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Red Internacional
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Comunidad de Madrid. Cuarentena en los barrios del sur de Madrid: una medida punitiva, clasista y estigmatizadora

Lo que ahora estamos viviendo, es la consecuencia histórica y lógica de unos problemas estructurales que desde bien atrás se vienen denunciando: abandono de las instituciones, vulnerabilidad de determinados distritos, desigualdad intermunicipal y marginación por parte del poder local, autonómico y estatal.

Viernes 18 de septiembre de 2020

Cinco y cinco de la tarde de un día lluvioso. Tras horas de espera, Isabel Díaz Ayuso anuncia las ultimas medidas en materia de restricciones: se prohíbe la entrada y salida en 37 zonas básicas en los municipios y distritos de: Fuenlabrada (Alicante, Cuzco y Francia), Humanes y Moraleja de en Medio, Parla (San Blas e Isabel II) , Getafe (Las Margaritas y Sánchez Morate), Alcobendas (Chopera y Miraflores), San Sebastián (Reyes Católicos), Carabanchel (Puerta Bonita, Vista Alegre y Guayaba), Usera (Almendrales, Las Calesas, Zofío, Orcasur y San Fermín), Villaverde (San Andrés, San Cristóbal, El Espinillo y Los Rosales), Villa de Vallecas, Puente de Vallecas (Entrevías, Martínez de la Riva, San Diego, Numancia, Peña Prieta, Pozo del Tío Raimundo, Ángela Uriarte, Alcalá de Guadaira y Federica Montseny) y Ciudad Lineal (Doctor Cirajas, Ghandi, Daroca y La Elipa), afectando a 850.000 habitantes

Estas limitaciones son de obligado cumplimiento para todas las vecinas de las áreas básicas afectadas a partir de las 00:00 del próximo lunes. Salvo motivos laborales, judiciales, sanitarios y de asistencia, educativos y de causa mayor queda prohibida la entrada y salida en estas zonas.

La movilidad dentro de estos espacios se limita, parques y jardines quedan cerrados, no así terrazas, comercios y casas de apuestas, aunque se limita el aforo al 50%. Se establece toque de queda a las 22h. Las reuniones quedan limitadas a 6 personas en toda la Comunidad de Madrid. En cuestiones de movilidad y transporte, vulnerabilidad económica, y densidad demográfica, no se ha anunciado ninguna mediada.

El estigma y la infantilización como sello de identidad de las medidas

El pasado martes (15 sept) Isabel Díaz ayuso achacaba el incremento de casos de COVID-19 al “modo de vida de la inmigración” y a las “formas de vida madrileñas” de los barrios y ciudades del sur.

Estos barrios señalados por la presidenta y estigmatizados por los medios de comunicación conservadores y no conservadores, muestran su indignación ante la campaña de acoso y criminalización de los vecinos de Villaverde, San Cristóbal, Los Rosales, Puente Vallecas, Ensanche de Vallecas, Orcasitas, Casco histórico Vallecas, El Poco, Carabanchel, Fuenlabrada, Parla…

Las vecinas se manifiestan hartos. Tras semanas de persecución mediática y moralista, y tras cribados masivos y arbitrarios, los vecinos ven como desde las instituciones y desde los poderes comunicativos se carga contra su condición determinada, su clase impuesta y su raza construida y estigmatizada.

Desde la presidencia se habla de “formas de vida” cuando se hace alusión a la precariedad, el hacinamiento, la pobreza, la falta de alternativas laborales “tele permutables”, etc. Lo que viene a demostrar que el ejecutivo madrileño entiende, desde una posición abiertamente neoliberal, que la responsabilidad y culpa de las condiciones precarias de los vecinos, recaen sobre los propios vecinos.

Lo que ahora estamos viviendo, es la consecuencia histórica y lógica de unos problemas estructurales que desde bien atrás se vienen denunciando: abandono de las instituciones, vulnerabilidad de determinados distritos, desigualdad intermunicipal y marginación por parte del poder local, autonómico y estatal.

La irresponsabilidad de algunos está presente en estos distritos como lo está en la mayoría de los barrios y municipios del llamado Reino de España. Lo que no está presente en todos los barrios, pueblos y ciudades, y en la mayoría de las zonas básicas confinadas sí, son una serie de factores socioeconómicos que aumentan la probabilidad de exposición, y por consecuencia de contagio con el COVID-19.

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Estos factores son amplios y variados, pero importantes y determinantes a la hora de estudiar las medidas “serológicas” a emprender. Ya que de nada nos sirve confinar, si los factores y detonantes del contagio quedan intactos. Sin querer sonar irónico ¿de qué nos sirve no ir al parque por la tarde con nuestra unidad familiar, si por la mañana y al medio día nos vemos obligados a montar en un vagón atestado de personas? Es más ¿de qué nos sirve cambiar una mesa de merendero por una mesa de bar?

La primera de las cuestiones nos muestra una realidad implícita que en esta pandemia sale débilmente a la luz, la clase obrera, es reducida, analizada y vista como simple y pura fuerza de trabajo. Es decir, con el pretexto de la salud, se limita la vida al trabajo, y el ocio, se anula o se restringe al hogar, un hogar, donde cabria recordar, que apenas hay espacio para vivir.

Es cierto, que, si se tiene capacidad económica, es decir, suerte, porque eso de la tecnocracia es evidente que es una patraña, se pude uno o una bajar al bar a tomar unas cañas o a apostar un poco. Pero en tanto ocio no consumista y no mercantilizado, nada, pues recordemos que los parques y zonas verdes quedan clausuradas.

Aquí está la respuesta a la segunda de las cuestiones planteadas ¿de qué nos sirve cambiar una mesa de merendero por una mesa de bar? La solución, nos da una pista sobre en que dirección se están tomando las medidas. El contagio al aire libre es mucho menor, que, en espacios cerrados, sin embargo, podemos ir seis a comer a un bar, y no podemos ir seis a comer al parque.

En un primer momento, si lo analizamos a nivel sanitario, suena contradictorio, e incluso me aventuraría a decir que contraproducente, sin embargo, si incluimos la variable económica, la ecuación nos cuadra perfectamente. No parece ser ningún secreto que el objetivo a salvaguardar y defender no es la vida, no es la dignidad, sino que es la economía.

Esto provoca por tanto que opciones ociosas no mercantilizadas queden prohibidas y estigmatizadas, mientras que el ocio mercantilizado, si bien queda gravemente afectado, continúa siendo apoyado públicamente. Con esto no llamo a cerrar los bares, nada más lejos, sino a ser consientes del discurso que jerarquiza estos tipos de ocio, y que en consecuencia jerarquiza y diferencia a sus respectivos púbicos, los cuales por condiciones económicas se ven avocados a uno u otro tipo de ocio. Aquí no hay libertad señor Aguado.

Pero regresando a la cuestión de las mediadas, es normal que las vecinas de los barrios y municipios afectados cataloguen de arbitrarias las restricciones anunciadas. Si los factores que explican una mayor incidencia siguen intactos, de nada, sirve el confinamiento, acaso, eso sí, que no sea esta una medida punitiva y estigmatizadora.

Las medias suenan a un “la responsabilidad es tuya”, propio de las ideas liberales, y nada dicen de los factores ya mencionados: hacinamiento, vulnerabilidad, transporte público, ausencia de protocolos…

Aunque también es verdad, que siempre es más fácil echarle la culpa a la víctima, y decir aquello de “es que, lo ibas buscando”.