Con cifras de positividad alarmantes se vuelve a la Fase 1 en el AMBA. Preocupación entre especialistas y debilidades de la nueva política del Gobierno. Es necesario escalar el testeo, para lo que urge declarar de utilidad pública los laboratorios.

Lihuen Eugenia Antonelli @lihuiliyo
Miércoles 1ro de julio de 2020 10:31
Foto Alejandro Santa Cruz | Télam
Hace veinte días, cuando los casos diarios de Covid-19 rondaban los 1.100/1.200 diarios, Alberto Fernández anunciaba por radio que evaluaban volver a fase 1 en el AMBA. Eso se concreta recién el 1° de julio, con más de 2.200 casos diarios y niveles de positividad del 35 % que indican que el número de contagios sería mucho mayor.
Además, como se dijo acá hace casi un mes, siguen faltando medidas urgentes para hacer frente a la pandemia.
Algunos investigadores y especialistas comienzan a señalar algunas diferencias en cuanto a la estrategia del Gobierno, centralmente frente a la política del rastreo de contactos. Dicen que es necesario rastrear más para poder cortar con la cadena de contagios.
Sin embargo, el “rastreo” propuesto por el gobernador bonaerense Axel Kicillof sería una llamada telefónica a los contactos estrechos para "mantenerlos informados, dar seguimiento a sus síntomas, pero, sobretodo, para pedirles que se cuiden y cuiden a los demás, porque pueden ser ellos, sin saberlo, pacientes con Covid-19".
Parece un chiste de mal gusto, sobre todo considerando la situación de vulnerabilidad y emergencia habitacional de la provincia y del aumento de los brotes que se registran en las fábricas.
⚠️ ¿Los bombones son esenciales? ¿Y las vidas no?
Paro en #Felfort porque tras varios casos de #COVID__19 se niega a aplicar el protocolo.#LasVidasTrabajadorasImportan https://t.co/7dGZndkgyG pic.twitter.com/nbCpZpXDRY
— La Izquierda Diario (@izquierdadiario) June 24, 2020
Sin dudas el aislamiento de 14 a 21 días es fundamental para cortar con la cadena de contagios. Pero lo que no explica el gobernador es por qué esa llamada telefónica no se realiza a las patronales que se niegan a dar esa licencia ante casos de Covid-19 en los lugares de trabajo.
El intento de pasar el contagio como responsabilidad individual esconde la verdadera responsabilidad y connivencia entre patronales y Gobierno, por habilitar actividades “esenciales” con protocolos de prevención y acción insuficientes.
Las fábricas empiezan a ser claros focos de contagio, donde la definición de contacto estrecho merece ser ampliada, así como se consideran ampliaciones para barrios vulnerables, transporte, etc. Las trabajadoras y los trabajadores necesitan formar comisiones de seguridad e higiene, independientes de la patronal, con plenas facultades para defender su derecho a no enfermar ni contagiar a sus familias.
Por otro lado, este método de rastreo no contempla las condiciones estructurales de miles de familias, que no cuentan con condiciones dignas para cumplir el aislamiento. Pero ya vimos que en estos casos la “solución” parece ser la militarización.
Por el contrario, es necesario disponer de forma urgente de todos los hoteles y viviendas ociosas, mientras se resuelve estructuralmente la situación de las villas con un plan de viviendas financiado con impuestos a las grandes fortunas. Y asegurar, por la misma vía, un salario de cuarentena de $ 30.000 para todas las personas sin empleo o en situación de informalidad.
"Esta situación se podría haber evitado si me hubieran testeado el primer día por considerarme caso sospechoso. El virus no se habría propagado de este modo, amenazando a toda mi familia y poniendo en peligro a tantas personas". pic.twitter.com/XIZl2zcMMO
— La Garganta Poderosa (@gargantapodero) June 29, 2020
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Si al comienzo de la epidemia en Argentina la cuarentena era presentada como la panacea para “aplanar la curva” y “ganar tiempo” para no saturar el sistema de salud, en el contexto actual el rastreo parecería ser la nueva solución a todos nuestros males.
Por supuesto que estas medidas son necesarias, y por eso la exigencia en los lugares de trabajo para que se respeten. El problema es cuando se muestran como lo único que se puede hacer y son, desde todo punto de vista, insuficientes.
Además de las consideraciones señaladas anteriormente, el rastreo y el aislamiento debe acompañarse de testeo, o sigue siendo una estrategia a medias.
El testeo puede tener varias utilidades. Es decir, se puede testear con diferentes propósitos y se usan diferentes tipos de test. En principio los test moleculares (PCR o los nuevos "rápidos" que utilizan el método LAMP) se utilizan para diagnóstico ante un caso sospechoso (que por definición del Ministerio de Salud tiene que presentar algún cuadro sintomático) y para confirmar que el paciente puede ser dado de alta una vez que ya cursó la enfermedad y no hay rastro del virus, caso en el cual se requieren dos resultados negativos con un intervalo de 24 horas.
También se pueden utilizar testeos para estudios epidemiológicos, como los que se realizan en las terminales de Constitución u Once con test serológicos (como el CovidAr) aleatorios. Con este procedimiento, la periodista Valeria Román (en un artículo de Infobae del 25 de junio) observó una prevalencia de 3,2 % para anticuerpos de SARS-Cov-2 frente al 0,4 % de los testeos de abril y mayo.
Y se están estudiando protocolos de testeos moleculares agrupados (en pool) para vigilancia epidemiológica, que servirían para testeos periódicos del personal de salud y esenciales, entre otros.
Por último, otra función muy importante de los test moleculares es su utilización para rastreo. Testear a todos los contactos estrechos (aún cuando no tengan síntomas) de un caso positivo permite encontrar rápidamente nuevos casos positivos y continuar con un nuevo círculo de rastreo de contactos.
En este caso, un resultado negativo en un contacto estrecho no cambia la necesidad de aislamiento de 14 a 21 días (ya que si la carga viral es baja se puede obtener un falso negativo), pero este testeo permite profundizar la búsqueda y cortar la cadena de contagio antes de que se siga propagando.
La estrategia de aislar sin testear, es el equivalente a esperar que sucedan los incendios para apagarlos. Es decir, si ante un caso confirmado aislamos a todos sus contactos, evitamos la propagación del virus, pero fracasamos en reconstruir de manera eficaz la ruta de transmisión.
El fracaso de esta reconstrucción se evidencia en la proporción cada vez mayor de casos comunitarios, es decir, donde no se pudo establecer de forma clara el nexo epidemiológico. Además, el testear solamente a aquellos que presentan síntomas desconoce que gran parte de la transmisión del virus (cerca de un 45 %) ocurre antes de la aparición de síntomas.
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Desde el principio, desde este diario y desde el Frente de Izquierda Unidad propusimos el “testeo masivo” como una política de testeo amplia, en la que se considere como caso sospechoso no solo a quienes presentan síntomas, sino también a todos los contactos estrechos de casos positivos y a quienes se encuentran en zonas con brotes.
Es decir, proponíamos la utilización de test moleculares no solo con el primer propósito de diagnóstico sino también con el de rastreo, y de hecho, algunas provincias implementaron un testeo más exhaustivo que el del AMBA, incluyendo a casos asintomáticos. Sin embargo, esta consigna sigue siendo tergiversada y ridiculizada, pero los motivos están lejos de ser “científicos”.
Tener una política de testeo amplia implica escalar aún más la capacidad de testeo actual, y para esto es ineludible disponer de todos los recursos que existen en el país, es decir declarar a los laboratorios privados de utilidad pública, junto con los nuevos test moleculares rápidos (Neokit, ELA Chemtest), que fueron financiados estatalmente y desarrollados por investigadores de universidades públicas pero cuya producción está en manos de las empresas privadas Laboratorio Cassará y Chemtest-PBL, respectivamente.
Este último laboratorio ya está produciendo para vender privados, justo cuando la demanda pública es más acuciante.
Además, implicaría capacitaciones y empleo a los profesionales que desde el primer momento se ofrecieron para colaborar contra la pandemia. Pero estas no parecen ser las prioridades del gobierno, y algunas políticas contra el Covid-19 dejan de ser necesarias cuando se cruzan con algún interés privado.
Cualquier estrategia que se proponga combatir seriamente la pandemia requiere medidas que afecten los intereses capitalistas, las ganancias de quienes nunca pierden. Las opciones son claras y contrapuestas: o una política epidemiológica encerrada en los presupuestos mercantiles que nos trajeron hasta acá, u otra política que se proponga disponer de todos los recursos para enfrentar esta crisis.

Lihuen Eugenia Antonelli
Redacción Ciencia y Ambiente | @lihuiliyo