de secundaria, tenemos salarios que nos mantienen -junto a nuestras familias- en la pobreza, por lo que nos vemos obligadxs a buscar otro trabajo o fuente de ingresos en el tiempo que nos queda luego de la jornada escolar. Restándole tiempo al descanso, a la familia o a actividades para nuestro desarrollo personal.

Por supuesto, esto no es de ahora. Desde hace décadas, los gobiernos neoliberales impusieron los “topes salariales” para mantener la “mano de obra barata” y beneficiar con ello a los patrones, provocando una drástica caída del poder adquisitivo de los trabajadores, estimada en un 80%. (En el caso del magisterio y del sector público en general, los gobiernos federal y estatales fungen como patrón).

Es decir, al finalizar este periodo las y los trabajadores -entre ellxs, las y los docentes- solo podíamos adquirir una quinta parte (o menos) de los bienes y servicios para los que antes nuestro salario nos alcanzaba. Por ejemplo, según cifras oficiales, mientras que en 1982 con un salario mínimo se podían comprar 51 kg. de tortillas, al inicio del actual sexenio sólo alcanzaba para 5.8 kg.

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Desigualdad inducida

En el caso del magisterio, esta política fue “compensada” a partir de 1992 con un programa para fomentar la desigualdad salarial entre los docentes, llamado “carrera magisterial”. Programa que, como parte del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, pactó la entonces líder del SNTE, Elba Esther Gordillo, con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, con el supuesto fin de impulsar la “revaloración de la función social del magisterio”.

Para romper la unidad del magisterio -que venía de protagonizar en 1989 la llamada “primavera magisterial”- por su demanda histórica de mejora salarial, la “carrera magisterial” ponía a competir a los docentes entre sí, calificándolos según evaluaciones y otros criterios (como grados académicos, antigüedad y constancias presentadas), para determinar quiénes eran “merecedores” de tener un mejor ingreso, contraviniendo el principio de “a igual trabajo, igual salario” establecido en el artículo 123 constitucional.

Lo cual podía dar lugar a una diferencia de ingresos desde $2,500 hasta más de $21,000, dependiendo del nivel de la “carrera” que se alcanzara, entre dos docentes frente a grupo de preescolar o primaria con la misma jornada laboral y funciones.

Con el avance de la reforma educativa de Peña Nieto, la “carrera magisterial” fue sustituida por un “programa de estímulos” aún peor. Sin embargo, se retomó el mismo esquema con la llamada “promoción horizontal” del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (SICAMM), a partir de la reforma decretada en el 2019 por el gobierno de AMLO. La cual supuestamente iba a “cancelar” la reforma educativa neoliberal, pero conservó muchos de sus aspectos, como éste.

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De acuerdo con dicha “promoción”, los que concursan y son seleccionados pueden tener un ingreso mayor de entre el 35% y el 205%, con respecto a los que no lo son, dependiendo del nivel que alcancen. O entre el 41% y el 247% mayor en zonas marginadas no urbanas.

Esto ha fomentado la división y desigualdad entre los docentes, en perjuicio de los que tienen condiciones más desfavorables. Lo cual, además de desunirnos bajo criterios egoístas y “meritocráticos” contrarios al sentido social y colaborativo de nuestra labor, ha propiciado que, al no poder participar por múltiples razones en la “promoción” o no quedar seleccionados, la mayoría mantengamos salarios de miseria, cada vez más devaluados por la inflación.

¿Dónde quedó la “revaloración” del magisterio?

Durante su campaña por la presidencia, AMLO prometió (como otros hicieron antes), impulsar la “revaloración” del magisterio. Sin embargo, esta promesa no se reflejó hasta ahora en nuestro salarios... ni en ningún otro aspecto.

En el 2019, primer año del gobierno de la 4T, el incremento al sueldo base (tabular) pactado entre la SEP y el SNTE para el magisterio fue de 3.35%. Pero la inflación anual alcanzó el 3.64%. Esto quiere decir que, en términos reales, nuestro salario no aumentó sino que se devaluó en 0.29%.

Al año siguiente, el incremento fue del 3.4%, igual que la inflación. Es decir, tampoco hubo un aumento real. Pero el año pasado (2021), el incremento fue del 3.9%, mientras que la inflación alcanzó el 7.36%, por lo que nuestro salario se devaluó en 3.46%, más que el supuesto aumento del año anterior.

Es decir, el gobierno de la llamada “Cuarta Transformación” no ha significado para el magisterio en términos salariales (y, por lo tanto, en cuanto a nuestras condiciones de vida) nada muy distinto que los gobiernos neoliberales.

¿Qué podemos esperar de la próxima revisión salarial?

Como decimos al principio, el presidente anunció durante su conferencia matutina un acuerdo con el SNTE para “incrementar los ingresos del magisterio en términos reales”, anticipándose a la negociación salarial que cada año se da en el mes de mayo.

¿Qué podemos esperar de esta nueva promesa?

Posiblemente un aumento algo mayor que los anteriores. Pero para que sea “en términos reales” no sólo deberá superar la inflación anual, que en marzo se calculó en 7.45% y sumar el 3.75% que se perdió en los años anteriores del actual sexenio, sino que debería comenzar a revertir realmente la brutal caída del salario que se dio durante los sexenios neoliberales. Esto no puede limitarse a los incrementos al salario mínimo que sólo benefician a una porción reducida de la clase trabajadora.

De lo contrario, los docentes seguiremos viviendo en condiciones precarias o de plano en la miseria, mientras los grandes empresarios, como Carlos Slim o Ricardo Salinas, que se beneficiaron de las privatizaciones neoliberales y hoy son amigos del gobierno de la 4T, siguen incrementando sus fortunas.

En la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase pensamos que un aumento real y sustancial a nuestros salarios no vendrá de la “buena voluntad” de este gobierno ni de sus pactos con los burócratas traidores del SNTE, sino de la movilización unitaria y masiva de todo el magisterio nacional. Es necesario recuperar la tradición combativa de nuestro gremio, que se expresó en grandes gestas como la “primavera magisterial” de 1989.

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Escuela por escuela y sección por sección, necesitamos organizarnos desde abajo para luchar por ello, e imponerles a los dirigentes que se reclaman democráticos y combativos, pero mantienen confianza en el gobierno de la 4T, que rompan con su pasividad, abandonen el divisionismo y se pongan al frente de esta lucha.